Hacerse cargo de las buenas, las malas y las feas decisiones

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lolaV
por Holly

Hace un par de semanas tuve lo que yo pensé sería “la oportunidad de mi vida” laboralmente hablando. Por lo tanto me preparé y jure por la tierra roja de Tara que me la jugaría en esta “súper entrevista”.

Lo que no pensé es que al darle tanta importancia mataría mis nervios, dormí poco y lo hice pésimo. Resultado: no fui seleccionada (obvio). Y aquí vino ese remolino de emociones de cuando “las cosas no te resultan”; culpé al universo, a todas las deidades, al destino, a mi piel sensible que se pone roja por todo, al clima, a la hora, al taco y hasta lo que almorcé. Pero en ningún momento hice el ejercicio de ver que había hecho mal YO, quizás por no querer repasar el mal momento o sentir el ego y autoestima aún más en el subterráneo. No me hice cargo de nada.

Eso hasta que consejos y opiniones externas, algunos más objetivos que otros, incluso un par demasiado honestos me hicieron ver el error. Tenía que hacerme cargo de mis buenas y malas decisiones, no solo de cómo manejar una entrevista, sino también de mis buenas y malas decisiones en la vida en general. Tomar lo bueno y tirar para adelante, pero además ser consciente de todo lo malo y corregirlo.

Porque así como uno conoce sus virtudes y las aprovecha, no sólo basta reconocer tus defectos, también hay que trabajarlos y hacerse cargo de quiénes somos y las decisiones que nos han llevado a ello. Y bueno uno se siente bastante liviana al hacerlo, al menos a mí me sirvió como balde de madurez, puede que un poco tardío, pero todos tenemos distintos tiempos ¿o no? ¿Ustedes han tenido un momento en el que se dan cuenta de que tienen que hacerse cargo de sus defectos?

3 COMENTARIOS

  1. Sí, totalmente de acuerdo, me pasa que a veces me quedo pegada en mis malas decisiones, repasando lo que sucedió y analizando lo que hice mal y eso tampoco es bueno, hay que saber aprender del pasado, cerrar ese ciclo y mirar hacia adelante.
    Sin embargo en temas de pega y de entrevistas creo que tampoco hay que ser tan crítico con uno mismo, muchas veces uno piensa que es perfecto para un cargo pero es en realidad la empresa la que va a ver si eres lo que necesitan. Y muchas veces los factores decisivos no son cosas que uno pueda cambiar o si quedas y el trabajo no era para ti te desmotivas en pocos meses y te quieres ir y eso tampoco es buen negocio para la empresa. Creo que en temas laborales no hay que ser tan exigente, hay trabajos tan distintos como perfil de trabajador, a veces cuesta más encontrar algo bueno pero es importante que sea adecuado a lo que uno busca y espera como trabajador.

  2. Peor es cuando se toman malas decisiones y te culpan a ti. O se quejan de lo miserables que son por haber tomado tal o cual decisión.
    Hablando desde el punto de vista de convivir en pareja. Mi marido es bueno para cagarla y yo siempre trato de ayudarlo dándole mi opinión, y haciendo ver que también sus decisiones pueden traer malas consecuencias. Pero siempre lo dejo elegir libremente. Pero cuando se equivoca me culpa a mí por haberlo dejado. Súper infantil
    Estoy un tanto cansada de que siempre sea la misma cueca.
    En fin… cuando se pone a reclamar y lalalala
    Lo mando a la cresta porque parece no aprender y le digo “ tú la cagaste a conciencia, así que ahora calladito”
    No sé si será lo mejor, pero ya estoy shata

    • Igual entiendo tu punto. Cuando uno interviene mucho en las decisiones de la pareja, uno puede pasar un límite, en que ya no se respeta la independencia o el criterio del otro, aunque desde el punto de vista de uno, sea un mal criterio. A mi me pasa todo el tiempo con mi pololo, aunque yo soy al contrario que tu, cuando veo que va a hacer algo desatinado, trato de hacerle cambiar de opinión, y eso, a la larga yo creo que es malo, porque aunque yo quiero lo mejor para él, se que estoy pasando por sobre lo que lo hace persona, su libertad de elegir. Yo creo que debe haber un equilibrio, uno debe involucrarse, pero tratando de dosificar. Al menos eso hago ahora, aunque me muera de ganas de hacerle cambiar de opinión, me quedo callada y solo le digo lo que pienso. A fin de cuentas no soy su mamá ni el es un pendejo, pero yo tampoco soy su amiga, soy su pareja, y las cosas malas que le pasan también me van a afectar a mi, así que cuando me parece prudente, intervengo. Cuando él me ha dado la gracias al final de todo, y me ha dicho, gracias por no haberme dejado hacer algo estupido, me siento bien.

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