Volver al Parque Nacional Torres del Paine

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por Mariana y punto

Hace como quince años fui por primera vez a las Torres del Paine; como era joven y deportista, me aventuré a dar la vuelta larga (conocida como O, que dura unos ocho días de caminata), y pese a que los paisajes eran los más impresionantes que había visto nunca, terminé absolutamente superada, con la espalda y pies reventados, y jurando nunca más hacer trekking. Hasta que de Vértice Patagonia nos invitaron a volver a hacer un recorrido por este Parque Nacional, y acepté el desafío. Fue la mejor oportunidad, porque sobreviví más que digna a las caminatas que emprendimos (incluida una sobre hielo), y comprobé que seguían siendo los paisajes más espectaculares en los que he tenido la suerte de estar.

Me gusta pensar que este viaje fue una nueva oportunidad no sólo para mí, sino para las Torres del Paine también, parque que está recuperándose después del gigantesco incendio del 2011, en el que se quemaron más de 17 mil hectáreas; yo no sabía lo que eso significaba hasta que me tocó caminar más de 20 kilómetros a través de árboles quemados que incluso atravesaban hacia el otro lado del lago Pehoé (que con su color turquesa que parece de mentira es uno de los más lindos del Parque). Caminar entre esos árboles tenía cierto encanto; el paisaje era algo totalmente diferente -y nada de feo- y realmente te hacía consciente de que estabas viviendo la historia de lo que fue ese incendio -y tantos otros-, y no se me ocurre nada más efectivo que eso para aprender a no repetir errores del pasado y ver cómo el hombre va cambiando y afectando el entorno por el que pasa. Además, también en algunos tramos había lugares que naturalmente se habían protegido de las llamas, por lo que se podía apreciar el antes y después y vivir experiencias totalmente diferentes en sólo un par de horas de caminar.

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Para llegar al Parque lo hicimos de una forma que yo no conocía; primero en un catamarán que partía desde Puerto Natales y subía por el Fiordo Última Esperanza hasta el glaciar Serrano (una probadita de lo que veríamos después), y después en un zodiac (al que, para protegernos del agua y del frío, teníamos que subir con un traje de agua/flotador que más parecía de astronauta) que subía por el río Serrano y nos dejaba en Sector Serrano, donde almorzamos y una van nos llevó a Pudeto, lugar donde nos embarcamos en otro catamarán a través de las olas y el viento en el lago Pehoé.

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Nuestro recorrido esta vez fue una parte de lo que se conoce como W; partimos en el Refugio Paine Grande, desde donde caminamos por el día hacia el comienzo del Valle del Francés (por el que no pudimos subir más ya que el sendero estaba cerrado por vientos de más de 90 km/h), pasando por el lago Sköttsberg y llegando hasta el Campamento Italiano en las aproximadamente 2 horas y media de ida y de vuelta que indicaba el mapa. Fue el ejercicio suave y perfecto para sentirme preparada para los 11 kilómetros del día siguiente, donde caminamos con el equipaje en nuestras mochilas desde Paine Grande hasta el Refugio Grey; hace quince años había llegado a ver el Glaciar Grey por el lado opuesto, pero la sensación de que se aparezca ese gigante blanco a la distancia sigue siendo la misma y la más impresionante.

El Refugio Grey es chico y acogedor, como una casa de montaña de película, y es relativamente nuevo; la vez anterior que estuve ahí había otro refugio en la playa, donde los campistas no teníamos acceso a agua caliente; ahora las cosas han cambiado y hay agua caliente para quienes alojan en los campings y refugios de Vértice Patagonia (Paine Grande, Grey y Dickson), lo que verdaderamente se agradece para poder caminar con algo más de dignidad (hace quince años, como la mayoría, no fui capaz de ducharme con el agua a temperatura de glaciar que había disponible).

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Desde ahí hicimos dos de las travesías que nunca habría imaginado hacer. El primer día, navegar en kayak por al lado de icebergs y prácticamente hasta tocar el glaciar, una experiencia que me pareció ideal para dimensionar su magnitud, ya que al estar al nivel del agua y sin motor te das cuenta de lo insignificante que eres en comparación con la naturaleza -sobre todo en un lugar como éste. No niego que algo de nervio me dio, ya que el lago estaba bastante movido por el viento, pero los instructores de Big Foot te daban la seguridad necesaria para confiar en que no iba a ser yo la primera en darse vuelta en el kayak en este lugar.

El segundo día caminamos en hielo sobre el glaciar Grey, lo que creo que fue la experiencia más increíble de este viaje; después de una hora de caminar/semi escalar sobre rocas en La Isla (algo que fue muchísimo más cansador que las 4 horas de trekking con mochila del día anterior, pero que valía la pena), nos equiparon con casco, piolet y crampones en las zapatillas y después de un par de pasos sobre el hielo del glaciar ya te sentías con confianza y con la felicidad de esa sensación única que es estar rodeado de blanco, con el lago Grey, la Cordillera de los Andes y el cerro Paine Grande a tu alrededor. Caminar sobre el glaciar era como hacerlo en un valle pero de hielo, muy surrealista. Acá también los guías de Big Foot iban con una tranquilidad que te hacía sentir segura y te amarraban con arnés de ser necesario para ver más de cerca las fisuras que se van creando en el glaciar.

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Finalmente salimos del parque navegando en la Grey II (embarcación que pronto actualizarían por la Grey III), mirando el glaciar más de lejos, y perdiendo de vista a los Cuernos y Torres del Paine desde la gran playa que hay bajo la Guardería Grey y cerca del Hotel Lago Grey, estupendo lugar para despedirse del parque con una gran vista, esperando volver algún día.

Para alojar en los lugares en los que estuve del Parque Nacional Torres del Paine hay opciones para acampar que van desde sólo arrendar sitio de camping (y acarrear carpas y sacos de dormir) desde 18.400 pesos por noche, o también se puede arrendar carpas y sacos de dormir; las opciones par dormir en refugio siempre es en pieza y baños compartidos, y también hay opciones en las que sólo pagas el colchón (y llevas saco de dormir o ropa de cama, o bien arriendas ropa de cama allá) o cama armada que incluye sábanas, plumón (con el que no pasas nada de frío) y toalla; en los refugios además tienen bar para tomar una cervecita en la noche, y servicio de pensión completa o venta de desayuno y cena (que te permiten no tener que acarrear comida para todos los días en la mochila). En este link pueden revisar todas las opciones y precios de alojamientos y comida en los camping y refugios mencionados, además de paquetes que incluyen la navegación, kayak y caminata en hielo.

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En este álbum pueden revisar más fotos de Torres del Paine.

17 COMENTARIOS

  1. Maravilloso!!! Yo llegué a la base de las torres con mi vieja, espero algún día hacer la O o, al menos, la W jeje. Hermosas fotos y experiencia, Mariana!

  2. Yo hice la O hace un par de años… me la sufrí en un principio por el peso de la mochila y lo duro que puede ser. Pero mi pregunta es: Por qué Vértice Patagonia invitó a algunas personas a hacer una nueva expedición? Porque me gustaría que me invitaran! 🙂
    Saludos!

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