Manuel García: “Soy un provinciano rematado”

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por Lala, foto: Javier Lewin

(Este artículo –y mucho más– está en la Edición Especial Aniversario Zancada #6, que puedes ver aquí, o hacer click en este link para descargar el archivo PDF a tu computador)

Los últimos dos años del músico Manuel García han sido intensos: estuvo en China, en México, grabó con Los Bunkers canciones para el disco Música Libre, dio un concierto en solitario que repletó el Caupolicán, musicalizó a Neruda para un documental sobre el mar, escribió canciones para Los Archivos del Cardenal, y ya está pensando en su próximo disco y en nuevos proyectos.

De Mecánica Popular, un grupo querido pero sin demasiada difusión, pasó a ser el regalón de las radios y los medios le han dado amplia cobertura. Él dice que es el trabajo duro. Sus seguidores dicen que es su talento para componer canciones. Pero la vida de este ariqueño nostálgico de su tierra es mucho más que música: estudió Historia, y llegó a Santiago a mediados de los ’90 a probar suerte. Quince años más tarde, recuerda su tierra como si sólo ayer hubiera partido.

La vorágine

En este último año has hecho cosas súper variadas, desde el Víctor Jara Sinfónico hasta conciertos para niños, ¿Cómo surgen esos proyectos tan distintos, para públicos tan diferentes?
Es la inquietud de trabajar, es la dinámica de querer decir algo. Uno busca los distintos lenguajes, y he tenido suerte, porque parece que mi disco Pánico contenía un arquetipo de artista que tenía que ver con alguien que podía encarnar como intérprete a Víctor, o que pudiera desdoblarse en una imagen y comunicarse con los niños. Esas cosas las dicen los discos por sí solos, y uno las empieza a entender a partir de lo que el público escucha, de lo que la gente va queriendo de las canciones y tú te vas haciendo cargo de eso. Cuando hice el concierto para niños volvimos tridimensional lo que la gente te cuenta que son las canciones. Era darle vida al bufón, al provinciano, a las libélulas, personajes con los que la gente se va quedando, porque finalmente tampoco se trata de hacer proyectos a tontas y a locas, como figurar con mil cosas distintas en el año, y todas medio malhechas. Todo lo contrario, el trabajo viene hecho también desde lo que otros dicen que es tu trabajo, y tú en el fondo tienes la responsabilidad como artista de interpretar y hacer. Se trata de mucho rigor, de mucho trabajo, de muchas horas estando ocupado, de levantarse muy temprano y acostarse muy tarde, de planificar muy bien, de trabajar con un equipo, o sea, todo lo contrario a lo que la gente cree que hace un artista, que andan tomando en la noche, que son bohemios, que andan con los pies para arriba rascándose, mirando el techo, como así no más. Pero a mí me gusta, esto no es así como ‘ay, mírenlo a él que trabaja tanto’, porque toda la gente trabaja así, y no veo por qué para los artistas debiera ser diferente. Si quieres que las cosas resulten tienes que estar ahí 100%, hora tras hora.

Parte de tu agenda incluía tocar en la toma del Instituto Nacional, ¿De dónde nace esa inquietud?
Mira, imagínate que yo desde que estudié en el liceo, desde los 13 años, ya tenía bandas de folclore con las que tocábamos en las peñas y después, en la universidad, tocaba en las tomas y en las marchas. Para mí es una historia antigua y tiene que ver con el lugar donde fui fraguando mis canciones y mi música. Mi época universitaria la viví estudiando la carrera de Historia, una de las más aguerridas y comprometidas con la problemática social, donde habían muchos de los líderes políticos de las organizaciones, entonces para mí es un mundo familiar: la resistencia, la lucha, los reclamos legítimos ciudadanos; y como mi propio pensamiento se ha fraguado en ese contexto, en mis canciones -incluso sin buscarlo-, aparecen reflexiones precisamente sobre este fuego que en este caso se expresa de manera muy explosiva en nuestro país. Las canciones no son herramientas políticas del cambio, pero sí ayudan a reflejar un poco ciertos ánimos que conducen a la sociedad en sus sueños, sus deseos, su vida cotidiana.

¿Y qué se viene de ahora en adelante?
Estoy maqueteando un disco y armando unas giras hacia el sur. Voy a estar en la gira de la Teletón al norte, me interesó porque el norte a veces es difícil de recorrer por las distancias y el financiamiento. Voy a estar también repitiendo el sinfónico de Víctor Jara. Hay varias fechas que estamos viendo para los festivales grandes del verano.

El otro día escuché a Álvaro Henríquez decir que una de sus canciones favoritas era El viejo comunista, y que además tu música le gustaba mucho. ¿Qué te pasa con esos comentarios?
Quiero ver eso, ¿dónde lo viste?

Lo escuché en Cooperativa.
Wow, lo voy a buscar. Álvaro es uno de nuestros genios compositores, es muy importante para mí. Yo vine a Santiago el año en que apareció el Unplugged de Los Tres en MTV, y para mí siempre ese disco ha sido un referente. Son canciones que escucho como si fuera la primera vez: He barrido el sol, Pájaros de fuego, yo soy un estudioso de la obra del Álvaro, me halaga muchísimo saber eso, me deja muy contento. Él ha tenido la suerte de ver la influencia tremenda de su obra en la juventud; cuántas bandas no han imitado a Los Tres, cuántos artistas jóvenes que conocí trabajando en poblaciones hacían canciones muy parecidas, las inflexiones de voz, los versos, entonces es un gran halago para mí saber eso.

El hijo ilustre

¿Cómo fue llegar a Santiago?
Lo viví con la ilusión hermosa de poder salir de la provincia, pero con el dolor de irme, de sacrificar los espacios donde componía que era ni más ni menos que el desierto en pleno. Como yo era de una población marginal que daba hacia los cerros, en 5 ó 10 minutos caminando te internabas en la pampa y tenías cielo, mar y piedras, y podías sentir el silencio y componer, irte en las tardes con un café y un sándwich, y pasar momentos de soledad y de silencio muy grandes, cosa que no se da mucho en la capital.
Vine con mucha ilusión, porque Mario Rojas –un cuequero y fundador de De Kiruza– me tendió una mano a través de los talleres de Balmaceda 1215 en el año 1995, y después me invitó a ser parte de su banda. Me presentó gente del mundo artístico, y fue todo muy rápido. Imagínate que yo venía por una semana y después me fui quedando, así que cuando después viajé al norte fue para buscar mis cosas y venirme. Después me sumé a la banda Coré, que lideraba Daniel Cantillana, que ahora es de Inti Illimani. El Inti también fue muy importante porque nos tendió su mano en pleno: nos prestaban su sala de ensayos, sus guitarras, los instrumentos con los que tocaban en los conciertos. Nosotros no lo podíamos creer; no tenía ni un año acá y teníamos las llaves para ir a buscar los instrumentos del Inti si lo necesitábamos. Fueron muy solidarios, muy abiertos. Yo entré en un mundo encantado en ese sentido. De ahí la época más dura mía en Santiago fue la época de Mecánica Popular, que es una banda más bien under, más oscura, que no tuvo más difusión de lo que las radios las tocaban de vez en cuando.

¿Cada cuánto tiempo vuelves a Arica?
Oh, qué extraño de lo que estamos hablando. Sentí como si hubiera llegado recién aquí. Me dio la impresión como que eché de menos, pero en general no me pasa. Eh… ahora estoy yendo más por temas musicales, pero antes iba una vez al año a ver a la familia, a mi madre, a recorrer mis cerros, ver a mis amigos.

Y hace poco te nombraron hijo ilustre.
Sí poh, imagínate jajaja. Sí, yo acepté porque creo que siempre es bueno generar una relación entre el artista y su ciudad, sobre todo cuando estás lejos, y porque uno cree que con las condecoraciones se pueden lograr contactos, posibilidades de hacer cosas. A uno siempre le dan ganas de decir “no me nombren hijo ilustre, no es necesario”, o tener la choreza de rechazar el premio, pero yo lo tomé como un gesto de cariño, y para ojalá tener una relación con el norte más poderosa.

Como en Macondo

¿Y cuáles son las cosas que más echas de menos?
Las aceitunas amargas, caminar a pie pelado todo el año por la tierra, las piedras, el sol, el mar, la orilla costera, el espacio gigante del desierto, el patio, mi cama a la que ya le había hecho un hoyo de tanto dormir, pero ahí quedaba súper cómodo; una ventana por la que entraba el viento en la tarde y mueve el árbol y da un vientecito marino súper rico, con olorcito salado de la ola que revienta y sube por los cerros. Y por supuesto algunas personas que quedaron allá: un tecito con mi mamá por las tardes a veces me hace falta, cuando estoy aproblemado me gustaría sentarme a la mesa y que mi mamá me haga cariño, me haga un té, bueno, son cosas que no están tan a la mano. Si bien es cierto que eso se cumple cuando voy, cuando vienen familiares y amigos para acá, echo de menos eso, patiperrear con mi guitarra en mis lugares. Yo tenía una piedra favorita donde me gustaba sentarme a componer y que a veces me falta. Pero hay otras cosas hermosas que he encontrado acá, que no es que aminoren la nostalgia, pero generan cosas por sí solas.

¿Y qué cosas quedan en ti que delatan que no eres santiaguino?
De repente digo palabras fuera de uso.

¿Como cuáles?
Como… chalado, que significa decir algo más. Al cinturón le digo correa, o digo chapita ¿Le dicen así a la tapa de las botellas? Varias cosas así como raras, andar a tota en vez de al apa. La otra vez le decía a alguien que lo había pillado cuspito, y me decían que eso era lo más boliviano que hay. Yo decía bah, yo la saqué del diccionario y significa ‘in fraganti’. Hay cosas que se me salen en el lenguaje o el acento a veces también se me pega un poco más, pero al principio hablaba muy como peruano cuando llegué, como estamos tan cerca de la frontera… Otra cosa que me delata es que soy muy hablador, porque en el norte uno mata el tiempo conversando. Uno va a provincia a veces y ve que la gente no termina nunca con las historias, porque tiene tiempo hasta para ponerle el último detalle. A mí me dan un poquito de cuerda y parto no más.

¿Y en tus canciones también se nota eso?
Un montón, porque el relato de la provincia es otro, y yo soy un provinciano rematado. Es un relato súper mágico, con cosas extraordinarias que tienen que ver con la vida ahí, como cuánto le importa a la gente lo que tú le estás contando. Aquí de pronto, si hablas con mucho detalle, la gente se empieza a aburrir, o al revés, se entretiene porque no está acostumbrada; pero en provincia sí o sí ponerle más detalle es mejor, es matar el tiempo, y en Arica sobre todo sucede un fenómeno muy especial, esas siestas tipo García Márquez, porque la gente duerme a la hora de almuerzo. Allá tú tienes tiempo para ir a almorzar a tu casa, dormir, volver al trabajo, y en ese espacio se produce un fenómeno extraordinario que es que la gente vuelve a soñar en la tarde. Entonces es muy probable a las seis te estén contando un sueño que tuvieron después de almuerzo y ese sueño con viento, con calor, es una especie de alucinación. Hay muy buenos contadores de sueños también. Mi hermano y un amigo son muy buenos contadores de sueños, de esos que sueñan a color, con detalles. Eso yo creo que a mí se me nota un poco en las canciones, eso medio fantasmagórico.

¿Hay alguna anécdota que recuerdes de Arica?
Tengo hartas. Nosotros éramos tan extremadamente pelusones, entre hermanos y primos. Por ejemplo, una vez unos amigos se encontraron una momia y la pusieron frente a la casa, en la calle, yo nunca había visto una momia y para mí era como ver un ovni, porque venían de la universidad, venía la prensa, y unos compañeros la encontraron camino a la playa y finalmente la momia era parte de un cementerio indígena que estaba en una ladera del cerro. Era extraordinario que dentro de ese mundo tan pobre en el que vivíamos tuviéramos esa riqueza, todos esos objetos tan conectados con la historia.
Y nos encontrábamos con momias, con balas, con botones, con restos de la Guerra del Pacífico, del Regimiento 4° de Línea. Ahora de viejo recordaba que cuando estudiaba los libros de historia imaginaba que los caballos corrían por afuera de la casa. Yo me imaginaba que había caballos porque los leía y la última vez que fui al norte, la Lidia, una amiga de la cuadra, me dice ‘te acordai que cuando chicos escuchábamos caballos por afuera de las casa’, pero allá caballos no hay, o no muchos, entonces me quedé helado, porque yo los imaginaba pero me di cuenta de que no era el único que los imaginaba, ella también los escuchaba. Esa es la fantasmagoría que te contaba.

El peso de la historia

¿Crees que todas esas vivencias influyeron en que después estudiaras historia?
Absolutamente. Estaba todo ahí, era parte de la vivencia cotidiana, de la historia antigua, precolombina y de historia chilena militar, la Guerra del Pacífico, imagínate cómo se celebraba ahí el 7 de junio (Día de las Glorias de la Infantería), el 21 de mayo, y uno tenía los lugares ahí, donde pasaban las corbetas, o la Isla Alacrán, que fue un lugar de piratas donde alguna vez atracó Francis Drake y habían instalado unos cañones. Era alucinante. Los Andes tienen una permanencia histórica que nos permite conectarnos con el altiplano y la historia tripartita con Perú y Bolivia. Las cholas todavía están ahí con sus trenzas, sus sombreros. Hay una parte de la historia que en buena hora ha permanecido en sus tradiciones, entonces es un privilegio.

De ahí que salen esos guiños como la bandera étnica.
Yo había estado usando la wiphala, que representa a todo este mundo cultural antiguo, porque me la regalaron en un colegio donde mi padre había trabajado como inspector. Nos recibió la banda, yo me emocioné muchísimo, y después la comunidad se puso de acuerdo y como reconocimiento bajaron la bandera del colegio y me la regalaron. Si no, yo no saco esa bandera, no tengo ningún permiso para hacerlo, no me gusta utilizar símbolos tan importantes como para darse una onda así con lo social…

Pero la gente lleva las banderas a tus conciertos…
Claro, porque se estableció como un ritual, y eso es muy bello. Sucede que también es genuino, porque es súper importante, yo feliz, más que avergonzarte es saber si eres digno de llevar esos signos. Una vez nos regalaron en Chiapas un bastón de mando, es una vara que tiene cuatro cintas que representa los cuatro maíces, el amarillo, morado, negro y blanco, y creo que es un símbolo muy importante y pensé que en el aeropuerto no lo iban a dejar pasar. Pero en México, cuando lo vieron, lo envolvieron, lo trataron con mucho cuidado, le pusieron las pelotitas plásticas y llegó igualito a Chile. Pero eso se lo mandan a los chilenos, a los mapuches, uno lo tiene en su poder y lo canaliza.

¿Te gusta eso?
Me emociona muchísimo. Me sobrepasan ese tipo de cosas potentes… yo las entiendo como eso, como símbolos que representan cariños entre pueblos, y a mí me toca transportarlas, como el cartero, pero uno no escribe las cartas. No hay que confundir los méritos.

26 COMENTARIOS

  1. Muy buena entrevista !!!
    Yo tb soy una provinciana viviendo en Stgo, y me encanto eso de provinciano rematado. Me gustan mucho las canciones de Manuel, pq reflejan ese espiritu. Impresionante como tus vivencias y los lugares donde viviste de niño, van marcado tu vida y te inspiran. Me acorde de mi sur imaginario. sniifffff

  2. Cuando leí la entrevista hace un tiempo confieso que se me arrancaron unas lagrimillas. Esto de ser provinciana…
    Gracias Zancada por entregarnos pedacitos de la historia de un grande de la música como Manuel 🙂

  3. Awww. espectacular Manuel. Mi mamá era compañera de trabajo de su esposa, ahi me acerque a su música y hoy no puedo dejar de escucharla. Por lástima, nunca lo he visto en vivo:(, ya vendrá la oportunidad.
    Saludos y muy buena entrevista !(no sabía que había estudiado Historia también una razón más para acercarme a su música.

  4. El otro día fui a la marcha familiar, y en el acto de culminación toco este tipo. No lo cachaba, y cuando empezó a tocar toda la gente coreaba sus canciones, lo que me llamo la atención fueron sus letras, preciosas y melódicas 🙂

  5. Adorable!
    Gracias a los dos por compartir, rica la entrevista, el rato que pasé leyendo…como volver al mundo normal, el que siempre debería ssr.

  6. En serio, pero en serio, él es de los grandes. Es seco, escribe como pocos son capaces y hace unas mezclas instrumentales que erizan la piel al escuchar cualquiera de sus canciones.. de las últimas “Queda lo que quema” me mata y también, “El reproche”…. en el video de “Alfil” la foto gigante de los beatles me mata y en general todo el video… perdón por dar detalles, ser tan cursi y alargarme, es que me encanta…

  7. Me encantó la entrevista, Manuel tiene una sencillez que hace tiempo que no veía y ni hablar de lo interesante que debe ser conversar con él.

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