Viejas historias de familia

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por Margarita*

Mi abuela nació en Aysén a mediados de los años 30. en ese tiempo que la comunicación era bien precaria y la vida difícil. Su familia se dedicaba a la producción ovina y de eso se crió, de carne y de lana. Una o dos veces al año llegaba fruta y era un gran evento, nevaba la mayor parte del año y ni siquiera se conocían las hormigas. De esa época son las historias que yo de pequeña más disfrutaba, relatos mucho mejores y más auténticos que los clásicos libros de cuentos. Mi Caperucita Roja siempre fue mi abuelita y Los Tres Cabritos fueron los corderos que ella arriaba por las tardes sobre su yegua blanca.

Creo que las historias familiares que nos cuentan los mayores van forjando nuestra manera de ver la vida y son parte importante de lo que somos. Muchas veces me pasó que al escuchar las descripciones de viejos tíos veía a mi propio hermano, o al escuchar sobre las maneras de mi bisabuela me encontraba conmigo misma en el espejo. Me gustaba imaginar cómo habría sido yo en ese tiempo, sin juguetes ni amigos para jugar, pues para encontrar a un vecino en los campos había que andar kilómetros a caballo en la nieve. Me imaginaba mirando las estrellas en el verano, cuando a mi bisabuela le gustaba sacar las camas al patio, luego me imaginaba recorriendo caminos en camiones de carga en la época en que no había buses…

Frecuentemente me acometen las ganas de recaudar mis historias familiares y escribirlas. Me encantaría que mis hijos pudiesen leerlas en unos años más y sentir la misma fascinación que yo sentía y que aún siento cuando salen esas conversaciones de sobremesa los domingos sobre la “vida antigua”, como yo le llamaba de niña.

Hace unos días una amiga me mostró un antiguo libro de recetas de cocina que encontró en casa de su abuela y que perteneció a la abuela de esta, recetas de preparaciones que han pasado de generación en generación y lo seguirán haciendo. Escrito a mano, una caligrafía impecable plasmada en hojas coloreadas por el tiempo. Me pareció algo mágico y envidiable; una verdadera reliquia.

¿A quién no le ha contado historias su abuela o su madre de cuando eran pequeñas? ¿A quién no le gustaría seguir comiendo por siempre ese exquisito plato que sólo sabe hacer la abuela? Yo al menos no quiero dejar de cocinar como mi abuela, al igual que ella no quiso dejar de hacerlo como su madre. Porque la historia también se puede contar desde la propia familia y no sólo con fechas y nombres de presidentes en el colegio.

*Si quieres escribir en Zancada, tienes que mandar tu texto con título y nombre con el que quieres firmar a contacto@zancada.com en un mail titulado COLABORACIÓN. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

7 COMENTARIOS

  1. Soy santiaguino, mis padres son santiaguinos y mis abuelos vivieron gran parte de su vida en santiago, luego, la mayoria de las historias son de travesuras de niños que perfectamente pudieron ocurrir el 2013, historias personales y atemporales y francamente bien comunes, no historias como las que tu relatas, yo las escribiria para que no se pierdan.

    Los antepasados de mi mujer vivieron en el sur, y he escuchado con atencion historias similares, me gustan, y muestran como era el Chile que ya se fue. La unica y sencilla anecdota que me mori de la risa fue de mi madre, un dia estaba la tv prendida, dando una teleserie de epoca brasileña, conversaba con ella y en una escena salian los personajes dando vueltas a la plaza de forma interminable, en la teleserie explicaban que antiguamente asi se conocian las personas (era como ir a una disco, pero en vez de bailar, era mirarse de lejos dos personas dando vueltas), todo leeento, inocente. Al escucharlo me sonaba a la prehistoria, muerto de la risa y mi madre me conto que en su infancia era asi, tipo 60s fuera de santiago. Los santiaguinos en gral somos mucho mas fomes y hemos cambiado poco o nada en el tiempo, salvo que antiguamente era todo un evento ir al cine y que la gente se emperifollaba para eso (50s)

  2. me pasa eso con mi papá, el tiene 42 años más que yo, vivió su juventud intensamente y siempre me cuenta sus historias
    me gustaría grabarlo, tiene mucha gracia para contar historias
    me gustaría que alguien escribiera su biografía, para que mis futuros descendientes lo conozcan…

  3. En mi casa mi mamá hace las sopaipillas cuadradas, no redondas. Porque mi abuela las hacía así, porque su abuela las hacía así. De esa manera, cuanta la tradición familiar, se demoraban menos porque no había que volver a juntar los pedazos de masa que sobraban jijiji
    De más era decir que yo también las hago cuadradas.
    Más que historias familiares, yo tengo “herencias” de ese tipo.

  4. Mi abuelos eran del sur, se casaron muy jóvenes y ella, a los 22 años ya tenía 4 hijas. Un año que no recuerdo, cuando mi mamá, la mayor, tenía sólo 5 años, mis abuelos discutieron. Discutían mucho. Convengamos en que tenían la edad legal para casarse, pero eran casi niños y el menor conflicto era un problema de dimensiones atómicas. Mi abuela, un bicho raro en esa época, trabajaba y era muy independiente, y luego de esa discusión decidió dejar todo botado y dale un susto a mi abuelo, que, entre otras cosas, no era nada fiel. Tomó un par de cosas e hizo dedo, para irse a alguna parte. Pero el destino es trágico y a los pocos kilómetros de haberse subido al primer auto que se detuvo éste se desbarrancó y explotó. Los acompañantes se salvaron y ella murió quemada. El diario local de la época registra los detalles, pero prefiero no ahondar. Este hecho trágico marcó la existencia de mi familia. Mi abuelo se deprimió, vivió toda su vida triste hasta el último segundo de su existencia. Mi mamá y mis tías crecieron con un vacío y (perdonen ellas) cierta imposibilidad de amar sin condiciones. Sin embargo, a pesar de todo, y a duras penas, han sabido ser madres. Y buenas madres.
    Hace un par de años, a la muerte de mi abuelo, entre sus cosas, encontramos el recorte de diario de ese hecho aquél, casi intacto, a pesar de tener más de 50 años. Recién ahí entendí como la historia de ese día de noviembre fatal condicionó nuestra vida familiar y explica muchos vacíos, varios de ellos míos. Pero no nos hemos quedado sólo con la pena. Mi abuelo se murió sin haber sido perdonado por su primer amor y me imagino su karma. Por eso… intentamos perdonar, intentamos vivir la vida al máximo, porque es demasiado frágil, intentamos ser buenas madres, hermanos, hijos…
    Una vez escuché a alguien reclamar por la injusticia y otra persona le respondió “la vida, es, por definición, injusta”. Aún así nos da oportunidades, muchas oportunidades, para ser felices. A mí me ha dado muchas, no sé si las he aprovechado. Debo trabajar en eso.

  5. Hace algunos años, para un trabajo de la U – estudié periodismo – nos pidieron que entrevistáramos a alguno de nuestros papás para ahondar y conocer cómo vivieron la dictadura. Yo tenía nociones de que mi viejo había estado detenido, pero sentarme a conversar con él de esa experiencia realmente me hizo entender muchas cosas de mi familia. A partir de eso, me he sentado muchas veces con mi abuela materna para que me cuente cómo era Santiago en los ’40. Ella vivía frente al parque o’higgins, así que las historias de lo que pasaba en el barrio eran súper interesantes y entretenidas, además que tengo la suerte de que mi abuela tiene excelente memoria y no se le escapa ningún detalle.

    pd. qué bonito post <3

  6. cuento de dos cafes descafeindos::
    Cuento de dos cafés descafeinados es la conversación de dos chicas en una tarde de café.
    Hablan sobre las relaciones, el amor,
    la sociedad, la dificultad para ser madres,
    la cultura de la imagen, las bodas,
    la relación entre amigas, disney… ¿Quieres saber lo que piensan?Cuento
    de dos cafés descafeinados es una lectura ráp ida y amena escrita a modo de diálogo
    en lenguaje coloquial repleta de situaciones, ejemplos y bromas. Un rato divertido que te hará reflexionar.
    Un trocito de vida hecho palabras.

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