fiestaznori
por Mariana y punto, foto: Eleonora

Cuando chica nunca me atreví a convocar a una fiesta; las posibilidades y miedo a fracasar eran demasiado grandes (sobre todo cuando tu cumpleaños es en vacaciones de verano) y como tampoco era una gran fan del carrete la idea nunca se me pasó por la cabeza.

Hasta que más de grande empecé a disfrutar mucho más de salir y sobre todo de bailar con mis amigas. Encontrar un lugar donde haya música que nos entusiasme siempre ha sido una dificultad, y así fue como fuimos retomando esa costumbre de hacer fiestas bailables en casa.

Después de un par de intentos fallidos, cuando por primera vez me celebré junto a una amiga y la fiesta fue exitosa, no paré más.

En el camino aprendí que para que una fiesta se prenda no se necesita tanto: oscuridad casi absoluta (a lo más puede haber lucecitas como de árbol de navidad), música pop prendida y popular (si el presupuesto da para DJ Pauli: maravilloso. Aunque también somos felices cuando Carodu se hace cargo de la selección musical), al menos dos personas que inauguren la pista de baile y otro par de personas con alcohol -o entusiasmo- suficiente para que el carrete dure hasta tarde. Con esa fórmula hemos celebrado grandes fiestas Zancada, celebraciones de cumpleaños a las que han llegado más de 50 personas, y otras donde 3 amigas hemos improvisado bailando hasta el amanecer.

Cuando la fiesta no es improvisada sino un poquito ambiciosa, hay algunos indicadores que demuestran el éxito alcanzado más allá de lograr que la gente baile (cosa que también es un logro considerable):

Que se armen parejas: si hay gente en la pista de baile o en los rincones agarrando por primera vez, eso es un triunfo (sobre todo cuando la fiesta es de gente de más de 30 años).
Que haya fila para el baño: esto es una lata en la práctica, pero a la vez es una felicidad para la anfitriona porque es una señal de victoria.
Que se acabe el copete: al igual que el indicador anterior, esto es frustrante en el momento, pero al otro día te das cuenta de que menos mal fue así, y de repente aparecen por ahí algunas botellas escondidas por los invitados durante la noche.
Que el suelo esté mojado: es lamentable par el día siguiente, pero en una buena fiesta siempre a más de alguien se le chorrea el vaso o derechamente se le cae todo el contenido al piso.

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