Ojos que no ven, niños que resienten: Bully

Publicado el Sábado 2 de marzo de 2013 | 30 comentarios | Archivado en : BIENESTAR, CINE, MUNDO, NIÑOS, OPINIÓN, SOCIEDAD


por Diego Sepúlveda*

Para los adultos marzo se nos presenta como un monstruo de proporciones medievales. Los monstruos dan miedo, pero me pregunto si realmente son tan grandes que incluso nos deja ciegos frente a lo que otras personas viven el mismo mes con la vuelta a clases. Ayer mientras veía el documental Bully (2011), resultante de la unión de varios grupos contra el abuso escolar de Estados Unidos, tuve la sensación de que muchas veces no vemos realmente lo que decimos ver. No es miopía. No es algo que no podamos ver porque está oculto en una maraña de significados y códigos que nos son ajenos. Sucede delante de nuestros ojos, es una realidad tan cotidiana como brutal, lo que la vuelve aún más frustrante. A medida que avanza el metraje no dejamos de preguntarnos por qué es que nadie hace nada. Bully es derechamente un llamado a la acción y la introspección.

Mientras veía la película me sentí culpable. Recordé las veces que en primero o segundo básico molestaban a ese niño que llevaban con la psicopedagoga todo el tiempo. No me gustaba su cara, ni su actitud, creía que era tonto y yo era más tonto si estaba cerca de él y me preocupaba de no acercarme más que para reírme o sumarme a la risa cuando otros niños le hacían algo. 7 años tenía yo y ni idea de lo que hacía, tampoco mis padres ni mis profesores. Bastó que mi madre me viera una vez secundando la risa de todos quienes se reían de él, para que todas mis intenciones de abuso se detuvieran en ese instante. Una mirada de reproche, de decepción, de enojo. Inmediatamente supe que estaba mal, pero muchos de mis compañeros siguieron. Nadie los miró; ningún padre, ningún profesor. Todos —más bien— se escudaban diciendo: “Son niños, esto es lo que pasa en un colegio de hombres”.

Cuándo uno ve un documental como Bully cabe preguntarse si somos capaces de reconocer nuestras propias huellas en el asfalto, quiénes somos y cómo queremos ser recordados. Ralph Waldo Emerson habla del éxito diciendo que uno puede sentirlo cuando se ha ganado el afecto de los niños o dejado una condición social libre. Quizás muchos de nosotros no nos sintamos capaces de lograr una meta como esa, pero al menos convengamos que nos corresponde la responsabilidad indeleble de proteger que nadie haga lo contrario.

*zancudo invitado

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