Belén, Chile y la vergüenza del aborto penalizado

Publicado el Martes 9 de julio de 2013 | 83 comentarios | Archivado en : SOCIEDAD

galuchaaborto
por Natalia Flores, Secretaria Ejecutiva del Observatorio de Género y Equidad

Hace un poco más de un año las organizaciones de mujeres transitábamos por los pisos del Senado. Con carpetas en mano interceptábamos a los honorables en los pasillos para dialogar con ellos. Armadas de argumentos mostrábamos cifras, citábamos a la Organización Mundial de la Salud, (OMS), ejemplificábamos con la experiencia de Uruguay y exigíamos volver a una legislación previa a los amarres de la dictadura.

Fuera del edificio del Congreso, los salones de las universidades se atiborraban y las campañas en internet trataban de romper el cerco comunicacional. Casos como el de Karen Espíndola volvían a la palestra y quienes hemos luchado por décadas por los derechos humanos de las mujeres apostábamos que era posible avanzar.

No era menor el escenario. Por primera vez en 20 años, tres de la casi cincuentena de proyectos presentados para despenalizar el aborto a partir de la llegada de la democracia, tenían la posibilidad cierta de traspasar la votación de la idea de legislar. El senador del Partido Socialista, Fulvio Rossi y la entonces senadora de la UDI, Evelyn Matthei, habían sacudido la trastienda política presentando una moción parlamentaria que pretendía permitir la interrupción legal del embarazo en casos de riesgo de vida de la mujer e inviabilidad fetal. A ésta se sumaba otra moción ingresada por los senadores del PPD, Guido Girardi y Ricardo Lagos Weber, desempolvando además otra moción de autoría del senador del Partido Socialista, Camilo Escalona que planteaba volver a la antigua legislación del aborto terapéutico del Código Sanitario.

Dichos proyectos y su posibilidad de discusión encontraron a la sociedad civil articulada. El Observatorio de Género y Equidad, Corporación Humanas y Miles Chile sumaron y restaron, sólo pocos votos decisivos, los de siempre, los de la Democracia Cristiana y liberales de Renovación Nacional. Las mujeres en los partidos políticos se activaron y los gantes de salud dieron su opinión.

A costa de todo pronóstico y del esfuerzo de las organizaciones llamadas pro-vidas la idea de legislar de los tres proyectos fue aprobada en la Comisión de Salud del Senado.

No me cuesta mucho recordar los viajes a Valparaíso, las apariciones en prensa, la movilización generalizada que llegó a exigir que a pesar de los constantes retrasos para que estos fueran votados en sala llegáramos a ese día. El contexto fue una galería repleta de la Sala del Senado, donde las organizaciones fundamentalistas-religiosas mostraban fetos de plástico a los honorables parlamentarios. Lo que siempre me quedará en la memoria fue el anuncio de los senadores, que momentos atrás nos habían dicho que aprobarían al menos el proyecto de Rossi-Matthei, votando en contra de la idea de legislar. Perdimos.

Mientras veo en el noticiero la historia de Bélen, una niña de 11 años violada reiteradas veces y embarazada producto de esa violencia, la legislación chilena la obliga a llevar a termino un embarazo del que no está preparada física ni emocionalmente para asumir y en el que nada tuvo que ver su consentimiento, recuerdo y escribo, es que la rabia sólo puede ser exorcizada a través de estas palabras.

Porque tengo presente el gesto técnico de esos senadores, que post un discursoadornado del derecho a la vida, movían sus dedos para apretar el botón con que nos decían NO. A las mujeres chilenas que podrían morir por embarazos que ponen en riesgo sus vidas les decían NO. A mujeres que tiene fetos muertos en sus vientres les decían NO. A las muchas mujeres y niñas que sufren violencia sexual y deben llevar a termino un embarazo les decían NO. Esos-as senadores tuvieron la oportunidad de permitir una discusión callada por décadas bajo la excusa confesional de la divinidad religiosa y la negaron.

El aborto terapéutico y/o interrupción legal del embarazo debe considerarse aplicable en nuestro país. Su prohibición constituye un grave problema de salud pública y su penalización, una violación a los derechos humanos de las mujeres y de injusticia social, pues son las más pobres quienes se ven mayormente afectadas cuando deben llegar a término con un embarazo que pone en riesgo su salud física y psicológica.

El Estado Chileno debe hacerse cargo de esta situación y avanzar en una legislación justa, que legalice la interrupción legal del embarazo, al menos por las tres causales que incluyen estos proyectos de ley: enfermedad grave de la mujer, inviabilidad fetal extrauterina y embarazo como consecuencia de una violación. Hoy co-existen dos mociones parlamentarias: una en el Senado y otra en la Cámara de Diputados-as que pretenden despenalizar el aborto por estas tres causales.

Espero por una parte, que no tengamos más casos como el de Karen Espíndola o el de la pequeña Belén, para que el debate se retome nuevamente en Parlamento y, por otra, que no obliguemos a ésta última llevar a termino un embarazo producto de una violación como ya sucedió hace una década con una niña de 9 años en la misma condición.

Foto: Tomás Vivanco vía Flickr

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