El agua bendita de Casablanca

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por María José Viera-Gallo

Amo el vino, en particular el sauvignon blanc, pinot grigio, syrah y pinot noir. A veces bebo “blanco” como aún le dice mi madre, como si fuera agua bendita.

Cuando descubro un sauvignon blanc lo suficientemente aguado para mi refri, lo defiendo como si fuera la quintaesencia de la banda sonora de mi vida. Hace ya un tiempo que mi playlist vinícola está pegado en la misma botella: sauvignon blanc reserva de Casas del Bosque 2011. 5 lucas en el Jumbo. Vayan. La caja dice Cool and White y es casi un extra importante a la hora de lucir la botella.

Hace un par de días probé el -aún en procesos de embotellamiento- sauvignon blanc 2012 en sus tres versiones: reserva, gran reserva, pequeñas producciones. Nada que decir (o sí, ok: hay más boca que nariz, y una textura de mar y salinidad superior a cualquier super-aroma de fruta!).

El genio detrás del mejor vino blanco aguado gourmet anti depresivo cool y rockero de Chile es el enólogo Grant Phelps, el chico neozelandés que ven en la foto. Su receta para lograr un tan adictivo y único sauvignon blanc, como comenta mientras descorcha botellas en el bar 242 de la viña, es “muy dark friendly”. Cosecha en la noche, 11 pm, con una máquina, algo inusual en Chile. Macera cinco días antes de fermentar. La fermentación llega a solo 6 grados y por lo tanto es larga –alrededor de 3 semanas–, permitiendo de este modo que el terroir (o la tierra) haga lo suyo.

Para tomarlo en random, una y otra vez.

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