por @patyleiva

Labor Day describe una relación improbable –casi en tiempo real– en una atmósfera llena de incertidumbre, tensión y deseo en el caluroso verano de 1987. Está presente el amor romántico, de la decepción de la vida real, de los prejuicios, de los desprejuicios, del amor de madre, del amor de hijo, de las fuertes relaciones que se dan cuando una familia se divide, del dolor, de la esperanza, de los sueños.

Algo me pasa con Josh Brolin cuando lo veo en sus películas, a veces me parece rancio, a veces me parece muy varonil, pero en esta debo reconocer que entiendo perfectamente que a Adele (Kate Winslet) le pasen cosas con Frank, su personaje.

Por alguna razón (o varias), Labor Day me pareció el punto de encuentro entre Revolutionary Road y Los Puentes de Madison, quizás porque en todas hay una mujer que se siente sola –aunque no lo esté–, la delicadeza de la dirección fotográfica y la extraordinaria intimidad lograda entre la protagonista y el espectador.

La actuación del joven Gattlin Griffith –y cada expresión de su cara– es conmovedora y honesta. Hay algo en la mirada de un niño que no se puede fingir.

El director es Jason Reitman, a quien sigo por la sensibilidad que transmite en otras películas suyas que me encantan: Juno, Up in The Air y Young Adult.

Labor Day está disponible en Netflix.

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