Las intenciones de Aníbal Jofré y Diego Ayala, directores de Volantín Cortao

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por Mariana y punto

La historia ya conocida es que Aníbal Jofré y Diego Ayala eran compañeros de curso en la Universidad del Desarrollo, y que la película Volantín Cortao fue el proyecto de título de los 20 compañeros de su generación. A Aníbal y Diego primero les había tocado trabajar juntos casualmente para un trabajo anterior; ahí se hicieron amigos, y cacharon que trabajaban bien, “nos dimos cuenta de que había una afinidad, un tipo de cine que nos gustaba, criterios unificados que es lo más difícil creo yo, y visiones parecidas pero no iguales que lograban en el fondo generar un diálogo que enriquecía mucho lo que se estaba haciendo”, explica Aníbal.

Cuando llegaron a último año de la universidad, cada uno de los compañeros tenía que presentar una idea de largometraje. La idea de Diego ganó. “Uno entra a la escuela sabiendo que el último año tiene que hacer un largo, entonces uno siempre está como dándole vuelta a qué voy hacer, y de los muchos temas que pasaron, el que más me convenció era el de los delincuentes que están en la micro, en la calle, en el metro y uno los identifica, uno los ve, pero no hace nada al respecto, entonces a través de esa inquietud nació el proyecto y fue derivando en lo que es la historia de Volantín. Partió como quiénes son, de dónde vienen, por qué caen a eso, en el fondo uno tiene un montón de respuestas preconcebidas de la marginalidad, de que la delincuencia es cíclica, de que son lumpen… nosotros queríamos ir más allá de todos los datos que están en el inconsciente colectivo”, cuenta Diego.

¿Qué ventajas tiene co-dirigir?
Aníbal: sobre todo ayuda a que el trabajo sea muy dialogado, y creo que el diálogo es la mejor herramienta para que pueda fluir la creatividad, y además de eso cualquier decisión que se tome no es azarosa… cuando uno dirige solo, puede dar por asumido muchas cosas y no reflexionar sobre ellas, pero si yo tengo alguien al frente y viceversa cada decisión tiene que ser consciente y certera. Si hay un azar es consciente, incluso cuando uno hace cosas por instinto o por guata. Eso hace creo que haya un control, una precisión y un rigor en el trabajo bien grande. Hay que entender que si el otro te plantea una idea contraria a la que tú tienes no es un acto ofensivo hacia tu persona.

¿El plan siempre fue hacer una película de ficción?
Diego: La idea partió más híbrida, pero al final fue decantando en algo mucho más ficcionado.
A: Siempre la esencia que se mantuvo son estos dos personajes: el joven delincuente que está en el Sename y la chica que es asistente social y que hay una diferencia de edad, de clase y que a pesar de eso hay una atracción entre ellos y la película es el encuentro de estas dos personas…
D: … que también es el encuentro de dos mundos. Al principio era una historia muy mala medio romanticona de La dama y el vagabundo.
A: En un inicio la película está desde el punto de vista de él, y ya cuando entró el curso a trabajar, la Javi que es una de las guionistas sugirió que en realidad el punto de vista debiese ser el de ella, y creo que fue una decisión que compartimos porque tenía que ver también con sincerar nuestro punto de vista, que ninguno de nosotros era un lanza ni pertenece al mundo de Manuel, y había que transparentar esa inmersión en un mundo que no es nuestro, entonces era mucho más coherente narrar la película desde ella y no creerse los dueños de la verdad.
D: El mayor temor era hacer algo maqueado, medio falso, con cuicos haciendo de flaites…
A: Lo que teníamos más claro era el referente negativo de la película, al que no queríamos llegar, y en ese sentido buscar las estrategias que nos permitieran alejarnos lo más posible de eso, y apuntar hacia lo que realmente nos interesaba: ver el lado humano de una caricatura.

Empezaron a investigar y conversar con gente que trabajaba en lugares que recibían a menores en conflicto -específicamente partieron por Caleta Azul en La Cisterna-, después hablaron con los jóvenes, y finalmente empezaron a buscar a su protagonista en centros culturales que estuvieran en sectores “de riesgo”. Y ahí, en La Pincoya, llegó René, “un cabro súper participativo del centro cultural, músico, malabarista, y era todo lo que queríamos”.

Tengo entendido que ustedes no les pasaban guión con diálogos a René y Loreto.
A: El guión siempre fue muy permeable al casting, a lo que fuéramos encontrando, y cuando los elegimos a ellos reescribimos el guión adaptándonos a ellos… siempre pretendimos que la historia se adaptara a la realidad más que generar una realidad y que fuera todo rígido. Por ejemplo había una escena en la que estaba Manuel jugando fútbol, pero René no jugaba fútbol, nunca le ha gustado, jugaba basquetbol.
D: En el mismo rodaje fue cambiando, nos dimos cuenta en los primeros días de rodaje que ellos generaban una química muy potente, entonces tuvimos que adaptarnos para que no cayera en una película de romance, no queríamos que el centro de la película fuera una relación amorosa.
A: Escribimos guión con diálogo y todo para el equipo, para tener una idea de cómo avanzaba la historia, pero para los actores hicimos un guión distinto, que era una escaleta que narraba sin mucha especificación la historia, quitando todos los diálogos y quitando también cualquier especificidad de movimiento. O a veces uno sabía y otro no lo que iba a pasar…
D: … para buscar reacciones más espontáneas, más naturales.

¿En las escenas en exteriores también estaban metidos en la realidad?
A: Sí, la calle, las micros… elegíamos los recorridos con distintos criterios de cómo pegaba el sol, de que fueran calles de norte a sur, y de las zonas en que estaban esas calles para lo que se veía hacia afuera, pero en ningún minuto pensamos en llenar la micro de extras (más allá de las dificultades de producción), había algo en ese ejercicio que era muy plástico, y queríamos algo más palpable, más de verdad… y bueno hay micros en Santiago andando, hay gente en las micros, vamos, subámonos y grabemos. Pagábamos la BIP y todo.
D: Ingenuamente queríamos pedir permiso y nadie supo qué hacer con nosotros. En el Metro es el único lugar que nos ponían problemas, que está lleno de cámaras y lleno de guardias, descubrimos que había guardias de civil… nos escapábamos de una estación a otra porque el Metro nos cobraba como un millón de pesos pa grabar dos horas.

¿Trabajar con no actores servía para este proyecto o les gustaría seguir?
D: Es una inquietud que surgió en el proceso formativo, en otros cortos también habíamos trabajado con no actores y es una faceta que nos gusta explorar, porque personalmente ese cine que es natural, que uno puede pensar que está pasando, que es realista, me gusta mucho, es el cine con el que más me pasan cosas.

Y están trabajando juntos en una próxima película.
A: sí, estamos en un proyecto: el protagonista es un joven inspector de un colegio particular subvencionado de Estación Central, un colegio con un alto porcentaje de inmigrantes, tiene como 30 años, es un personaje en busca de su identidad, que aún vive con la mamá, y que por circunstancias queda viviendo en la toma con los alumnos, y ahí se desenvuelve la película.
D: Nos gusta meternos en cachos…

¿La idea es contar cómo es una toma?
A: No, en realidad la idea nace como mucho más grande en ese sentido, más amplio, que es un poco esta falsa idea de Chile que estamos construyendo, de que acá estamos al lado del Costanera Center, pero te vai al otro lado del cerro y hay una realidad tercermundista, entonces es como esa contradicción que se produce de presentarse como los jaguares de Latinoamérica y tener el nivel de educación que tenemos, la salud… entonces para hablar de eso nos metimos en lo que creemos -y bueno como sociedad ya estamos acusando eso- el núcleo del problema que es la educación.
D: Estamos tratando lo mismo que con Volantín: que no sea una película panfletaria de la desigualdad… la parte difícil.

Volantín Cortao sigue en cartelera en la Cineteca Nacional de Santiago hasta el 2 de diciembre, y en la función de hoy viernes 21 a las 20.30 horas habrá un cine foro con los directores. La entrada cuesta 3 mil pesos general y 2 mil para estudiantes, tercera edad y convenios.

Foto: gentileza de CinemaChile

3 COMENTARIOS

  1. La vi el año pasado en Valdivia, y me parece una peli, muy intuitiva y asertiva, espero que los chicos puedan desarrollar aun mas los temas que los inquietan en mas cine, estamos a la espera.

  2. Me gustó tanto esta pelicula, me conmovieron las “actuaciones” y creo q lograron tan bien no caer en estereotipos ni historias contadas… ni finales -como el que yo ñoñamente- hubiera querido.
    Ojala la vea la mayor cantidad de gente y sigan haciendo peliculas bacanes ellos dos!

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