parques de diversiones
por lucy

Hace más de 10 años me di cuenta de que no disfrutaba los parques de diversiones. No lo pasaba bien con el vértigo de un juego como el Boomerang de Fantasilandia, ni menos con el zamarreo del tagadá playero de un lugar como Tongoy.

Mi decisión de no ir más a parques de diversiones iba de lo más bien, hasta que mis sobrinas empezaron a cumplir años y tuve que enfrentarme a algo que ya derechamente se había convertido en miedos de adulta.

Los primeros juegos a los que me subí después de más de una década me dieron un poco de terror; yo era la única persona muy agarrada con mis manos en una montaña rusa enana, mientras los niños de 10 años -con suerte, varios eran más chicos- subían los brazos y gritaban de felicidad.

Pero después de varios intentos fui superando el temor, logré soltarme un poco, reírme -nerviosamente, pero reír sinceramente- y terminé disfrutando varios de los juegos a los que me subí.

Sigo teniendo aversión a los parques de diversiones (sobre todo a los playeros, que me imagino que en cualquier momento se desarman y uno sale volando, y donde los chiquillos que los manejan son unos sádicos que gozan haciéndote sufrir) y probablemente no organice ni participe en un paseo de amigos adultos a Fantasilandia ni Disney.

Pero me sentí orgullosa de lograr enfrentar un temor -por ridículo o infantil que fuera- y llegar a sentir algo parecido a la felicidad que sienten los amantes de estos lugares al lanzarme por un tobogán.

Foto: @carodu

4 COMENTARIOS

  1. yo tengo 40 y llevamos dos años juntando plata para llevar a la prole a Disney, debo decir que las más entusiasmada soy yo, me voy a subir a TODO.
    Tu relato me hizo recordar cuando era chica y nos tuvimos que ir de Fantasilandia porque mi mamá se subió a un juego y salió con vértigo, fue la ultima vez que nos llevó.

  2. Yo soy re mala para esos juegos. De chica me daban pánico, pero igual me subía. Ahora grande fui a Fantasilandia con mi marido que nunca había ido y la pasé horrible, pensé que me iba a morir en todos, incluso en las tacitas. No son para mí.

    Yo salía verde o blanca y veía a los niños felices haciendo la fila de nuevo. Ídolos.

  3. fui a los 30 con una de mis mejores amigas a Disney y lo pasamos increíble; caminamos kilómetros si cansarnos, no tuvimos la ansiedad de los niños de querer comprar todo lo que veíamos, si una se taimaba la otra se burlaba de ella y listo, nos subimos a todos los juegos, no nos preocupabamos por los horarios de las comidas (en realidad por horarios de nada). Para mi fue lejos lo mejor!!!

  4. Si tuviera plata repetiría el tagadá hasta cansarme (o que se desarme la hueá, como pasó el otro día en la Ligua). pero mis amigos no apañan a estas cosas, “carrete sin copete no es” me dicen 🙁

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