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Revolución Democrática: última semana para firmar

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por Mariana y punto

La política no es un tema fácil. En mi historia personal como ciudadana, tengo que reconocer que me costó mucho tiempo y discusiones familiares darme cuenta de mis convicciones, y sentirme lo suficientemente responsable como para inscribirme para votar; mientras muchos de mis amigos lo hicieron apenas cumplieron 18, yo recién me sentí motivada y capaz después de un par de años de universidad y ramos sobre política, historia de Chile y democracia.

Cuando me inscribí, me costó encontrar candidatos en los que creyera de verdad. Muchas veces -casi todas las veces- voté nulo, negándome a aceptar el mal menor incluso cuando eso significaba aceptar el mal mayor y las críticas de quienes se supone que pensaban parecido a mí. También me negaba a aceptar que mi voto fuera inútil. No fue hasta que apareció Giorgio Jackson en mi distrito que pude marcar al fin una preferencia con convicción y sin dudas.

Y hasta ahora no me ha defraudado; desde su comando me han invitado a participar de las cuentas públicas de mi diputado, y me ha enorgullecido con cada intervención, tema propuesto y votación, aunque no faltan los que me traten de inocente o idealista. Probablemente lo sea y no me importa: me gusta pensar y sentir así.

Entiendo que hay ciertas prácticas instaladas y algunos políticos que fueron relevantes en la recuperación y reinvención de la democracia en Chile; lo respeto y agradezco, pero desde que era chica y hasta que entré al mundo laboral nunca faltan los que tratan de convencerme de que la única formar de pensar y hacer es la que ya está establecida. Pero continuamente veo que no necesariamente es así, y una de las formas más poderosas e importantes ha sido el proceso que partió con el movimiento estudiantil de 2011 y que nos tiene hoy con una bancada de diputados -Giorgio Jackson, Gabriel Boric, Camila Vallejo, Karol Cariola, Iván Fuentes…- que aunque piensen distinto entre ellos son capaces de tener causas comunes, de respetarse, de hablar de los temas que realmente importan y rechazar la farándula que era la política y cobertura noticiosa al respecto antes de su llegada.

Por eso me decidí a firmar para que Revolución Democrática pueda convertirse en partido político; eso me convierte en militante, algo que en la práctica sólo implica que no puedo votar en primarias de coaliciones a las que no pertenezca el que espero que sea mi futuro partido. En lo personal significa el cuestionamiento de si debiera participar más activamente, y la satisfacción de que al fin mi voto -en este caso: mi firma- puede significar algo grande.

Me considero una ciudadana muy común y corriente, evidentemente este texto no es académico, sino el de una trainteañera que al fin puede creer en un movimiento político y no sólo en la capacidad y/o bondad de personas aisladas o en el recuerdo de hazañas pasadas y deseos futuros.

Si quieren saber más sobre los planteamientos de Revolución Democrática, pueden revisar este link. Si quieren ser parte de los ilusos que creemos que podemos cambiar la historia, pueden y tienen que sumarse esta semana, porque ahora se acaba el plazo para que Revolución Democrática pueda ser oficialmente un partido político. Puedes ir a una de estas notarías en todo Chile o a los puntos de Santiago que aparecen acá:

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Después de firmar, podemos también aportar a financiar de forma ciudadana y transparente a Revolución Democrática a través del crowdfunding en este link, donde la recompensa también es aportar -lo que sea, desde 3 lucas- para cambiar la historia.

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