La reedición de Camanchaca, de Diego Zúñiga

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por Cristóbal Carrasco*

Tomar un mapa se ha vuelto un acto antiguo, el reflejo de una época más lenta. Si uno lo hiciera ahora, notaría que ese acto -el de pasar los dedos sobre los colores, el de seguir en línea recta los bordes de las carreteras imaginarias- pertenece al género de gestos que se mantienen porque recobran una elegancia que ya se destruyó. Como los detractores del libro virtual, el romance se sustenta en el pasado, se vitaliza porque hubo un tiempo donde no había que decidir, donde no existía algo mejor.

Algo así debió haberles pasado a los lectores italianos de Passeremo per il deserto, la traducción de Camanchaca, la primera novela del escritor chileno Diego Zúñiga. En la contraportada de ese libro aparece un mapa del norte chileno, una especie de ayuda para situar a los lectores lejanos sobre las implicancias del viaje del protagonista. En el viaje, el personaje recorre la carretera con su padre hacia la ciudad de Tacna para arreglar un problema bucal, mientras convive con la nueva mujer de su padre, su hermanastro y otros personajes que aparecen como murmullos, usando el sustantivo que el mismo Zúñiga utiliza casi al final de la novela.

En el otro lado de la historia, aparece el mismo protagonista y su relación con su madre en un pequeño departamento santiaguino. La novela, contada así, suena simple y directa, y en apariencia -esa misma apariencia que tienen los mapas- es así, pero la construcción de la historia vuelve el el asunto más complejo, más sordido, radicalmente más ominoso. Quizás esa sea la razón por la que se volvió tan necesario traducir el libro, y tan necesario reeditarlo.

Camanchaca, que se reedita para la América hispana a través de Mondadori, luego de haber sido publicado el año 2009 por La Calabaza del Diablo, se presentará el viernes 19 de octubre en la librería Ulises del Barrio Lastarria, a las 19:00 horas.

*zancudo invitado

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