Entrevista a Selva Almada, autora de El viento que arrasa

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por Soledad Camponovo, foto: Vale Fiorini

La escritora argentina Selva Almada (1973) fue la primera autora latinoamericana que leímos en el club de lectura de la Fábrica Zancada. Comenzamos con su celebrada novela El viento que arrasa, un libro breve sobre el encuentro determinante entre un pastor evangélico, su hija, un mecánico y un joven, que parece ser el hijo del mecánico, en un lugar distante y desolado. Esta escritora nacida en Entre Ríos nos revela en sus relatos (Ladrilleros, Chicas muertas) una Argentina que no es la postal de Buenos Aires, sino el país del interior, uno rural y lejos del centro.

¿Quién fue tu primera ídola?
Creo que fue la Señorita Alba, que era mi maestra de jardín de infantes: era linda, pecosa, tenía ese nombre tan hermoso y un novio que era marinero.

¿Qué cosas te hacen sentir de nuevo como niña?
Nada. Por suerte. La infancia es un sitio bastante duro, sólo un niño tiene la fortaleza para estar ahí todos esos años.

Nombra un (o más) objeto indispensable.
Los libros.

¿Cuál es tu mejor manera de perder el tiempo?
Acostarme en el sofá y mirar el techo.

¿Cuál fue el primer libro que no pudiste soltar?
No lo recuerdo exactamente, pero por suerte fueron muchísimos, sobre todo en la infancia: Ella, de Rider Haggard, por ejemplo.

¿Qué mujeres de la literatura (autoras o personajes) han influido en tu vida?
En la niñez Violeta (de la novela Violeta, de Witffield Cook) y Jo, de Mujercitas. Más acá Carson Mc Cullers y Flannery O’Connor, Silvina Ocampo y Sara Gallardo.

¿Qué obsesiones tienes cuando escribes?
El primer párrafo. Lo escribo una y otra vez. Creo que en esas primeras líneas está el corazón del texto, así que hasta que no lo encuentro no puedo seguir adelante.

¿Tienes libros en tu velador? ¿Cuáles y por qué?
Sí, una pila. Son los libros que empiezo y voy leyendo, siempre de a varios a la vez. También los que dejo para más adelante y los que abandono con la esperanza de retomarlos algún día.

¿Cuál es la característica que menos te gusta de ti misma?
La pereza.

¿Y la que más te gusta?
El amor de mis amigos.

¿Cuándo recurres a la mentira?
En general, sólo mentiras pequeñas, mentiras blancas cuando no llegué a terminar algo o cuando no quiero hacer alguna cosa y entonces me invento otras cosas que me lo impidan.

¿Qué frase repites con frecuencia?
Tengo que ponerme las pilas.

¿Cuál es tu viaje favorito?
La lectura.

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