La alegría y su paradoja, de Clement Rosset

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por Cristóbal Carrasco*

Escuché la expresión «Joie de vivre» hace muchos años, muchos años antes de entenderla. La escuché de Kevin Johansen, quien la pronunciaba como lloá-de-vivr en su canción Guacamole, de un disco que debe ya tener diez años, quizás más. La repetición de ese coro (Johansen canta “solitaire, happiness, joie de vivre” con la más creíble de las felicidades) hizo que yo, por algunos momentos, quisiera usar esa frase aunque no tuviera ninguna razón para ello. “¿Cómo estás?”, preguntaba mi madre. “Joie de vivre” respondía yo.

La frase es francesa pero la usan más los estadounidenes, que se han vuelto unos obsesivos de ella. No por nada lo pusieron en su declaración de principios, allá por 1776, con eso de la búsqueda de la felicidad. No por nada, tampoco, Will Smith hizo una afectada película llamada Pursuit of happiness y Kid Cudi tiene un rapeo, -igualmente afectado, algo menos ingenuo- con esa misma frase.

Pero no todos están a favor. El novelista norteamericano Phillip Lopate, una especie de experto en la narración de la abulia y la indolencia, escribió un ensayo llamado Against Joie de vivre (en español, Contra la alegría de vivir, alguna vez traducido por Tumbona ediciones) donde reclama: «cada día de campo, cada cuerpo bronceado y relajado en la playa, cada celebracíón de la alegría de vivir, lleva un pequeño guiño de una sexualidad iluminada que puede ser demasiado amenazante para mí. Soy como una vieja mojigata que se sonroja detrás de los paquetes de mercadería cuando ve a un par de jóvenes besarse».

Del otro lado, pero no tan lejano a Phillip Lopate, está Clement Rosset, un filósofo francés que escribió también un pequeño ensayo llamado La alegría y su paradoja, y que acaba de publicar la editorial Hueders en Chile. Rosset intenta explicar en el libro por qué podemos creer en la alegría de vivir pese a que la vida nos da razones de sobra para creer que todo ha estado, está y estará lleno de miseria. No les adelanto más porque sería más largo de explicar, y quizás, solo quizás, les arruine la alegría de leer ese libro.

La elección de las palabras, seguido de La alegría y sus paradojas
Clement Rosset
Hueders
$7.000

*zancudo invitado

14 COMENTARIOS

  1. Que buen post ¡Gracias Cristobal!. Unas ganas tremendas de comprar el libro. Por ahora, a escuchar guacamole denuevo y seguir siendo feliz 🙂

  2. Es un poco desalentador que en una web de minas, solo escriba bien un mino, no tanto por los temas, sino por la forma y el estilo. No solo contrasta con los otros artículos en este aspecto gramatical sino en el ánimo generalizado tan joie de vivre de este lugar (hasta la mayor nimiedad y sandez les resulta apasionante, aunque debo reconocer que a mi manera disfruto leyendo esas historias). De todos modos se agradece la diversidad.

    Leí una vez un ensayo de Sabato en el que hablaba sobre esto. Más que de una paradoja, decía que la posibilidad de alcanzar esos pequeños momentos de eternidad en la conexión con lo que nos rodea (algo así era su definición felicidad) es precisamente el hecho de nacer como una hoja en blanco, en la que según envejecemos se van posando ciertas experiencias y conocimientos que nos permiten (o no) alcanzar la felicidad. Porque por mucho que sepamos de historia, de política, de ciencia, de la experiencia de los demás, siempre hay un espacio en blanco que, hasta que no lo completemos con nuestra propia y carnal experiencia, nos deja abierta la puerta a esos fugaces instantes de plenitud. O así lo entendí yo.

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