La micro te hace grande

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por Cristóbal Bley*, foto: Raimundo Valenzuela

La primera vez que me sentí adulto fue cuando por fin me subí solo a una micro. Tenía 11 años, estaba terminando sexto básico, y ya no quería irme más en el transporte escolar. Había un par de niños más grandes que nos molestaban y nos decían cosas, a mí y a mis hermanos, y aunque trataba, no siempre podía defenderme. Me daba mucha pena, aunque yo creo que más bien era esa rabia que, de tanta, luego se transforma en tristeza. Una especie de humillación, basada más en la impotencia de estar indefenso que en la vergüenza misma de ser molestado. Salir de clases, el momento favorito de cualquier escolar, era para mí el peor del día.

(Este artículo –y mucho más– está en la Edición Especial Aniversario Zancada #7: Popular, que puedes ver aquí o descargar en los siguientes links: en PDF o en .zip).

Antes, ese mismo año, mi mamá un día no me pudo ir a dejar a la casa, así que paró una micro, pagó el pasaje, me dio un beso y me dijo: ya sabes dónde bajarte. Cagado de miedo, me senté en el primer asiento, cerquita del chofer, mirando todo atento por la ventana. Era la primera vez que estaba solo arriba de una micro, y me sentía más grande, mucho más bacán que mis compañeros que nunca lo habían hecho.

Una tarde de diciembre, poquito antes de salir de vacaciones, me aburrí del transporte y los imbéciles que nos molestaban. Le dije al tío Humberto, el viejo chico pelao que manejaba el furgón, que me quedaba a hacer un trabajo. Salí del colegio por la otra puerta, con las manos sudadas y como con una polilla de emoción en el pecho, que no me dejaba respirar bien. Me metí entre todos los grandes de la media, los que andaban sin cotona, tenían un poco de barba y se iban a fumar a la esquina. Hice como que sabía donde iba, caminando firme y mirando al frente, pero por dentro estaba a punto de ponerme a llorar. Llegué al paradero, se detuvo la primera micro y me subí junto a casi todo el mundo. No era la micro que iba a mi casa, caminé como una hora bajo el sol, pero en ese momento empecé a sentir que dejaba de ser un niño.

Nunca antes —y pocas veces después— me sentí tan grande como esa tarde de iniciación micrera. Y con los años, las micros fueron el espacio en el que fui creciendo y conociendo la vida, pero la vida real. Esperando una, a los catorce y después del colegio, sufrí mi primer robo. Fueron dos cabros que me vieron con cara de pollo, me acorralaron contra el paradero y, sin ningún arma en sus manos, me convencieron con su choreza para que les entregara mi discman y la plata que había en mi billetera. Me dijeron que ellos eran malos, que eran los que salían en la tele tirándoles tiros a los pacos, echándolos de su población. Les creí. Aunque tan malos no eran: al menos tuvieron la amabilidad de devolverme el disco que estaba dentro.

Arriba de una micro me robaron por segunda vez, y de nuevo un discman. El tipo, que me apuntó con una pistola en uno de los asientos de atrás, no fue tan gentil y se lo llevó con disco y todo. En una micro, también, vi a otra gente ser robada. Vi a un lanza sacarle el collar del cuello a una mujer, y salir corriendo por la puerta con la complicidad del chofer. Y vi tantas otras cosas, terribles y reales, que terminaron por reducir mi ingenuidad y acabar con lo que quedaba de inocencia.

Vi a una señora gritar porque una mano estaba tocándole su cuerpo, y vi a varios hombres llorar pidiendo plata, destrozados por no encontrar un trabajo. En una micro me tiraron una botella cuando iba al estadio, justo al pasar frente a los hinchas del equipo contrario. El vidrio se quebró entero, unos niños lloraron y un señor mostró sangre en su cabeza. Sentado en una micro amarilla, con las rodillas presionando el asiento de adelante, estudié para los exámenes de primer año de universidad; y parado en uno de sus pasillos, con las manos apestadas a fierro, miraba a niñas bonitas que nunca volvería a ver. En las amarillas crucé Santiago en veinte minutos, a 80 por hora corriendo en tercera fila, y también soporté la insoportable espera de cruzar la Alameda con el Paseo Ahumada, lugar donde el 80 por ciento de las micros de Santiago pasaba a recoger pasajeros.

Nunca disfruto más de un beso de mi polola que cuando me lo da en una micro, viendo como el resto nos mira envidiosos, mientras el frenar y acelerar nos aprieta seximente de un lado para otro. Y nunca odié más mi soledad que cuando veía, sentado en mi asiento, a dos mocosos sensuales intercambiando sus lenguas al otro lado del bus. Muchas veces me senté al lado de niñas bonitas, incapaz de decirles ninguna palabra, ni siquiera de mirarlas a los ojos, pero satisfecho con el pequeño momento en que nuestros muslos se rozaban.

En las micros tuve miedo, cuando subían pandillas enormes haciendo ruido y metiendo susto, pero también me sentí seguro, escapando de los peligros de la noche. Arriba de esos buses largos, metálicos y sucios leí los libros más importantes de mi vida, y escuché los discos que formaron mi identidad. De vuelta a mi casa, con la cabeza pegada en la ventana, mastiqué la pena de que terminaran conmigo en una plaza; y también pensé, una y otra vez, en las palabras que ocuparía para decirle a mis viejos: me voy a vivir solo.

Pero estoy seguro de que el momento micrero más decidor no lo viví arriba, sino bajándome de una. Un miércoles de verano, después de carretear, la micro me dejó en el paradero más cercano a mi casa, que quedaba a varias cuadras de distancia. En una de ellas, afuera de una casa, una señora de la edad de mi madre regaba el pasto con mucha agua. Al pasar a su lado, me preguntó qué hacía tan tarde por ahí, aunque yo también me preguntaba lo mismo sobre ella. Pero luego me dijo que disfrutara, que viviera la vida, porque ella desde que se casó, a los quince años, no lo ha podido hacer. Mira lo que estoy haciendo, me dijo. La vida es así, y dibujó con su dedo, lentamente, una trayectoria parabólica que descendía al final. Disfruta la vida, dijo, deseo de corazón que seas muy feliz.

*zancudo invitado

62 COMENTARIOS

  1. Wooooow!
    Todo lo que esta escrito ahí a todos (supongo) que les a pasado. El sentirse grande por irse solo en la micro, o los robos, los viejos verdes que andan con las manos locas…uuuf involuntariamente sufrí un especie de flashback al leer.

    Ahora ya no me gusta mucho la micro, hace un par de días atrás publique un llamado de utilidad a usar un poco de desodorante, sobre todo en verano… (es que es tan desagradable en esta fecha)

  2. La primera vez que me subí a una micro sola llegué bien al lugar que quería, pero al regreso tomé la micro hacia al oriente en vez del poniente y me alejaba más y más de mi casa sin saberlo. Le pregunté al chofer y fue tan amable que me ayudó y me dijo donde esperar la otra… buen aprendizaje

  3. que te roben en la micro, a quien no la ha pasado? una vez a mi primo le robaron el discman con CD incluido… la parte tragicomica es que el disco en cuestion estaba autografiado

  4. está súper bueno el texto, creo que es parte de la transición entre la niñez y la adolecencia la experiencia en la micro.
    Pero a pesar de toda la magia, debo mencionar que fue en las micros, entre los 12 y 14 años, donde pasé los peores miedos con los viejos mano larga. Cómo es posible que ni se arrugaban cuando te metian la mano bajo la falda del colegio, y una como pollo asutado bajandose de la micro o cambiandose de puesto sin poder ni gritar por el shock de la violación del espacio intimo.
    En todo caso, lo mejor era ir en la micro después del cole con los amigos, tirando la talla.

    • que espantoso!, o los que se sobajeaban en el hombro de una cuando vas sentada. Una vez una amiga iba en una micro casi vacía y el wn iba masturbandose mirandola a ella.

  5. ooohh.. que buen relato!
    Yo tb me fui sola por primera vez en micro en 6to básico y me ha pasado muchas de las situaciones!
    Reconozco que me gustaría usar la micro como opción y no como una obligación si. Las eternas esperas y el ir apretado, fomentan mis ganas de que cuando empiece a trabajar, comprar un auto.
    saludos !

  6. Me encanto tu post, y aunque yo no me subí a una micro tan chica, porque mi colegio quedaba super cerca de mi casa así que me iba caminando, igual me emocione con todas las situaciones que describes ya que son muy cercanas.

    saludos

  7. recuerdo mucho antes de las amarillas… pila nuñoa… subía un tata con un canasto lleno de mani y ofrecia asiento por asiento un cachito con mani para degustar !!!
    que lindo recuerdo de infancia

  8. Me gustó el texto pero a diferencia del autor, me da asco que las parejas AL LADO MIO se besen (de forma no piola) o peor, hagan ruidos y saquen las lenguas. Acotar también que el 99,9% de las veces, esas parejas NO SON SEXYS, asi que otro aprendizaje, no todos en la micro te envidian y probablemente a muchos les da asco, respeto por el vecino amigo.

    • es que nosotros somos sexis.
      no, mentira, broma.
      pasa que sí de repente hay parejas que puedan no ser sexis o como sea, pero loco darse besos es una súper mega expresión de amor, no entiendo realmente cómo puede violentarlas o ser una falta de respeto eso, es como que en el metro o en la micro es obligación andar enojado y triste.

      a mí me violenta más el mal humor y la violencia que reina en el transporte, no puede ser que acepten los golpes y estar colapsados pegados todos, gente que incluso se pelea, y que les parezca ofensivo gente dándose besos.

      • Es que los besos están bien, pero los shupetones, la saliva, ver la lengua de lso besadores, entre otros y en tu cara mas encima es incomodo po¡

      • en general da lo mismo que expresen su amor en la via publico pero horario punta, en el metro, como en una lata de sardinas … no se , acaso el apretujamiento y empujones los excita?

      • Igual cuando uno esta sola mira queriendo decir: No coman pan delante de los pobres o no?
        También depende de quien de el beso, si el tipo es guapo, osea!

    • Yo prefiero mil veces a la pareja besuquiandose, aunque no se vea sexy, que la mina que se lima las uñas o se las corta… eso si que na´ que ver!!

    • Un día en el metro vi lo siguiente: mi tren quedó detenido frente a otro y miré sorprendida y con envidia como una pareja se besaba apasionadamente y con la lengua loca. Se separan y quedan unidos por un hilo de baba!!!! que se cortó como a los 15 cm!! Fue una sensación de risa-asco-sorpresa-vergüenza ajena tremenda.

    • Sii!, concuerdo contigo, un besito, un abrazo piola, lindo. Pero esos besos succionadores, y lenguas para todos los lados, iugh.

  9. Yo también empecé a andar en micro a los 10 años, en 6to, con mi hermano 2 años menor. Y me robaron, los tipos se pegaban a mi, etc. Empecé a andar cuando todavía eran las micros largas y las liebres. Cuando siempre te tocaba el mismo chofer y lo reconocías por los adornos de la micro. Cuando las micros no tenían salida por atrás y si te quedabas al fondo cagabas, jaja. En Stgo es bacán andar en micro, bueno excepto cuando te toca taco y hace calor.

  10. Yo empecé a andar en micro a los 14 (si, la wna vieja ya) pero es que antes andaba a pie a todas partes porque siempre me ha gustado caminar.Ahora practicamente no ando en micro porque uso bicicleta, pero si me llego a subir a una micro me encanta, es mucho mejor que el metro y además tengo una obsesión con pensar en que van pensando los pasajeros aajaja. Sobretodo cuando se suben weonas medias cuicas y quedan mirando raro a los artistas callejeros.

    • Me chocó tu comentarios sobre los “cuicos”… Si yo dijera “unos weones medios pobres que se quedan mirando con cara de blablabla” me matan a deditos pa abajo… Igual yo uso el termino ene, pero no me habia fijado lo MAL que suena “pal otro lado”

  11. Yo también me fui en furgón al colegio hasta bien grande 14 o 15 y uno de mis grandes actos de rebeldía fue precisamente comenzar a viajar en micro. Mi papá era extremadamente sobreprotector y recuerdo que discutiendo por el tema una vez hasta me hecho de la casa¡. Igual de a poco se acostumbro (creo que para el era símbolo de poco mas que me había vuelto una “suelta” xD. La primera vez me sentía tan adulta, miraba para todos lados y me decía “voy sola”, jajaja lo recuerdo super claro.
    Lo mas heavy que he visto fue cuando a un niño se le quedo el pie en al rueda y gritaba de dolor, fue horrible, cuando una abuelita cruzó con luz roja y la cara de pánico del chofer que se da cuenta 1 segundo antes y afortunadamente no paso nada, cuando tomabas al micro llena de barristas que van al Nacional, salpicando cerveza y marihuana, y el asalto, que también me paso (nunca irse al lado de la ventana, ahí te arrinconan y te roban)
    Saludos¡

    • Yo me fui en furgón hasta cuarto medio, y si existieran los furgones escolares en la universidad todavía estaría usándolos… tener padres ultra aprensivos es una lata.

  12. Me emocioné…tantos recuerdos arriba de las micros.
    Lo que más lamento del transantiago es la interrupción de la lectura para tomar otra micro que me deje en mi destino.

  13. Yo crecí en un pueblito del Sur, entonces allá no era muy habitual el uso micro y como yo vivía en el centro, me iba caminando a todas partes, pero el relato como esta escrito igualmente me lleno de emoción 🙂

    Feliz Miércoles amigas de Zancada !

    • me pasa lo mismo, mis primeras experiencias en micro fueron cuando me fui a la “ciudad” a la U, y obvio que el primer año me robaron el celular y la billetera como 3 veces porque no tenía cultura de micro XD

  14. Muy buen relato… me encanta cuando relatan una cosa tan simple de manera que te llega a emocionar. Eso hacen los buenos escritores.
    Ojalá haya más post como estos!!

  15. Me encantó tu relato. Más porque me sentí tan identificada y nunca había analizado lo que IMPLICA viajar en micro. donde pasas 2 horas de tu vida a diario y donde siempre hay anécdotas. Es, para mí, casi como una escuela ambulante, que te enseña a sobrevivir en la indómita ciudad. Cuando suben pandillas a la micro, de forma automática aprieto mi bolso al cuerpo. Cuando la micro frena bruscamente, me preparo mentalmente a recibir alguna señora que no se sujetó bien y caiga sobre mí. Cuando voy leyendo, de vez en cuando miro por el rabillo del ojo para saber si el de al lado sapea lo que leo disimuladamente. Cuando escucho música, siempre busco que sea acorde al paisaje y a lo que voy sintiendo en el momento. Cuando vas apurada y coincides con todos los semáforos rojos y pasos de cebra con abuelitas. En fin, lo mágico de tu relato, es que analiza tan bien una situación que vemos casi rutinario y no nos damos cuenta que está pasando y lo estamos viviendo ahora, por eso escribí lo anterior porque esos pensamientos siempre los tengo pero nunca me detuve a examinarlos.

  16. Falto la experiencia subliminal de dormirse en la micro cuando:
    A)te despiertas justo antes de donde te tienes que bajar
    b) Te despiertas justo despues y medio atontada vas viendo donde te puedes bajar
    c) te despiertas babeando!!

  17. Me fascinó!. Amo la micro, irme cerquita de la ventana el viento en mi cara, mirar las calles, las personas. Pensar de la vida, respuestas, mientras una buena canción me acompaña. Prefiero irme en la micro sola, para ir tranquilamente pensando de todo.
    Heeeeeeeermoso post!

  18. yo andaba en metro, me quedaba mas directo ya rapido, empece a andar sola como a los 11 o 12 pero en metro, en micro fue mas pailona por irme con alguna compañera que seguia mas largo y el metro no le servía…. asi que en micrito.
    A la U iba a pata porque esta literalmente en la verda opuesta al depto donde crecí, y a trabajar si que iba en micro.
    Nunca me robaron nada ni me tocó ver lanzazos, menos mal.

  19. Leyendo todos los post me doy cuenta de la suerte que tengo, viaje por decadas en el bus sin que me robaran nada, a lo mejor tengo pinta de pobre, ajaja.

    El relato me encanto, esta bien escrito y las emociones florecieron al recordar las mismas memorias colectivas.

    No recuerdo a que edad empece a tomar micro sola, a los 12 parece, porque no me gustaba en furgo escolar y me sentia tan grande e independiente.

    Hecho de menos al vendedor ambulante…es algo tipico de Chile aceptar a vendedores en transporte publico. Disfruten, que no todos en el mundo se pueden comprar un snack.

  20. A mi no me gustan las micros, me gusta andar en trolley. Las micros de stgo. van llenas de flaites irrespetuosos con su música desagradable, bueno, acá igual.

  21. Yo que soy de la patagonia, puedo decir que mis recuerdos en la micro son tal cual, con la diferencia de que nunca me robaron afortunadamente.
    Lindo relato 🙂

  22. uu!!! que emosion, me siento identificada con tus experiencias tambien rogando que la micro se pusiera a hechar carrera para llegar luego a mi casa despues de hacer la simarra…. besos me encanto

  23. Qué agradable lectura, con interés hasta el final, y un buen final!
    Me gustó mucho! Más post así (y menos de “Sedal” y blá-blá)
    😀

  24. También recuerdo ese paso del tío (pelao) Humberto, a la micro… y recuerdo bien a esos “niños” grandes, que quitaban las agendas y se sentaban en los últimos asientos del trasporte

  25. Me encantó. Me enamoró por unos momentos de quien fuera que contara una historia tan propia, tan de todos, tan conocida y misteriosa. Y si, lo mejor es probablemente ese peligroso beso que intenta sostenerse entre frenazo y frenazo.
    Espero Zancada se tapice de este tipo de historias llenas de sentimiento. Y arriba los nostálgicos! jaja

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