La última estación: la vida en un hogar de ancianos

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por Mariana y punto

Esta semana una amiga me invitó a ver La última estación al cine del Espacio Radicales. Yo solo sabía que se trataba de un documental y que esa sala de cine es bien chica, cómoda y se puede tomar cerveza. Pero La última estación resultó ser uno de los documentales más tristes y bonitos que he visto; con mucha paciencia sus directores Catalina Vergara y Cristian Soto se dedicaron a seguir la vida (y algunas muertes) de un grupo de abuelitos que llegan a vivir a un hogar de ancianos, y a registrar detalles que creo que la describen muy bien.

Muestran cómo quedan después de que los llegan a dejar (o “a botar”, como reflexiona uno de ellos en su programa de radio), el silencio que hay en el hogar, lo mucho que se parecen a los niños en algunas cosas (los juegos que se inventan solos, las relaciones de amistad, las explicaciones sobre detalles de la vida), las dificultades que tienen al moverse o al comunicarse o al ir al doctor o al tratar de hacer una llamada en el teléfono público.

Toma un rato acostumbrarse, conocer a los protagonistas y poder ver, al menos por un rato, qué es lo que pasa entre los ancianos que viven en un hogar, y descubrir a personas preciosas como el señor que limpia las hojas del jardín con todo el tiempo del mundo, las dos amigas que comparten pieza y deben integrar a una nueva compañera al hogar, o al señor que hace el programa de radio y que con su grabadora portátil graba y comparte los sonidos de su voz, del mar y de las montañas.

La están dando durante esta semana en el cine Radicales: miércoles, jueves y viernes a las 19.30 horas, sábado y domingo a las 17.30. La entrada cuesta 2.500 pesos ó 3 lucas con una cerveza. También la venden en DVD en la tienda que está ahí mismo en Monjitas 580.

5 COMENTARIOS

  1. Es bellísimo este docu! yo lo ví en Valdivia cuando estuvo en el festival, y justo me tocó que al lado mío se sentó una mujer mayor. Terminamos las dos llorando… aunque es un poco demasiado triste el seguimiento de los personajes en la casa, finalmente no se queda pegado sólo en el miserabilismo, y eso es bacán. Cuando uno llora es más bien de emoción por las bellas reflexiones sobre la muerte y sobre la vida, que se plantean los abuelitos… es muy bonito!

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