Libros: Recuerdos de hace un cuarto de hora, de Jorge Ibargüengoitia

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por Cristóbal Carrasco

Hay dos fotografías de Jorge Ibargüengoitia que siempre recuerdo: la primera es en blanco y negro, e Ibargüengoitia aparece en ella tirado sobre el pasto, bostezando solo, sobre una mochila de excursión que no parece pertenecerle. El bostezo sí es suyo. Hay, en muchas de sus obras, un espacio que antecede a la acción, y que es tan importante como mínimo. Sí lo que resalta en la ficción de Jorge Ibargüengoitia es esa perdida capacidad de entusiasmar y conmover, el paso hacia ella debe ser inmediato. Álvaro Díaz lo explica mucho mejor: “Si hubiese sido un equipo de fútbol, Ibargüengoitia se habría saltado el mediocampo para llegar pronto al área.” Los bostezos y los aburrimientos son esa defensa.

En la segunda imagen, que es la que aparece en la portada de Recuerdos de hace un cuarto de hora, la selección de crónicas publicadas por la editorial de la Universidad Diego Portales, Ibargüengoitia se ve viejo, mirando algo enojado un río cualquiera, probablemente el Sena. La escena es medio anticipatoria de una de las secciones del libro. En ella, unidas bajo el título “Lo que vi, lo que no vi”, Ibargüengoitia reflexiona sobre sus viajes y sobre todo, acerca de lo que no hace en ellos. En una visita a Londres, recuerda por qué dejó de visitar todos los sitios turísticos y visitó cuatro veces el meridiano de Greenwich. En “Revolución en el jardín”, su clásica crónica sobre su visita a La Habana, se queja algo resignado: “Salí a la calle, porque era demasiado tarde para cenar en el hotel”. Esa impresión tiende a contradecir su vida de boy scout, sus movimientos por el mundo y, por sobre todo, su muerte en un avión sobre Mejorada del Campo, a las afueras de Madrid. El impulso vital que poseía parece quedar afuera de su visión como cronista. Todo pasa pero afuera, todo pasa porque no quedaba otra.

Y esa es, probablemente, la fórmula por la que el humor en Recuerdos de hace un cuarto de hora es tan propia y sea él quien más reniegue de ella, o lo haya hecho sentirse incomprendido. Viene de la voz de un mexicano medio cansado de su país, medio aburrido de moverse y a la vez impulsado a hacer de ese cansancio un acto de rebelión sobre lo que se ve y lo que no se ve, sobre lo que se visita y lo que no.

(Este tema –y mucho más– está en la Edición Hombres Zancada nº1, presentada por H&M, y que puedes ver completo aquí o en este otro link).

1 COMENTARIO

  1. Seguramente soy yo, pero me costo leerte…un poco, bueno, bastante. Ademas de eso, se agradece el aporte ” no superficial” que haces. Te leo casi siempre.

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