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por @infante, fotos: Carlos Muller

El sábado fui a ver a Alex Anwandter al Teatro Caupolicán, era el lanzamiento de Amiga, su segundo disco como solista. Llegué a la hora y estaba repleto, hasta el techo casi, incluso había gente en esos espacios que dan al costado del escenario donde no se puede ver bien del todo, la cancha no daba más. Empezó a la hora. Dedicó dos minutos a introducir a los que supongo son sus referentes estéticos, musicales, literarios y políticos: Bowie, Angela Davis, Salvador Allende, Andy Warhol, Morrissey y muchos otros desfilaron por la pantalla gigante con ópera de fondo y ante un estadio que esperaba en respetuoso silencio, sólo interrumpido para celebrar o abuchear a quien aparecía en la diapositiva.

Salió a escena perfectamente vestido, perfectamente peinado y con una distribución de su banda muy limpia, con espacio para todos, incluso para el cuarteto de cuerdas y bronces que hacia el medio y el final del show le acompañaría.

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Lo que hizo Anwandter el sábado en la noche fue un acto político, tomándose de la mano del más fino pop facturado en Chile. Y es que el ex vocalista y cerebro detrás de Teleradio Donoso tiene una capacidad para desplazarse entre el synth pop tipo Erasure o Marc Almond, y un crooner de no más de 30 y tantos años: bucea bien, se mueve a la perfección. Hace boleros (“Intentarlo todo de nuevo”), cubre a Roy Orbison (hizo “Crying” en español y dijo que era un tema que habían preparado mucho) y la española Christina Rosenvinge, invita al escenario a Gepe y José Seves de Inti Illimani, baila, habla desde el corazón con el público, presenta a su madre “que vino desde Brasil, porque eso hacen las mamás, viajan desde Brasil para estar aquí”, montó en ese teatro lleno a más no poder un acto amoroso y, sí, profundamente político.

No sólo por la elección de sus acompañantes en el micrófono, sino porque por diosito que hay que tener cojones grandes para despacharse una canción como “Manifiesto” en este Chile donde te matan a golpes por ser “el maricón (a) del pueblo”.

Impactante lo de Alex Anwandter. Con un show cuidado, pulcro, respetuoso, muy bien montado, amoroso, que sonó bien, que invitó a la gente -el público muy joven, muchos niños en la audiencia- a dialogar, a seguir saliendo a la calle para expresarse. Emocionante, porque emociona ver a un artista tan joven, tan bien pensado, tan dulce en su entrega, tan profundamente profesional y porque a Chile le hace bien que también desde el pop se haga política de la forma más fina posible. Anwandter es una máquina de talento, enorme, los primeros minutos del show del sábado fueron una colección de hits, sin pausa, unos tras otro.

Al momento de salir de ese Caupolicán histórico, una sólo puede pensar en que Anwandter está destinado a ser una estrella gigante en el nutrido firmamento exquisito de músicos chilenos.

Armamos un playlist con las canciones del setlist del concierto que se pueden encontrar en Spotify (ya que como el mismo Alex dijo esa noche, no se registró el concierto para hacer de él algo irrepetible). Pusimos las versiones originales de los covers que hizo, para recordarlos.

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