Objeto de deseo: Una mesa de ping-pong

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por Mariana y punto

No tengo recuerdos de cuándo fue la primera vez que jugué ping-pong, ni de cómo aprendí o de por qué agarro la paleta de tal forma. Pero me acuerdo que los años en que vivimos en casa y no departamento teníamos una mesa en el patio y todos en mi familia sabíamos jugar. Yo era la más mala. Me ganaban todos en la casa: mi hermano grande, mi mamá y mi papá.

Pero realmente no era tan mala; sabía jugar y, aunque no ganaba, hacía la pelea dignamente. Jugando con otra gente me di cuenta de que parece que era en mi casa donde eran particularmente buenos, porque me defiendo de lo más bien, y he conocido gente gracias a jugar decentemente ping-pong.

Después nos cambiamos a un departamento y sólo jugaba ping-pong en el camping al que iba de vacaciones, en cualquier oportunidad en la que tenía una mesa por delante y he celebrado especialmente el par de veces en que he carreteado en lugares que cuentan con una para que los asistentes podamos jugar entre música y tragos.

A veces siento que he perdido el don, pero después de un rato de paletear se recupera la práctica sin importar si llevas años sin pegarle a la pelotita. Y la mesa de ping-pong sigue siendo tanto un objeto de deseo que, aunque no tengo a la vista un día en el que volveré a tener casa con patio, igual he considerado tener una en mi departamento.

2 COMENTARIOS

  1. Te entiendo. Siempre fui mala comparada con mi hermano y sus amigos, pero jugando con otras personas, me doy cuenta de que tan mala no soy, si no que juego a un nivel bastante decente. Hasta le gano a hombres que se juran bacanes y al final son unos perdedores. Jiji.

  2. Yo tengo y la amo!
    Si bien en estos días la desarmo porque en el lugar en que la tengo pongo una piscina, realmente me encanta.
    Por ahora no juego tanto porque mis hijas son un poco chicas, pero estoy segura que cuando crezcan vamos a tener los tremendos partidos.

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