¿Qué sacamos con bailar?: Triunfo Moral, el nuevo disco de Tus Amigos Nuevos

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triunfomoral
por Cristóbal Carrasco

Ya pasó más de una semana desde que Major Lazer, por lo que me acuerdo, cerró Lollapalooza, y yo creo que a todos los mayores de 25 que estábamos ahí pensamos, por un segundo, lo mismo: ¿qué estábamos haciendo ahí? La última versión de Lollapalooza estaba pensada como una fiesta constante e inalterada. Uno podía pasar de Skrillex a Kasabian sin que hubieran demasiadas diferencias, porque no había espacio para esas sutilezas: lo importante era bailar.

Me puse a pensar en eso porque, dos días después, Tus Amigos Nuevos lanzó su nuevo disco: Triunfo Moral. No sé si importa discutir más sobre las posibilidades de que sean invitados, el próximo o cualquier año, a una versión del festival, que de las chances que tendrían de encajar en él. Tus Amigos Nuevos tiene una vocación de baile tan patente que se demuestran sobre todo en vivo, que sobrevive en sus versiones de estudio y que se vuelve mucho menos difusa cuando las letras cobran más importancia.

Al revés de Astro, por ejemplo, Tus Amigos Nuevos sienten que tienen algo que decir. Por decirlo de una forma tonta, razonan al escribir sus letras, quieren hablar de algo aunque ese algo esté formulado en oraciones que, a veces, parezcan inconexas. Eso es algo que, por el contrario, dejó de lado Ases Falsos, acostumbrado ya a darse a entender.

No es casualidad, entonces, que la canción más movida de Triunfo Moral (“Pateando Petróleo”) parezca una crítica al discurso del esfuerzo (un poco como “Hágalo bien”, de Sinergia), y al mismo tiempo, el coro diga “Soy el Rambo de Atacama”, una frase que Briceño rechazaría por poco seria, y Nusser por poco elegante.

Tus Amigos Nuevos siente que tiene derecho a decir esas cosas, a hablar de la radio BioBío, de Cuevana, del Feng Shui, y a la vez articular algo de sentido en sus canciones, un sentido que, esquivo en ocasiones, se reduce a cierta incomodidad con la forma de hacer las cosas (quizás de decirlas, también), desde las relaciones sentimentales hasta la lógica del trabajo. Todo eso, que puede sonar aburrido para una pista de baile, logra mucho brillo por dos razones: la voz de Diego Lorenzini y el humor con la que construyen sus versos.

Triunfo Moral se debate entre esas dos cuestiones. Que esa oposición sea más radical en su segundo disco (el que se supone debe ser un disco “confirmatorio”) habla mucho mejor de ellos y de sus aspiraciones, a pesar de que, a fines de este año o el próximo, no aparezcan en ningún cartel.

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