Hay algo de bello en el desorden

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por Riana Fer

Ayer en la tarde decidí hacer un poco orden en mi casa, cosa que hago más o menos una vez al mes. Esto no tiene nada que ver con la limpieza, es un orden de cosas, reorganizarlas, volverlas a su lugar o cambiarlas de lugar si es necesario.

No soy muy desordenada, pero sí creo en la belleza de la imperfección o en la casualidad que tienen algunas cosas dentro de mi casa. Me gusta ese orden un poco caótico, creo que confirman que los espacios son habitados, que se viven. Nada peor que el departamento piloto.

Bueno, no se asusten, esto me pasa principalmente con los libros. Tengo un gran librero donde están la mayoría de ellos, pero tengo otros en mi velador, en la silla de mi pieza, en mi escritorio, en el sillón frente al escritorio, en la mesa de apoyo del living, junto al sofá y mesa del comedor. Esos libros fueron encontrando esos lugares y se fueron quedando.

Sé perfectamente dónde está cada uno de ellos, o mejor dicho sabía. Hoy vino una señora nueva a ayudarme con la limpieza, tuve que salir corriendo y olvidé explicarle eso de mi lógica del orden circunstancial; cuando volví a casa, todo estaba en el sitio que su lógica decía. Se veía tan distinto, mi casa me era extrañamente ordenada y ajena.

6 COMENTARIOS

  1. Me carga el desorden, para mi cada cosa debe tener su espacio (guardado en o puesto en), nada acumulándose como casa de abuela llena de chiches, si no tiene su sitio para mi está sobrando y se va. Me cuesta pensar con tanto ruido visual, me gustan los colores, tampoco busco la casa nórdica que no quieres tocar, pero que esos colores y cosas queden en una “diagramación” atractiva y limpia.

    • Me sucede algo similar pero creo que soy algo exagerada porque el desorden me pone idiota 🙁 No puedo acostarme y sentir que voy a descansar si todo está patas arriba.

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