El árbol magnético: la familia y los recuerdos

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#concursozancada por Mariana y punto

La casa de mis abuelos debe ser el lugar en el que pasé más tiempo durante mi infancia; con mis papás nos cambiamos de casa y hasta de país, pero la casa de mis tatas era ese lugar en el que me encontraba con mis tíos, primas y bisabuelas, donde tomaba leche acostada en la alfombra, donde ponían cáscaras de naranja sobre la estufa a parafina, abríamos los regalos de Navidad, nos refugiamos para el terremoto del 85 y donde comía el mejor arroz de mi vida.

Y ahora, pensando en la película El árbol magnético de Isabel Ayguavives, recordé lo mucho que significaba para mí ese lugar, y lo triste que es saber que no puedo volver ni a esa época ni a ese espacio físico.

Bruno es un treinteañero que lleva muchos años viviendo fuera de Chile, la mayoría de ellos en España, y que vuelve a reencontrarse con su familia chilena poco antes de que se venda la casa familiar que él y sus primos frecuentaban cuando chicos. Se reencuentra con todos sus parientes, pero sobre todo con sus primos, con quienes más compartía aventuras y aburrimientos en esa casa, campo, y camino que lleva a un árbol con un curioso poder de atracción, el mismo que tienen los recuerdos y los lugares que han significado mucho para nosotros.

La película El árbol magnético se estrena en cines en Chile este jueves 7 de agosto, y sorteamos entradas dobles para verla en cines comerciales de Santiago entre quienes respondan en comentarios:

¿Qué lugar de su infancia echan de menos?

Abajo pueden revisar la lista de cines de todo Chile en la que darán la película.

Salas Comerciales:
Cineplanet Florida Center
Cine Hoyts La Reina
Cine Hoyts Parque Arauco
Cinemark Plaza Oeste
Cinemark Rancagua
Cinemark Viña del Mar

Salas independientes:
Pavillion Gran Avenida
Normandie
Cineteca Nacional
Radicales

Red Chile Territorio de Cine:
Arica – Uni. Tarapaca
Iquique – Teatro Estibadores
La Serena – Teatro Centenario Coquimbo
Valparaíso – Sala Insomnia Valpo
San Antonio – Centro Cultural San Antonio
Concepción – Centro Cult. Artistas del acero
Puerto Varas – Sala -1
Puerto Montt – Teatro Diego Rivera
Castro – Centro Cultural Castro
Ancud – Museo Regional Ancud
Coyhaique – Cine Municipal
Puerto Aysén – Cine Municipal
Tierra del Fuego – Cine Cerro Sombrero

16 COMENTARIOS

  1. Sin duda, las vacaciones de verano en Conti, tomando once a la orilla del río, en una casa que ya no existe más porque su dueño, mi padrino, falleció… y luego lo que quedó se lo llevó el tsubami…

  2. El campo de mi abuela en San Carlos, donde pasábamos todo el veranos con mis primos. Íbamos a la lechería, a los corrales de los terneros a darles leche, andábamos a caballo, nos bañábamos en el canal y jugábamos a la par con los hijos de los trabajadores del campo.
    Los mejores recuerdos de mi infancia.

  3. La casa de mi abuelo en El Quisco era un poco eso. Ahí pasé los veranos hasta que cumplí 12 y tengo los mejores recuerdos de mi infancia, con mi hermano, paseando por la quebrada y comiendo duraznos que sacábamos de los árboles. De ahí le hicieron unas remodelaciones medias raras y hace algunos años fui de nuevo, me pasé por la reja (sigue siendo de mi abuelo jaja) y encontré que era tan distinta a lo que recordaba de niña 🙁

  4. Cuando era chica mis papás tenían una tienda llamada Trocadero. Estaba ubicada en la, hoy desaparecida, galería el Patio, un rincón mágico en pleno Providencia, donde se juntaban bohemios, artistas y toda la juventud y fauna local que se empezaba a emancipar tras la vuelta de la democracia.
    Adoraba el Trocadero, pues no era sólo una tienda, tenía vida propia; aunque suene raro para nosotros era un miembro más de la familia. Pasaba las tardes después del colegio haciendo las tareas en el mesón, en la época navideña me encantaba atender a los clientes (yo tenía como 7 años) y en verano me entretenía haciendo manualidades varias que después ponía a la venta. Creo que ese fue un lugar que me marcó demasiado, fomentó mi pasión por la creatividad, además se vivía un ambiente de comunidad y barrio dentro de la galería que ahora es muy difícil encontrar.
    La tienda cerró por razones varias, pero siempre que volvía al Patio revivía todos esos recuerdos. Ahora se me parte el corazón cuando paso por ahí y veo como derribaron ese pasaje lleno de magia, de seguro para construir un mega edificio carente y carácter y sin espíritu, pero los recuerdos que me dejó la galería siempre los tendré atesorados.

  5. hecho de menos visitar una playa en el sur con mi abuela, quien me crió. ella inventaba panoramas y dentro de ellos, el mejor era lejos ir caminando, pensando y saltando, mientras recogiamos moras. Recuerdo perfecto mi vasito y mis dedos manchados. que nostalgia…

  6. Yo no participo porque soy de la octava región, pero igual quiero comentar. Yo tengo la suerte que aun existe la casa de mi abuela..lugar donde me crié y pasé años con tíos, primas y abuelos, jugando, arriba de los árboles,celebrando navidades y años nuevos.

    Y a pesar que ya no vivo ahí, toda la familia es atraída por la casa y por mi abuela, nos seguimos encontrando tíos, primos, cuñados en la casa. Es muy lindo, me encanta la casa de mi abuela.

  7. Hola Zancada!
    Solo quiero comentar que tengo muchas ganas de ver esta película porque creo debe ser una evidencia más sobre nuestra necesidad de encontrarnos, de sentir que pertenecemos a un lugar y a las personas nos han acompañado. Creo que mantener los vínculos, es lo que más me importa como persona en el mundo… Muchos cariños.

  8. ¡Hola! El lugar de mi infancia que echo de menos es la casa de mia abuela. Todos los festejos los celebrábamos allí, era lindo.

    Saludos 🙂

  9. Yo había escrito tremendo testamento súper inspirada, llena de nostalgia y desapareció! dónde quedaron todos los comentarios que había antes?
    Qué lata u_u

  10. Yei, encontré mi post por ahí. Decía:

    Cuando era chica mis papás tenían una tienda llamada Trocadero. Estaba ubicada en la, hoy desaparecida, galería el Patio, un rincón mágico en pleno Providencia, donde se juntaban bohemios, artistas y toda la juventud y fauna local que se empezaba a emancipar tras la vuelta de la democracia.
    Adoraba el Trocadero, pues no era sólo una tienda, tenía vida propia; aunque suene raro para nosotros era un miembro más de la familia. Pasaba las tardes después del colegio haciendo las tareas en el mesón, en la época navideña me encantaba atender a los clientes (yo tenía como 7 años) y en verano me entretenía haciendo manualidades varias que después ponía a la venta. Creo que ese fue un lugar que me marcó demasiado, fomentó mi pasión por la creatividad, además se vivía un ambiente de comunidad y barrio dentro de la galería que ahora es muy difícil encontrar.
    La tienda cerró por razones varias, pero siempre que volvía al Patio revivía todos esos recuerdos. Ahora se me parte el corazón cuando paso por ahí y veo como derribaron ese pasaje lleno de magia, de seguro para construir un mega edificio carente y carácter y sin espíritu, pero los recuerdos que me dejó la galería siempre los tendré atesorados.

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