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por Javiera, ilustración: Mari Soto-Aguilar

A Lucía Pérez después de violarla, la empalaron. “Paro cardíaco por empalamiento anal”. Nunca pensé que escribiría ese verbo, “empalar”. Creía que el único contexto donde vería esa palabra sería en libros de la conquista española, esa época de barbarie.

Pero la barbarie no se ha ido, sigue aquí bien presente y lo demuestra la historia de Lucía, la historia de Nabila (que ya estábamos olvidando) y de las miles de mujeres que cada día mueren por violencia de género, pero que no alcanzaron a salir en los diarios porque tuvieron la “suerte” de que su asesino no fuera tan sádico.

Por esto habrá hoy una manifestación en Plaza Italia, a las 19 horas. La habrá también, por supuesto, en Argentina bajo la consigna de “Ni Una Menos”, una consigna que tampoco pensé tuviera detractores, pero aparecieron.

De golpe surgió el “nadie menos”, un esperpento creado por gente que dice “no importa el sexo de la persona, nadie debe matar a otro”.

Sí, ok, pero con el Ni Una Menos estamos hablando de otra cosa, estamos pidiendo otra cosa.

Estamos pidiendo que dejen de gritarnos en la calle y tocarnos en el metro, estamos pidiendo que no nos digas “puta” si tenemos “mucho” sexo o “pacata” si tenemos “poco”. Estamos pidiendo que nos paguen lo mismo por hacer el mismo trabajo que un hombre y estamos pidiendo que no se nos juzgue por la ropa que usamos, por cómo nos maquillamos o por cómo no nos maquillamos.

Estamos pidiendo poder caminar tranquilas, como lo hace un hombre, y porque un hombre nunca conocerá el miedo que nosotras sentimos al andar solas, te pedimos que simplemente nos creas en esto y no minimices lo que exigimos con algo como “nadie menos”.

Estamos pidiendo que respeten nuestro “no” cuando es “no” y estamos pidiendo que, si te decimos “no”, no nos pegues o mates después.

Y todo esto pasa porque hay una idea de que la mujer (las nacidas mujeres y las que se sienten mujeres) es algo que el hombre posee, es una figura secundaria e inferior sobre la cual tienen poder. Es “algo” y no “alguien” con opinión y preferencias (la toco contra su voluntad porque mis ganas de tocarla son más importantes que su deseo de que no lo haga. Le pego porque no hizo lo que yo quería que hiciera. La mato por la misma razón).

Nada de lo que he escrito es nuevo, no es la nueva ola del feminismo ni mucho menos. Es algo que ya hemos visto, es lo básico y por dios que da rabia tener que seguir explicándolo. Pero lo seguiremos haciendo. Hoy soy yo y seguramente varias más, mañana serán otras, y así. Porque creo que esto, la barbarie, la idea de creer que alguien es inferior, sólo se combate educando.

La violencia de género existe y debemos seguir hablando de ella por respeto a todas las que han muerto y por las que han sido abusadas. Debemos hablar de ella cada vez que podamos, incluso cuando nuestro interlocutor sea la personificación misma de una batalla perdida.

Debemos educar a los niños y niñas sin caer en los dañinos estereotipos de cómo debe ser lo femenino y lo masculino, y sobre todo debemos enseñar a los niños que tener sentimientos no es algo “de fletos” o “de niñas” sino simplemente algo humano, para que cuando crezcan y sientan rabia o celos, no los solucionen matando.

1 COMENTARIO

  1. Hola Javiera. No seré yo el detractor de esta campaña; sólo decirte que al leerte, siento que vas con el atropello prejuicioso, estigmatizador, altanero a partir de tu empoderamiento en esta causa, que muestras como sacrosanta y señalas a quienes osan mirar diferente como “Los malditos herejes”.
    Vas en contra de todo lo que sea varón o como dices “hombre”, usas la victimización por sobre todas las cosas acusando a todos los “hombres” de violadores, golpeadores y asesinos. Para tí somos todos iguales, no hay filtro, acusas reflexionando literalmente “La toco, le pego, la mato”. Cuidado con eso, violentas, invades, maltratas y eres injusta. Mírate a un espejo antes de salir a pedir tolerancia. Pocos son los asesinos, los violadores, los que te acosan en la calle, estigmatizar es no sólo un error. “Porque un hombre nunca conocerá el miedo que nosotras sentimos al andar solas”… el miedo no es sólo patrimonio de las mujeres.

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