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Baja participación política, ¿valoramos la democracia?

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por @patyleiva

La nueva temporada de Chelsea lleva 3 buenos capítulos al aire y han estado muy buenos, bien cargados a la crítica sostenida al gobierno de Trump, indagando en áreas políticas y sociales con el tono de comedia que caracteriza al show y de maneras creativas, accesibles –Chelsea tiene cero miedo a decir que no sabe y preguntar– e interesantes. En el mismo episodio en que invitó a Charlize Theron y se cagaron de la risa, mostró su visita a París, donde fue a conversar sobre las elecciones presidenciales con partidarios y detractores de la candidata presidencial ultraderechista Marine Le Pen para compararla con Donald Trump. En el mismo viaje tuvo una conversación con la historiadora y analista política Nicole Bacharan, quien hizo una observación que me pareció muy iluminadora:

“Uno de los motivos por el que creo que la gente vota a Trump o a Le Pen, más allá de la economía y la globalización, es que creo que no hicimos un buen trabajo a la hora de enseñar nuestros valores democráticos. Si hablas con gente joven, te dirán: “Puede que vote a Le Pen” o “No me molesta a quién elijan”. No creen que darle el poder a un partido autoritario cambiará su forma de vida. No lo valoran. No se dan cuenta que ir al cine, vestirte como quieras, escuchar la música que te guste, viajar como quieras y decir lo que quieras con tus amigos en un restaurante, también forma parte de la democracia. Creo que no se le da a la democracia el valor que merece.”

En estas palabras sintetizó una importante posible explicación al “no estoy ni ahí” de los no votantes en las elecciones. ¿Creen ustedes que esa es una de las razones? A mi me parece bien lógico. Lo obvio es que en Chile, un país que ha vivido la tiranía de un golpe de estado, sean los que vivieron la dictadura y sus consecuencias quienes más aprecien la democracia porque saben lo que es no tenerla; mientras que los más jóvenes suelen ser los que le resten relevancia. Me pareció una buena manera de enfocarlo para integrar a los desinteresados, haciéndoles ver que, en el fondo –y no tan en el fondo–, sus vidas (y estilo de vida) dependen de ella, de la democracia. Quizás eso les haga sentido.

Es más posible que los que nunca han carecido de libertad –o no han tenido personas cercanas que les hayan compartido su experiencia–, no logren imaginar lo que es no poder hacer cosas que les gustan, tan simples como ir al cine después de la pega, o carretear hasta la hora que les de la gana o leer cualquier libro. Por eso y muchas cosas más, partiendo por los derechos básicos de humanidad, es que las decisiones políticas no son sólo de los políticos, son de los que los elegimos y les damos poder. Procurar la democracia no puede ser un asunto que nos de lo mismo. Nunca.

Después de las elecciones que vivimos en octubre pasado, un artículo de 24 horas postuló algunas explicaciones sobre los altos niveles de abstención, además de dividir en 3 grupos los factores que definen a los no votantes: la edad (los menores de 40 años votan menos), el nivel socio-económico (mientras más alto, mayor participación) y el número de candidatos (mientras más concejales postulen, más gente vota, más aún si postula el candidato en ejercicio).

El desencanto es en gran parte responsabilidad de los mismos políticos, la corrupción y la escasa oferta de candidatos que representen a los potenciales votantes, pero se vuelve un círculo vicioso, ya que mientas menor sea el interés por ser parte de ese mundo, menor será la cantidad de nuevos interesados en convertirse en una nueva alternativa.

Igual, las elecciones francesas que se están realizando hoy en su primera vuelta (para pasar a una segunda vuelta el 7 de mayo) tuvieron una participación del 70%, lo que deja una abstención del 30%, la menor en 40 años. Hasta ahora, con un 90% de votos escrutados, el socioliberal Emmanuel Macron obtiene el 23,5 por ciento de los votos superando a Le Pen que tiene un 22,08% (fuente cooperativa.cl).

La última elección presidencial en Chile (2013) tuvo una abstención del 59%, y en las municipales (2016) fue de un 66%.

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