Los 50 años de la muerte de William Faulkner

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por Cristóbal Carrasco*

Dicen que el día 7 de julio de 1962, el día el New York Times escribió en su página de obituarios “La obra de William Faulkner mostró una obsesión por los asesinatos, violaciones, incestos, suicidios, avaricia y otras depravaciones generales que no existen sino en la mente de su autor”.

Dicen que semanas antes de morir, William Faulkner se cayó de un caballo. Cuentan que “lo encontraron (a Faulkner) a más de media milla, cojeando, casi arrastrándose. El caballo lo había tirado y él no había podido levantarse, había caído de espaldas”. Eso dice Javier Marías sobre la caída que terminaría en su muerte, el 6 de julio.

Trece años antes de esa caída, Faulkner recibió el premio Nobel. Dio uno de los discursos más cortos en la historia de ese premio. En uno de sus cinco párrafos dice “El escritor debe enseñarse así mismo que tener miedo es lo más bajo que hay; aprendido eso, debe olvidar el miedo para siempre”.

Cuando recibió el premio Nobel, Faulkner había publicado ya catorce novelas y tres libros de poesía. Escribió decenas de relatos y siete guiones para películas, géneros que parecía subestimar según algunos párrafos de sus Cartas Escogidas, el libro que Alfaguara lanzó este mes para celebrar los 50 años de su muerte.

Pero a las novelas las quería. Dicen que en 1945 escribió una carta a su amigo Bennet Cerf en la explicaba su libro Una fábula. Dicen que Faulkner le escribió: “Estoy haciendo algo que considero bastante bueno. A me­nos que me equivoque, he llegado a esa época en que, con el correr de los años, un artista ya no puede juzgar lo que está haciendo; por fin, he alcanzado la madurez”.

Dicen que Faulkner es uno de los mejores escritores del siglo pasado. Dicen que, alguna vez, Flannery O’connor dijo sobre él: “La simple presencia de Faulkner entre nosotros marca la diferencia entre lo que un autor puede permitirse hacer y lo que no”. Dicen también que Juan Carlos Onetti lo denominó como “Uno de los más grandes artistas del siglo”.

La cuestión es que el tiempo hizo que perdiéramos el sentido de ese obituario, el sentido de esa caída y el sentido de esa frase y el sentido de las cartas y de los elogios. No hay nada peor que terminar reconstruyendo una historia cuando es poco lo que puede decirse ante una obra tan grande como la de William Faulkner. Por esa razón, seguramente, sus libros siempre estarán antes de su vida, y eso es más de lo que puede decirse de muchos otros escritores.

*zancudo invitado

3 COMENTARIOS

  1. William, maravilloso. En estos días estoy leyendo Santuario, que segun se dicen la escribrío por dinero y que por eso el autor sentia un cierto rechazo a la celebre obra.

    PD: me encanta como redacta Cristobal, dan ganas de leer sus post.

    Buen finde zandadinas!

  2. Me gusta mucho Faulkner, recuerdo que lo primero que leí de él fue el cuento “Una Rosa para Emilia”. A pesar de esa atmosfera pesada del sur de estados unidos, me parecio bello.

  3. Tengo sentimientos encontrados con Faulker: Tuve que leer “El ruido y la furia” para la u… y lo odié. Creo que fue por esa presión académica de tener muchas cosas leídas en poco rato que Faulkner me dio dolor de cabeza.

    En otra circunstancia lo hubiese amado.

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