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por Catalina Ponce Arqueros*

Hace mucho tiempo me ronda en la cabeza escribir algo sobre la labor de ser madre, pero no quería caer en clichés, frases hechas, tips de cómo hacer dormir a tu guagua, tampoco lapidar a las que trabajan o las que no y menos hacer una apología sobre apego o lactancia.

Pienso, a 3 años de ser madre, que tanta información, decálogo o artículo experto solo nos aumenta la angustia, desesperación y nos pone exigencias que simplemente no tenemos por qué cumplir. Pero lo que me ronda en la cabeza hace mucho tiempo, más que la forma de criar a nuestros hijos, es la creencia de que a nuestra generación de mujeres no nos criaron para ser madres, que de alguna manera la sociedad, nuestros padres, nuestros colegio guiaron nuestro desarrollo renegando el hecho de tener hijos.

Primero que todo, debo declarar que esta es una reflexión propia que, claramente, no abarca a toda nuestra generación, pero sí a muchas amigas cercanas y conocidas. Mi teoría de que no nos criaron para ser madres no se basa en tratar de echarle la culpa a alguien, sino más bien entender qué es lo que está pasando en la nueva generación de madres que colapsamos (me incluyo), angustiamos terriblemente, intentamos ser súper mamás de libro, de blog de crianza, pero al mismo tiempo lo único que añoramos es nuestra vida antes o una semana entera sin responsabilidades, sin pañales, llantos o gritos de “mamá”.

Debo partir por mi propia experiencia; si bien siempre quise tener hijos, nunca los vi como una realidad cercana. Mis planes eran una carrera, trabajar un par de años, ojalá estudiar en el extranjero, viajar y si se daban las cosas en algún momento remoto de mi vida tendría niños. En términos prácticos, desarrollar mi vida profesional como siempre me lo inculcaron mis padres, me impulsaron en el colegio y en los círculos cercanos. Mis padres se sacrificaron para ponerme en un buen colegio, particular, mucho mejor que al que ellos tuvieron acceso, se mataron trabajando para poder enviarme a estudiar a otra ciudad a la universidad, una de las mejores, pero bastante cara, todo eso lo hicieron no para que terminara de esposa y madre de casa. Entre mis amigas y familia, siempre miramos con cierta extrañeza a las niñas cuyo sueño, cual Susanita, era convertirse en madre. Era absurdo y disparatado no desarrollarse intelectualmente, no ser productivo para la sociedad y menos desaprovechar las tremendas oportunidades que teníamos.

Personalmente, termine mi carrera, trabajé un par de años y cuando estaba pensando en cambiarme a otro trabajo para seguir avanzando profesionalmente, quedé embarazada. No era una niña, tenía 26 años y una pareja estable. Aun así, el pánico y shock me duró mucho, mientras mi pareja se vanagloriaba de que no era estéril, yo pensaba que cómo cresta iba a decir a mis jefes, que mi idea de estudiar en el extranjero se iba a la basura, que mi libertad se acababa, que que no sabía cambiar pañales y que nunca había tomado a un recién nacido por temor a que se me cayera. De verdad no tenía idea de guaguas, embarazo y de todo lo que conlleva un hijo, sabía que era difícil, que dormiría poco, pero nunca pensé de fuera TANTO.

Yo colapsé los primero 3 meses, no entendía cómo la gente lograba querer tener otro hijo, como cresta mi madre lo hizo con un postnatal de tres meses, como sobrevivió a los pañales de género y cómo se retomaba la vida con un ser a cuestas. Mi madre estuvo solo un día conmigo porque debía volver a su ciudad y trabajo, se fue cuando vio que su nieto sobreviviría en mis brazos. Ahí los tres solos en un departamento en la jungla de Santiago, me sentí más indefensa que mi propio hijo. Casi añoré no haberme inscrito en la carrera de Administración y Servicios de la U. de Los Andes, para saber más que hacer y cómo no morir en el intento. Ante mi falta de nociones básicas tenía dos opciones: el comodín telefónico a mi madre, la que había olvidado todo sobre niños, o google, quien fue mi mejor y peor enemigo durante varios meses. Google me mostró que casi era un monstruo porque no me salía leche y que mi hijo sería un tonto, que la relación con mi hijo sería terrible, que no habría apego alguno porque no me lo puse en el pecho cuando nació, ni lo hice dormir conmigo durante las noches, que no podría hacerlo dormir nunca porque no le puse música durante el embarazo, ni menos durante el parto, que era una mala madre por darle leche en mamaderas de plástico, ponerle chupete, no hacer porteo, darle sus primera comida con verduras transgénicas y toda una lista interminable de cosas. Debo reconocer que hoy me río de todo esto, pero esto es el resultado de miles de culpas, cuestionamiento y llanto.

Ahora pienso que es una verdadera estupidez buscar en internet cómo hacer dormir a mi hijo, quien más que yo sabía cómo funcionaba su rutina. Antes de su primer baño, con mi pareja miramos en internet videos de baños de guaguas de todo el mundo, tutoriales de enfermeras de cómo tomarlo para que fuera placentero y no se asustara en un momento tan importante como su primer baño. Al final, fue un fiasco el cabro chico meo y cago su tinita, entre gritos de sácalo, cambia el agua, fue lo contrario de relajante, pero a pesar de eso hoy sigue amando el agua y us baños, quedamos más traumados nosotros que él. Ojalá hubiera bañado a alguna guagua antes, por último presenciado un baño, no para que su baño fuera mejor, porque igual hubiera cagado el agua, pero sí nos hubiera ayudado a nosotros como padres a bajar la ansiedad. Pero me criaron para ocuparme de cosas “menos banales” que una guagua, a ocupar mi intelecto en libros y no en pañales, intelecto y libros que no me sirvieron de nada con mi hijo.

Hace unos días una amiga recién estrenada madre (perdón por ocuparte en esto) pedía consejos en facebook sobre como darle las gotitas de vitaminas a su guagüita sin que las botara, obviamente llovió en comentarios. Todas y todos los consejos eran de padres con la receta perfecta, mi amiga, quien es médico, se martirizaba porque en su colapso había olvidado incluso sus conocimientos profesionales. Y vuelvo a insistir, a ella tampoco la criaron para ser madre, la criaron para ser profesional exitosa, lograr y aprovechar las oportunidades que sus antepasadas no tenían.

Nuestras madres con muchos menos recursos fueron criadas para ser madres y ellas lograron de paso ser profesionales, su lucha fue convalidar ambos roles, que no las cuestionaran por dejar a sus hijos, por cumplir en ambos lugares, dejaron de lado muchas veces su desarrollo profesional en trabajos más bien estables, para poder cumplir como madres y llevar dinero a la casa. Nosotras nos criamos con esa realidad: de nuestras madres en trabajos seguros, pero no desafiantes no por falta de capacidad, sino por no descuidar a sus hijos. Crecimos con la idea de que era uno o lo otro, que debíamos alcanzar el desarrollo profesional antes que la familia, que no debíamos retroceder en este avance. Primero la carrera y después, cuando hubiera tiempo, a lo mejor la familia o hijos, pero jamás quedarnos en casa. La mujer había abierto las puertas de la igualdad, nosotras como hijas debíamos entrar y adueñarnos de los espacios, no quedarnos en la casa cambiando pañales.

La sociedad motivaba esta idea de la mujer profesional, linda, inteligente, mirando en menos a la mujer que quería tener hijos y se quedaba en casa cuidándolos. Por eso, se olvidaron de traspasarnos cierta información de cómo ser madres, nos mentalizaron y crecimos creyendo que ser madre era algo banal y que quedarnos en casa era perdernos la vida. Pero cuando nos convertimos en madres nos paralizamos frente a la falta de recursos, nos sentimos enclaustradas en la casa, nos sentimos inútiles sin aportar algo, angustiadas de no poder ser perfectas madres, culposas por pensar en que nuestra carrera no es tan importante como criar a nuestros hijos, enfermas porque no nos da para compatibilizar en todos los roles y a la vez intentamos que el resto no se dé cuenta de nuestra debilidad, porque nos hicieron creer que debemos ser fuertes y que la debilidad es un fracaso. Buscamos respuesta impersonales, en google, las cuales solo hacen incentivar nuestros miedos y frustraciones, en vez de mirar para el lado y pedir ayuda, explotar o bien reconocer que a veces queremos mandar a todos, incluido a nuestros hijos, a la misma punta del cerro.

A tres años de tener a mi hijo todavía no me siento capaz de tener otro, en estos tres años he pasado por todas las etapas de mamá primeriza. El colapso de los primeros meses, la frustración por no ser perfecta, la culpa por volver a trabajar dejando a mi hijo; antes del año me enfermé y me vi con el miedo atroz de dejar a mi hijo semanas enteras sin mí creyendo que le estaba causando un daño de por vida en una etapa fundamental. Ahora que mi pollo está más grande, intento por fin retomar mi vida, volver a ser yo, pero el tema es que tampoco soy la misma. A parte de mis fieles kilos de más, mi carrera ha tenido que tomar otro rumbo porque no estoy dispuesta a dejar a mi hijo al cuidado de terceros todo el día y verlo solo en la noche. Esta forma de vida, envidiada por muchos, de emprender y trabajar por cuenta propia a veces parece insostenible y creo tiene fecha de vencimiento. Por un lado me culpo por no producir más y, por otro, me culpo por no darle tiempo a mi hijo, quién nos entiende ¿no?

He aprendido a ser un poco más madre en este tiempo, me falta mucho, sigo mandándole colaciones cambiadas al jardín, olvidándome de darle el antialérgico, sucumbiendo a su obsesión por las galletas y permitiendo que a las 4 de la mañana se pase a nuestra cama. Pero de lo que sí he aprendido es que a pesar de no haber sido criada para ser madre, amo serlo. Que con un poco de intuición, sentido común, harto llanto, rabia, pena, y mucha culpa podemos ser tan buenas madres como las nuestras.

Foto: Unsplash.com

*Si quieres escribir en Zancada, tienes que mandar tu texto con título y nombre con el que quieres firmar a contacto@zancada.com en un mail titulado TEXTO. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

18 COMENTARIOS

  1. Cierto. Yo no tengo hijos, no quiero tenerlos y valoro mucho a las mujeres que se atreven a dar el paso, más todavía a las que reconocen sus imperfecciones y las afrontan como parte del proceso y como parte del ser mamá.

  2. Wooo, no puedo sentirme mas identificada.
    Quedé embarazada a mis 28 años, sin quererlo… Fueron semanas de llanto y tratar de aceptar lo que me estaba pasando. Estoy con pareja estable, trabajo estable, departamento y todo lo que la sociedad te dice que necesitas para formar una familia, pero yo no sabia si quería ser madre aún, y al igual que tu, no sabia nada de maternidad.
    Hoy tengo 35 semanas y estoy feliz y a la vez un poco asustada esperando la llegada de mi hija.
    Aún no se cambiar un pañal ni tomar en brazos un bebe recién nacido, pero todo en su momento.
    No se que me depara el futuro, si seguire en mi actual trabajo, o si voy a sentir esa necesidad de estar mas tiempo con mi hija, es todo muy incierto.
    Pero voy a tomarme las cosas con calma 🙂

  3. Me encantó tu post. Sin duda es lo mejor que he leído en zancada en el último tiempo. Me siento muy identificada contigo, y te admiro profundamente. Un abrazo.

  4. Totalmente identificada! Tengo una hija de 10 meses y he pasado por todas las emociones y sentimientos; es una verdadera montaña rusa. No quería hijos y mi esposo igual se estaba conformando con eso, además, había decidido buscar otro trabajo, pero quedé embarazada y todo cambió. Ha sido todo un desafío, pero amo a mi hija con locura.

  5. Guau. Hace tiempo que Zancada no se mandaba un post decente. La cagó, éste post me llegó directo al corazón. Fuí mamá hace casi cinco meses, no fue una guagua esperada. De hecho, yo habia decidido no tener hijos nunca jamás y mi matrimonio iba a terminar por la misma razón. Sin embargo, él llegó, y cuándo me enteré estaba en un país dónde podría haber hecho una sola llamada y abortar, lo cuál para mi es una opción más que válida. Pero decidí tenerlo, a pesar de todos mis conflictos internos. Tuve un embarazo ideal, sin molestias, subí nada de peso, todo era un sueño, pero yo por dentro moría de miedo. Trabajé mucho y cuándo salí de prenatal mi guagua nació. Si, nació prematuro, de 32 semanas. Super chico, super guagua. Y comenzó la pesadilla. El primer mes fue crítico al punto que pensé en suicidarme, fui a parar a psicólogo, a psiquiatra. Tenia depre post parto. Al ser mi guagua prematura, no tenia el reflejo de succión y mis pechugas se secaron. Tuvimos que comenzar a darle fórmula. Fue todo un infierno. Mi guagua comenzó a sufrir de cólicos y reflujo severo. De verdad que ese primer mes no se lo doy a nadie y me angustio de solo recordarlo. Peeeeero, después de estar pal pico todo ese primer mes, dormir con cueva dos horas al día, mi gorda comenzó a estar mejor, los remedios le hicieron bien, la leche comenzó a alimentarla, empezó a dormir 3 hrs seguidas, 4, 5, 6!!! todo parecía mejorar. Comenzó a mirarme, a interactuar, y yo caí redonda a sus pies.
    Pero pucha que cuesta! Nadie nos prepara, tiene tanta razón la chica que escribió esto. Yo siento que bajé de categoría. De ser una profesional exitosa, haber vivido muchos años fuera en diferentes partes, pasar la semana en el restaurant de moda o el evento de la semana, a estar dando papa y limpiando potos, no ha sido fácil. Sé que es una estupidez, pero aún lo siento! En vez de sentirme cada día más bacán, más poderosa. Aún no cambio el chip. Y si bien, no me imagino sin mi gorda, creo que si me dieran la opción de retroceder el tiempo y no embarazarme, lo pensaría más de una vez.

  6. me senti tan identificada!! mi bebe llego planificado y todo, pense que estaba preparada pero noooo, nunca me gustaron los bebes ni tuve contacto cercano con uno, aunque amo a mis sobrinos pero siempre de lejitos no mas jajaja, cuando nacio mi bebe ya en el hospital empezo el suplicio me daba miedo cargarlo y moverlo que tenia que llamar a una enfermera para que lo haga, lloraba toda la noche y no lo podia calmar, llegaba una enfermera a recriminarme de porque mi bebe lloraba y yo le decia que no sabia, lo tomaba ella y enseguida se calmaba, ahi ya comence a sentir que todo iba a ir de mal en peor, que mi bebe no me queria y todos esos rollos, ya en la casa nada cambio, los primeros meses fueron una pesadilla, me recriminaba que estaba siendo una mala madre, le decia a su papa que mejor se la llevara su abuela porque yo no podia, terminabamos ambas llorando, hasta su papa salio arrancando (me separe del papa aunque aun vivamos en la misma casa), al final me veia sola con un bebe que sentia me odiaba, sin ayuda de nadie, me arrepentia tanto de haber quedado embarazada y deseando volver el tiempo atras, miraba todos los dias el calendario deseando que pase el tiempo rapido, hoy mi bebe tiene 7 meses y la amo con el alma, aunque aun hay dias que me siento pesima madre, en fbk tenia agregada una pagina que se llamaba “la comunidad de la leche” la deje de seguir porque me canse de tantas madres perfectas que me hacian sentir la peor madre del mundo por no darle pecho hasta los 2 años, porque a veces estaba tan cansada que le deje llorar tiempo de mas 🙁 o sentirme mal porque no practicaba el “colecho” ni el porteo, ni tenerla lo suficiente en los brazos. Hoy igual hay dias en que me gustaria tener un dia libre, pero cuando una es sola y no tiene ayuda no queda de otra que darte cuenta que tu vida nunca volvera a ser la misma y quizas sea para mejor, porque ver reir a tu bebe no tiene precio.

  7. ¿En que minuto la maternidad se convirtió en una cosa tan mal vista y degradante?
    Yo también alguna vez en mis 20s y tempranos 30 me sentía abrumada y me rebelaba pensando “yo era importante, iba a reuniones con el ministro y ahora estoy en 4 patas limpiando meado de la alfombra”…
    No me voy a alargar pero cuando cumplí 40 como que tuve una Epifanía, empecé a decirle NO a mi jefe, reduje al minimo las quedadas hasta las 10 de la noche en la pega, empecé a aceptar que muchas cosas no son mi problema y que no pienso desgasatarme en resolverlas (cuando mas encima no te agradecen ni reconocen)… y cada vez más me parece que el lugar donde si debiera estar, donde las cosas si son mi problema, donde mi aporte si es invaluable es con mis crios.

  8. Aunque no lo crean yo que nací el 56 y se supone fui criada para ser madre, no sabía qué hacer con mi primera hija, susto, torpeza y miles de carencias que solo la experiencia ayuda a superar
    Hoy que veo a las mamás jóvenes buscar todo en Google creo que se les hace aún más difícil
    Hagan lo que el instinto les diga, el hijo es de ustedes

  9. No fuimos criadas para ser madres? Perdón, pero porque debíamos ser criadas asi? Ese es un logro de las que vinieron antes, que yo por lo menos agradesco, me permitió pensar en la maternidad no como un destino sino como una opción. Eso no quita que sobre todo con mi primer hijo saltaran dudas y miedos a cada rato, lo que creo que se debe a que la maternidad es un cambio tan grande que no estaba preparada y en muchos momentos me he sentido desorientada. Sin embargo, he visto mujeres que parecen tomarlo como algo mucho más natural, pero que tampoco fueron criadas para ser madres. Pienso que eso es más bien algo personal, y que tiene que ver también con el exceso de información, las sobre exigencias que enfrentamos, los estereotipos sobre lo que es ser o no una buena madre y el lugar sobre dimencionado que ocupan los hijos. Antes era tod más sencillo, nuestras madres no veían enfermedades en cada mueca que hacíamos, tenían poco tiempo, menos recursos y más hijos, ahora parece que nos ahogamos en un vaso de agua, pero no creo que sea por falta educacion para ser madres.

    • Creo que que te críen para ser madre o profesional exitosa, es igual de nocivo y machista. Quizás pasa por criar libres, tanto a hijos/as libres y criar en libertad, sin tanta pauta, herencia o lo que sea. Menos expectativas, así cada cual elige qué hacer o no hacer, y así, ser madre y/o profesional pasa a ser una decisión personal y por ende, nueva e irrepetible para quien la vive.

  10. Te pasaste! Creo q nunca me había identificado tanto!! Amo a mi hijo, pero tampoco me criaron para ser mamá, me sigue costando y me esfuerzo siempre… leí todo lo q pasó por mis manos y me sentí culpable por las mismas cosas q escribiste…
    También han pasado 3 años y sigo pensando cómo se hace para tener otro hijo, si yo recién siento q he recuperado parte de lo que era y solo parte, porque ya tampoco quiero todo lo que era!

    Gracias por tus palabras, me hacen sentir menos mala y más normal jajaja.

  11. tampoco me criaron para ser madre, ni profesional, ni esposa, ni nada, solo me criaron para tratar de ser feliz en todo lo que la vida te trae, asì que trato de serlo con mi cachorro, mi pareja, mi trabajo y todo, es difìcil pero que no lo es? un temòn la maternidad. pero enconrtrar que algo tan dificil te haga tan feliz es raro, aùn no me lo puedo explicar.

  12. es que ser mama no se trata de solo parir es todo un proceso fisicobiologicopsicologicomoral y nunca se termina de aprender… lo de ser mama buena o mala,,,es tan relativo…pero es un cambio total en tu vida eso si!!!! bueno o malo eso lo decide cada una y respetar los procesos de las otras!!!porfavor

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