Invitado: Antonio Díaz Oliva

84


por Cristóbal Carrasco*

En estos días, Antonio Díaz Oliva (Temuco, 1985) está del otro lado. Por años, ha trabajado entrevistando a escritores en la Revista de Libros y en Qué Pasa, y ahora él es el entrevistado. Su primera novela, La soga de los muertos (finalista del premio Roberto Bolaño 2009), fue lanzada hace un par de semanas por la editorial Alfaguara y quisimos saber sobre ella, sobre las obsesiones de Antonio y sobre los tópicos de su libro. Acá van sus respuestas:
 
¿Podrías contarnos de qué va La soga de los muertos?

Claro. Son tres historias que se enredan y desenredan. La primera es sobre la visita de Allen Ginsberg, el poeta beatnik, autor de El Aullido, quien vino a Chile en 1960 y se quedó harto tiempo dando vueltas y juntándose con los Parra (Violeta, Nicanor y sus hermanos), aunque dicen que su plan siempre fue venir a buscar algún trip o droga. La segunda es sobre un grupo de adultos, en los años noventa, en Santiago, que quieren que Nicanor Parra gane el Premio Nobel y hacen una campaña, por toda la ciudad, rayan murallas, tiran panfletos, etc., y causan cierto ruido mediático. Ese grupo, claro, existió y alguien cercano a mí fue parte, pero no diré más. Y la tercera es sobre un niño, quien en los noventa se va asomando a la pubertad, y quien es medio solitario, por lo que busca refugio en los cómics y películas.


Los nombres de Allen Ginsberg y Nicanor Parra son centrales en La soga de los muertos. ¿te interesan como poetas o están incluidos para efectos de la historia?

Ciertamente me interesan ambos. Ginsberg porque me gustan los escritores beatniks (especialmente Kerouac, Kessey y Burroughs) y El Aullido es un manifiesto generacional y, por ejemplo, es uno de los primero lugares donde la palabra hipster, tan de moda hoy, se usa. Y Parra porque si uno no lee mucha poesía, puede ser un buen punto de partida (para mí lo fue, aunque ya no leo mucha poesía). Pero también están para efectos de la historia: quería manipularlos como personajes.


¿Cuándo empezaste esta novela? ¿Qué tan difícil fue llegar a la versión final?


Empecé hace tres años. Ahí escribí la primera de las tres historias (la de Allen Ginsberg), luego me puse a escribir la del grupo y por último la parte del niño, que fue la que más difícil, ya que significó volver a los 90’s y a mi infancia y a La Reina, que es donde sucede todo. En cuanto a las complicaciones, más que nada significó mucho trabajo de podar, de ajustar piezas, de probar estructuras. Fue un trabajo de engranaje, digamos. Kurt Vonnegut decía que cuando terminaba un libro, se ponía a escribir la misma historia pero con diferentes palabras. Y así, iba probando y probando hasta caer en la versión definitiva. Creo que hice algo similar, en el sentido de que fui armando un puzzle con las tres historias hasta tener un resultado final.
 
La figura paterna (o su ausencia) es también importante en La soga de los muertos. ¿Qué te interesa de ese tema en la literatura? ¿Tienes algún libro favorito que trate ese tema?


Bueno, nada nuevo: el tema de la paternidad es algo que cruza a la literatura. No sé, hay tantos títulos que es difícil mencionar. Pero en esta área me parece que John Irving, quien es un gran escritor, es alguien que la toca muy bien. Ya sea en El mundo según Garp (un libro que deberían hacer leer en el colegio) o su última y recomendadísima novela, La última noche en Twisted River, donde también el tema de padre e hijo es el hilo conductor de la historia.
  
El año pasado publicaste un libro de no ficción sobre Piedra Roja. ¿Qué tan difícil fue pasar a la ficción?


No tanto. Son formatos diferentes, sí, pero estoy acostumbrado a, por las mañanas, navegar por aguas periodísticas y por las tardes/noches meterme en aguas de ficción. A veces cuesta. Es como pasar de una poza tibia a una fría. O al revés. Lo bueno es que aún no me da hipotermia. 
  
En tu libro usas ciertas imágenes típicas del Chile de los noventas: Akira, el atolón de Mururoa, el mismo Parra, Volver al Futuro ¿cómo miras hacia atrás esa época?
Hay varias postales que me recuerdan los noventa. Acá van algunas: jugar Nintendo hasta que me dolieran los dedos, ver Los Supercampeones y salir a jugar a la pelota al pasaje, ver Akira en Chilevisión hasta pasadas la una de la mañana, los VHS con videos grabados de MTV, ver Beavis & Butthead doblados y censurados en Mega, comer cubos de colores y que me dejaran los labios manchados, esperar hasta las doce para ver Los Simpson en Canal Trece (luego de Video Loco) y, por supuesto, toda esa imaginería adquirida gracias películas como Volver al futuro que vi en TVN por las noches o los sábados por la tarde. Pero no sé: cuando pienso en los noventa no pienso en algo muy entretenido o colorido. Pienso en Frei, en la guagua flotando en el agua de la portada del Nervermind y lo fome que era, en los recreos, ver a mis compañeros jugando fútbol mientras yo hojeaba los mismos cómics una y otra vez.

*zancudo invitado

3 COMENTARIOS

  1. Que grande que es Antonio Díaz. Un crack que dará mucho que hablar a lo largo de los años. Si estás leyendo esto, ¿cuando vamos por su cervecita?

    Me siento orgulloso de decir que soy su amigo.

  2. yo opino que: se suba al carro de la tecnologia, enserio hablo con cero conocimiento de causa, pero cuanto cuesta poner un libro en amazon pa version Kindle?? yapooo pa que lo lea yo!

Dejar una respuesta