microcuentoentera
por pudú

Escribo cosas desde que tengo memoria: cuentos, poemas, hasta una novela cuando tenía 12, que era prácticamente una copia de Harry Potter pero con dragones. Y así como escribía, también escondía todo. Imprimía mis cuentos, los metía en una carpeta y guardaba la carpeta sacando un cajón de mi clóset y escondiéndola ahí, bien abajo, cosa que nadie supiera nunca de mi hobby secreto.

Una brutal tontera, porque ni siquiera era un diario de vida. Dándole mil vueltas a mi práctica, creo que solo pude concluir que me daba vergüenza compartir porque a pesar de que fueran ficciones, todas las ficciones tienen algo de uno.

Cuando entré al taller de microcuentos me encontré con tener que compartir las cosas que escribía de forma abrupta. Todos escribíamos y todos leíamos, te gustara o no. Así aprendí que era un miedo transversal, el de mostrar lo propio/no propio, ficcionado, pero personal. También aprendí que cuando se está en grupo, y estamos todos en la misma, es más fácil compartir. Y finalmente, que compartir es de las mejores cosas que se pueden hacer, porque no es solo por uno si no que recibir textos de otros, es maravilloso.

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