Renacida: los diarios de Susan Sontag

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por Cristóbal Carrasco*

¿Seguirá la gente escribiendo diarios de vida? Y si fuera así, ¿cómo lo harán? A veces, tiendo a imaginar a la gente confeccionando sus diarios como una relación inclemente de su vida sentimental. A veces, como anotaciones rápidas que luego se vuelven ininteligibles incluso para sus redactores. Otras veces, pienso que ya nadie escribe diarios de vida, que la costumbre, para bien o para mal, se ha perdido.
 
Por esa razón, hojeo con algo más de interés Renacida (Mondadori, $9.500), el primer volumen de diarios de la escritora norteamericana Susan Sontag, volumen editado por su propio hijo, que abarca desde los 17 hasta los 31 años de la novelista, y que transcurre en ciudades como Nueva York, Chicago o Paris. Sontag, como cuenta su hijo en la introducción, no tuvo tiempo para decidir sobre el futuro de los más de cien cuadernos que había escrito desde 1947. Quizás, por el hecho su muerte repentina, los diarios de Sontag no parecen un conjunto, no siguen una línea común, sino que se van armando sobre la base de anotaciones a veces mínimas, otras veces anunciadoras de los tópicos más importantes de la obra de la ensayista norteamericana.

En Renacida, las notas de Susan Sontag son una comunión de contigencia, educación sentimental y anticipaciones: anota palabras sin un correlato claro, toma apuntes sobre su escepticismo frente al matrimonio, o se queja porque Harriet, una chica que conoció en California, nunca la ha querido como esperaba. Todo ello permite que, como casi todos los diarios, estos sean una fuente para confirmar nuestros prejuicios. Lo pienso así porque, por ejemplo, no sé si quisiera leer los diarios de mi padre o de mis ex novias. Esas cosas deben dejarse así. Sontag siempre había sido tildada como una persona que carecía de humor, y los diarios refrendan esa impresión. Seria hasta el aburrimiento, pedante hasta el absurdo y confiada como si siempre viniera de vuelta, en Renacida observamos no solo destellos de su genialidad. También están las anotaciones de esa oscura hermana gemela llamada Susan Sontag que habla mal de Thomas Mann o de su esposo.
 
Por eso, vuelvo al principio. ¿Seguirá la gente escribiendo diarios de vida? Si es así, ¿por qué lo hacen? ¿Querrán ser juzgados, años después, por esas observaciones triviales que apenas recuerdan? Quizás, como Sontag, lo hagan con la secreta esperanza de que todos los errores, todos los proyectos de los días contados, no vuelvan a ocurrir, o terminen por fin. Renacer, en definitiva. Renacer todos los días.

*zancudo invitado

8 COMENTARIOS

  1. Pensando en tu ultimo parrafo, siempre he mantenido cuadernos y croqueras en las cuales se intercalan pensamientos escritos, sueños que no quiero olvidar y dibujos, todo esto mezclado con rayas varias, listas de compra de supermercado, direcciones, etc. Siempre pienso que si me muero me daria un pudor enorme que alguien los leyera! pero no los quiero botar por que igual los reviso de vez en cuando y me he dado cuenta que es un lindo ejercicio de autoconocimiento, especialmente cuando uno lee lo que escribió años atrás.

    Me gustan los diarios, desmitifican y enaltecen al mismo tiempo. Me imagino que meterse en el pensamiento de S.Sontag a traves de sus diarios debe ser por lo menos interesante. De ella he leido varios articulos de revistas gringas tipo New Yorker, no he leido sus libros, vi tambien un documental sobre Annie Leibovitz, en donde hacia el final se retrata la relacion de pareja que tuvieron juntas y los ultimos dias de vida de Susan, antes de morir de cancer.

  2. Todo depende con qué intención se dejaron, porque eso de que “no tuvo tiempo” para decidir qué hacer con ellos… mmmm… no me convence mucho, una escritora de su talla sabe perfectamente el valor que tienen los documentos que deja.
    Por otro lado, pienso qué habría sido de Anais Nin sin sus diarios, o que habría sido de los lectores de Anais Nin sin sus diarios, sin duda esa es su obra principal… En fin, igual me encantan los diarios y las autobiografías que muchas veces se construyen a partir de estos, quizás por copuchenta, qué se yo, por la idea (infundada?) que a través de ellos se accede a un ‘algo más’ de la figura del escritor, sus miserias, sus verdades, sus fragilidades, algo que los acerca a nuestra terrenalidad…

  3. Oie zancudo invitado… asumo que trabajas en esto de los libros porque me dieron tantas ganas de leer lo de susan sontag… ella fue la novia de annie leivobitz (o como se escriba) cierto?

  4. Tengo un diario de vida desde este verano… me ha servido mucho como una herramienta personal: para ordenar ideas y desahogarme principalmente. Algún día planeo leerle algunas partes a mi pololo, y más adelante a mis futuros hijos,quién sabe.

    Lo recomiendo… es algo muy sano!

  5. Que entrete me dieron ganas de leerlo, yo tengo diario desde los 16 años (tengo 34) y escribo mas cuando estoy triste o tengo problemas, es como dejarlo estampado y seguir feliz por la vida. Hace ya 3 años que empece a cambiar mis diarios cuando cumplo años que es cuando comienza mi año nuevo y no el mundial 🙂 Es lejos una buena terapia 🙂

  6. Hace unas semanas me encontré con los diarios de Susan Sontag en una librería, no pude pagar por ellos, pero no pude resistirme, corrí a una librería de esas que no venden libro, si no que cuadernos y otros materiales y gaste 400 en el cuaderno mas barato que encontré. Es mi diario, es mi memoria, es mi desorden y desprolijidad, es mi avalancha de pensamientos, es mi depositario de imágenes, es mi anota sueños, es mi contador de frustraciones, etc.

  7. Yo tb. tengo uno, desde los 15 años (ahora tengo 21)… no escribo en él todos los días, sino más bien, cuando lo siento. Casi siempre he comenzado uno en alguna etapa crítica de mi vida, y me ha servido mucho para ordenar mis ideas y desahogarme. Alguna vez escuche ke las personas ke tenían diarios de vida, reflejaban sentirse solas. Puede ser. Pero al final, nada mejor ke conversar y escucharte a ti misma a través de la escritura. Creo ke uno va descubriendo muchas cosas de sí misma, y tb. como se va evolucionando con el tiempo cuando se releen. De todas maneras recomiendo la escritura, en cualkiera de sus expresiones 🙂

  8. Tengo diario desde los 5 años 1/2, cuando aprendí a escribir. Ahora tengo casi 22 y los guardo todos. En mi experiencia algunas veces uno escribe la verdad y en otras la que quisiéramos que fuera. Uno se autoescribe como un yo ideal es como : “¿que me gustaría que yo dijese de esta situación? y la escribe u otras veces, es desgarrador de sincero. Lo importante es leer los diarios anteriores y darse cuanta cuanto se ha mentido una a sí misma, solo así puede ser útil tener un diario de vida.

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