Ringo: La noche del solitario feliz

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por A. Abusleme, foto: cortesía Movistar Arena

En las pelis de los Beatles, Ringo siempre se las arregla para vagar solo por ahí. En A Hard Day’s Night (1964), se va a callejear porque sus compañeros de banda le hacen bullying (principalmente por su nariz), mientras que en Help (1965) usa un anillo (ringo-ring, interesante) que pertenece a una secta de fanáticos religiosos, razón por la cual es perseguido durante toda la película e incluso sus propios compañeros de banda, viendo que la amenaza se cierne también sobre ellos, consideran seriamente cortarle la mano. Y qué decir del principio de Yellow Submarine (1968), donde el primer Beatle que vemos es Ringo, solitario, con las manos en los bolsillos, repitiendo para sus adentros: “Nunca nada me pasa a mí”.

Ringo siempre me ha parecido un niño, y esa fue justamente la imagen explotada por los medios (porque no cabe duda de que con los Beatles comenzó realmente la industria de la música pop). Hace unos días estaba revisando el LP recopilatorio 1967-1970 (el azul) y en la fotografía interior tardé un poco en encontrar a Ringo. Aparece hincado, obviamente, entre los niños.

Acá resulta interesante la historia que rodea a la canción que marca su debut como compositor en los Beatles, Don’t Pass Me By (The Beatles, 1968). Cuando la compuso, en 1963, fue rechazada por los demás. Incluso McCartney se burló del asunto cuando le preguntaron, en un programa de televisión de 1964, si Ringo había compuesto alguna canción. Paul tarareó el corito, en un tono claramente burlón (¡vaya compañero de banda!). Tal vez pensaron que la melodía era demasiado simplona, infantil, y la banda no quería proyectar esa imagen.

¿Por qué eran así con Ringo? ¿Porque entró más tarde a la banda? ¿Acaso no era el más sensible de los cuatro? ¿Han visto su reacción ante la muerte de Lennon (comparar con la de McCartney, que ni siquiera se saca el chicle de la boca) y cuando recuerda a Harrison? A mí me parece que una de las mayores virtudes de Starr es que ha podido mantenerse así hasta el día de hoy. Es algo difícil de explicar (y tampoco creo que él sepa exactamente cómo lo hace), pero lo que el público del Movistar Arena vio el pasado martes (¡gracias Skechers por la invitación!), fue a un hombre de 75 años (¡75!), bailando y animando al respetable como si el tiempo nunca hubiese pasado.

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Antes de ir, había que tener claro que no se iba solamente a ver a Ringo. Este venía acompañado de un grupo de cracks, encabezados por Steve Lukather, de Toto (el no-Ringo más aplaudido), y Richard Page, de Mr. Mister entre otros notabilísimos, quienes inauguraron el show con Matchbox (cover de Carl Perkins) para dar paso a la magnífica It Don’t Come Easy. Luego Starr interpretó la pegajosa Wings, publicada el 2012. De ahí en adelante sus compañeros de banda comenzaron a turnarse, interpretando los hits de sus respectivas bandas: Evil Ways, Rosanna, Kyrie (pese a que los temas de Todd Rundgren no son muy conocidos en Chile, pienso que su actitud de ninfa mezclada con Lux Interior, su manera aflamencada de cantar y su vestuario terminaron conquistando al público), que hicieron de antesala del emblemático Yellow Submarine, uno de los momentos más sobrecogedores del evento. Nota aparte para Richard Page, el más sobrio de la banda, quien comentó al ser presentado “Es un agrado estar de vuelta… tengo una historia aquí”, haciendo referencia a su intervención en el Festival de Viña de 1988 (si se la sabe, cante). La banda, compuesta por músicos absolutamente experimentados, sonaba perfecto. Ovacionado en más de una ocasión por el público, Lukather se lució con sus solos de guitarra (tal vez se pasó un poco, dándole a los temas de Starr esa pátina tan pero tan americana del solo interminable) sobre todo en Hold the Line. Tengo la impresión de que muchos de los asistentes no esperaban escuchar este tipo de canciones (Broken Wings, de Page, fue coreada por unos pocos), un verdadero tributo al FM en todo su esplendor, cuando el holding recién comenzaba a echar mano del dial.

Luego de casi dos horas de show, Starr cerró con With A Little Help From My Friends, junto a su banda de viejos amigos, viejos que hablaban del amor, de la amistad y de la paz, ese tipo de cosas que uno ya no se traga tan fácilmente en esta época cínica y egoísta. Qué lindas y simples son las palabras que dan comienzo a esa canción: “Qué pensarías si canto fuera de tono, ¿te pararías y te alejarías de mí? Préstame tus oídos y te cantaré una canción, y procuraré cantar afinado”. Tan lindas y simples que por lo general pasan inadvertidas. ¿Es una disculpa? ¿No es acaso un compromiso de amor y amistad hacia la banda que lo rechazaba por no estar “al nivel”? Starr, acá te esperamos, vuelve cuando quieras, viejo.

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