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por Riana Fer

Hoy murió Juan Radrigán, uno de los más importantes dramaturgos chilenos. Su concepción de la marginalidad social, su uso del lenguaje, su mirada de la soledad, del amor, lo hicieron merecedor el 2011 del Premio Nacional de Artes de la Representación y para mí lo convierten en uno de los escritores de las más bellas obras de teatro.

El teatro fue mi tercer amor. Primero fueron los libros, luego las artes visuales y más tarde la dramaturgia. La primera vez que fui al teatro fue en séptimo básico a ver La Negra Ester, antes solo había visto obras amateur en el colegio, recuerdo la agradable extrañeza y fascinación que causó en mí. Desde ese día me apunté a todas las salidas extra programáticas para ir al teatro; no sé si es por nostalgia o qué, pero siento que fue la época que vi el mejor teatro.

En mi memoria quedaron para siempre en un lugar especial, sobre el resto y para siempre: “El velero en la botella” de Jorge Díaz, “Flores de papel” de Egon Wolff y “El Loco y la Triste” de Radrigán. Más tarde, en la Universidad, tuve que leer estas mismas obras; leerlas fue tan maravilloso como verlas.

Creo que he visto por lo menos cuatro versiones del “Loco y la triste”, más de una dirección de “Hechos consumados”, y podría decir que casi todas las obras escritas por Juan Radrigán. De sus obras salgo con la alegría que siento cuando voy a ver algo que realmente me gusta, en mi cabeza quedan dando vuelta frases, diálogos tan sencillos como poderosos y mi corazón siempre queda un poco triste, con una sensación de injusticia.

Se extrañará al gran hombre de vida y obra honesta, que mostró la marginalidad social con respeto, con arte y con mucha verdad.

Foto: GAM

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