Entrevista a Constanza Manríquez, dramaturga de la obra “No despiertes a los niños”

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por Mariana y punto

Hoy viernes 10 de abril parte el ciclo Teatro Hoy con el estreno de la obra No despiertes a los niños, dirigida por Cristián Plana y escrita por la dramaturga Constanza Manríquez.

Constanza estudió literatura, y se siente más cercana a la narrativa que al mundo del teatro; ya publicó la novela La salvación de los volátiles, y ahora está terminando su segunda novela. “Mañana no sé qué haga. Me interesa escribir y probar de todo. Hasta el momento me he movido entre la narrativa, la dramaturgia y algo de audiovisual, pero trato de mantenerme receptiva a lo que va ocurriendo y soltando esa presión absurda de que hay que definirse o especializarse en un solo ámbito de cosas”.

De hecho la dramaturgia no fue algo que buscara, “la escritura teatral fue algo que sucedió no más y que vino un poco a irrumpir en mi vida. Es algo que siempre estoy dejando y a lo que siempre estoy volviendo, que no termino de digerir cuando ya lo estoy negando de nuevo. Me genera un conflicto importante y quizás eso hace que lo decida una y otra vez sin asumirlo completamente”.

¿Cuál fue la primera obra de teatro que recuerdas haber visto y que te marcara para tu vida y profesión?
Ninguna. Creo que fue precisamente eso lo que me marcó. En el colegio comencé a ir al teatro en una búsqueda romántica y tormentosa, esperando encontrar ahí una experiencia que me devolviera algo que sentía arrebatado. Si bien no lograba calmar esa inquietud, mantuve la porfía de seguir buscando, como espectadora y dramaturga. Supongo que es esa porfía la que me tiene aquí insistiendo en dar con algo que ni siquiera yo sé muy bien qué es.

Para No despiertes a los niños trabajaste en conjunto con Cristián Plana, ¿la dramaturgia suele relacionarse con la dirección en el teatro? ¿Sueles ser parte del proceso o te ha tocado ver una obra que escribiste recién cuando se muestra al público?
Sí, esa intención nuestra tuvo que ver con reconciliar la dramaturgia con la dirección, de llevarlas a encontrarse. Suena como algo súper obvio que sin embargo en la práctica, no lo es. Aquí lo que hicimos fue trabajar el texto según la puesta en escena, lo que me significó aprender a restar cierta autoría literaria para intentar desarrollar más un trabajo de imágenes que hiciera la obra más poderosa. Suelo estar involucrada en los procesos, pero nunca había participado en una creación dialógica con un director que se concibiera así desde el principio, empujándonos a ambos a remar hacia un norte común. Sin duda ha sido una instancia de mucho aprendizaje, junto a director como Cristián, con una tremenda sensibilidad, cuya aproximación a la obra durante el proceso me ha llevado a plantearme varias ideas de cara a qué lugares explorar de manera más riesgosa y aventurada en un próximo ejercicio de escritura.

¿Qué referentes teatrales tienes/has tenido en tu trabajo?
No sé, es difícil. Como no provengo directamente del teatro, lo de los referentes me resulta un poco caótico. Creo que la obra de Lorca me ha influido bastante como también los cuentos de Juan Eduardo Zuñiga. En ambos tengo la sensación de que se propone la idea de una marginalidad emocional en la que los tiempos de crisis, acentúan la necesidad de aferrarse a un sentimiento profundamente humano o incluso al ideal de una trascendencia errante. Me parece que por ahí va la búsqueda.

¿Qué referentes has tenido en ámbitos que no sean necesariamente teatrales?
Todo lo latino decimonónico, la auto-narración como discurso contemporáneo, la literatura fantástica ligada al terror, el mundo de la infancia, los espacios emblemáticos de la familia, las clases que tuve en la Complutense, la inolvidable experiencia del piso compartido y Dumbo, entre muchas otras cosas.

¿Con qué frecuencia vas a ver obras de teatro?
En promedio, unas 4 ó 5 veces al mes.

¿Con qué criterio eliges qué obra ir a ver?
Intuición, nunca falla.

¿Qué obra (teatral o literaria) te ha volado la cabeza últimamente?
Últimamente no mucho. Sin duda, obras que me conmovieron especialmente fueron “Cuerpo Quebrado” de Natalia Cuéllar y “Self-Criticism” de Constanza Hola. De literatura, los evangelios apócrifos, Camanchaca de Diego Zuñiga y Lugares Comunes de Irene Jiménez.

¿Cómo es el proceso de creación de una obra de teatro?
Parte de un tema o idea que se me mete en la cabeza de forma obsesiva y que luego vomito en un primer texto desde el que comienzo a estructurar la obra. Para mí es un proceso corto e intenso, escribo la primera versión en dos semanas o menos y ya después si me planteo montarla, la trabajo con más tiempo y orden. En “No despiertes a los niños”, la primera idea que tuve fue tratar el conflicto de la paternidad, la crisis y presión que trae el tema de los hijos y como ese fantaseo puede tergiversarse y viajar hacia otros lugares, como son en este caso, las perversiones sexuales. Comento y muestro bastante porque el feedback me es muy importante. Normalmente son mi hermana y mi círculo cercano de amigos los primeros en leer mis cosas, pero creo que terminan odiándome porque los presiono para conversar todo el tiempo de eso y más encima los voy enredando con los cambios en las siguientes versiones hasta que sé que la voy a montar y ahí no les muestro nada más hasta que se estrena.

En la obra A Deo escribiste una historia que se ambientaba e interpretó al aire libre… ¿te interesa explorar y conocer distintos espacios donde mostrar teatro?
Con esa obra hubo una intención de probar algo distinto en términos de espacio y escenografía, pero no funcionó mucho porque era una obra con una temática íntima que se dispersaba en un espacio abierto. Después se rearmó para una pequeña función en Buchupureo, en un lugar semi-abierto, y ahí sí anduvo mejor. El año anterior, ya había presentado una obra en Cobquecura, y al mostrar ésta, me di cuenta de que más que explorar otros espacios, lo que me atraía era exhibir teatro en zonas rurales. Creo que algo distinto sucede, algo que tiene que ver con una autenticidad en el planteamiento y con una recepción desprejuiciada. No sé si es una suerte de nostalgia folklórica o qué, pero me pasa que percibo esa experiencia como si fuese menos “mediada” y con una fuerza estremecedora que aquí siento un tanto ausente. Tal vez es para investigarlo, no sé.

Protagonizada por Ángela Gaviraghi y Gabriel Urzúa, No despiertes a los niños se presentará del 10 al 26 de abril en el teatro del Taller Siglo XX (Ernesto Pinto Lagarrigue 191, Recoleta), con funciones de jueves a sábado a las 21 horas y domingo a las 20 horas. La entrada cuesta 6 mil pesos general y se pueden comprar en este link.

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