reparadoracalzado
por Mariana y punto

Me cuesta mucho que me gusten los zapatos; durante mucho tiempo pensé que simplemente eran una prenda que detestaba -tanto así que de niña hasta me sentía menos mujer por eso… cosas tontas que te hacen creer cuando chica- y sentí que mis atuendos mejoraron considerablemente cuando logré encontrar zapatos “invisibles”: color piel para el verano, negros como mis pantys para el invierno.

Con el tiempo logré encontrar zapatos un poco más divertidos que me gustaran, pero de todas formas no abundan, por lo que soy una clienta frecuente de las fieles reparadoras de calzado. Cuando logro encontrar zapatos que me gustan, lo uso tanto que termino destruyéndolos, pero sin querer deshacerme de ellos. Tanto así, que diría que todos los zapatos que tengo han pasado alguna -o más de una- vez por una reparadora de calzado.

Aunque no soy tan entendida al respecto como creo que es la generación de nuestras mamás, ya he adquirido mis conocimientos: tengo una reparadora para cuando necesito arreglos al instante (a la vuelta de la iglesia Divina Providencia), una regalona que me queda cerca de la casa (en Merced con Santa Lucía), y otra que me queda lejos pero a la que he llevado zapatos que necesitan de cirugía mayor (en el estacionamiento del Alto Las Condes).

Los arreglos por los que ha pasado mi calzado van desde los 0 pesos por pegar una plantilla suelta, hasta como 13 lucas por un zapato de cuero que prácticamente había que hacer de nuevo. Comprar otros iguales no sólo me habría costado bastante más caro, sino que además era imposible, pues me había costado mucho dar con ellos.

4 COMENTARIOS

  1. Yo hace un par de años comencé mi ritual con las reparadoras de calzado, cuando me cambié al barrio Yungay descubrí una frente a la plaza del roto, desde ahí cada cambio de temporada llevaba mis zapatos por cambio de tapilla, lustrado o lo que fuese necesario, desde ese tiempo que dejé de comprar zapatos igual… me gusta hacerle cariños a mis zapatos 😉

  2. Yo tenía una botas hermosas, con un cuero delgado, q quedaban pegadas a la pierna…el problema: eran muy puntudas, demasiado!, me pasaba tropezando con ellas y les tenía la punta gastada, estaban listas para la donación. Entonces, sin mucha fe, las lleve al zapatero, y las hizo de nuevo!, les corto la punta, les cambio tapillas, les repaso el cuero y me queden con las botas prácticamente como nuevas. Una maravilla.

  3. me pasa lo mismo con los zapatos, me cuesta mucho que me gusten (sobre todo la moda de hoy con esas suelas/plataformas grandes) y siempre termino matando los que tengo. Gracias por los datos de reparación!

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