catastrofesmujeres
por Lala

Durante los últimos días la preocupación nacional, los medios de comunicación y la vida de miles de compatriotas ha girado en torno a los incendios que afectan la zona centro-sur del país. Y cómo no, si el panorama es desolador y aún no termina. Hay varias campañas funcionando, muchos grupos organizados viajando y transportando la ayuda, por lo que sólo se necesita escoger uno según la forma y objetivo que mejor nos parezca, y colaborar. Una vez terminado este estado de catástrofe comienza el proceso de reconstrucción de vidas, mucho más allá que sólo casas: barrios, lazos, comunidades.

En ese proceso me gustaría destacar un tema que la mayoría de las veces pasa colado, y que organizaciones como el Observatorio de Género y Reconstrucción tratan siempre de poner en relieve, y es el lugar de la mujer dentro de estos procesos y cómo la reconstrucción se vive distinto siendo mujer. Trabajé con ellas en localidades afectadas por el terremoto y tsunami de 2010 y me gustaría compartir algunas de las cosas que aprendí. En primer lugar, algunas cifras: a nivel personal, las mujeres sufrieron el doble de manifestaciones de estrés postraumático que los hombres. En lo laboral, con la catástrofe se enfatizó la división sexual del trabajo: por cada hombre jefe de hogar que dejó de buscar trabajo producto del terremoto, 70 mujeres jefas de hogar lo hicieron. Por cada hombre que perdió el trabajo por esta causa, casi 3 mujeres lo hicieron.

Sin dudas esta catástrofe podría impactar de manera distinta en algunos sectores, ya que la principal fuente laboral – forestales – son un trabajo mayoritariamente masculino, sin embargo, es importante siempre considerar cómo afectan las catástrofes a hombres y mujeres para poder avanzar de manera equitativa y no retroceder.

En mi experiencia trabajando en el sur, unos seis años atrás, conocí cientos de historias de mujeres que no podían optar a subsidios por estar separadas de hecho, ya que el subsidio familiar había sido asignado al hombre, obligando a las mujeres a reconstruir sus vidas sin la opción de una vivienda propia, muchas de ellas a cargo de niños, niñas, incluso adultos mayores. En los campamentos, por ejemplo, la seguridad era una gran preocupación, ya que los baños en el exterior significaban un riesgo de ser acosadas o derechamente abusadas. Organismos como el PNUD han hecho hincapié en señalar que la violencia contra la mujer aumenta en estos contextos.

Por otro lado, también aumentaron los embarazos, muchos de ellos no deseados, por lo que, si queremos colaborar alguna localidad en particular, no hay que olvidar los anticonceptivos, ni tampoco insumos como ropa interior, toallas higiénicas, por poner un ejemplo. Debemos estar atentas, monitorear y exigir desde nuestros espacios, acompañarnos, apoyarnos entre todas. Así saldremos adelante.

Imagen: video campaña Juntos por Chile

7 COMENTARIOS

  1. es un poco irresponsable llamar a colaborar con anticonceptivos, no cualquiera le viene bien a cualquier mujer, las pastillas no dejarán de ser entregadas en los consultorios ni dejarán de evaluar a las mujeres para indicarles el que se adecue a su salud.

  2. ¡Hola! Muy buena nota, pero siento que faltó más información sobre cómo donar (organizaciones, por ejemplo) que estén trabajando específicamente con mujeres. De todas maneras se agradecen este tipo de publicaciones para concienciar.

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