La (no) importancia de perder el anillo de matrimonio
Nunca le puse mucha importancia al famoso “anillo de matrimonio”, pero igual cuando me casé con mi marido quisimos hacer un anillo especial y con significado.
Hasta que llegó el día en que a él se le perdió su anillo. Me acordé inmediatamente de la anécdota que mi mamá nos cuenta cuando quiere molestar a mi papá, cuando le pasó lo mismo. “Tu padre jura que fue a tirar un cigarrillo al suelo, y se le cayó su anillo en el alcantarillado!”, ella dice, con un tono muy irónico.
Resulta que cuando le comento a alguien que a mi marido se le perdió el anillo, varios me miran con cara de espanto, o lo retan, o entonces hacen una broma.
Una amiga, por ejemplo, cuenta que estaba en un barco con su marido, y él sacó la mano hacia fuera y su anillo se le cayó al mar. Ella no tuvo dudas: se sacó el suyo, y lo tiró también al mar. No le importó el hecho de que habían gastado una fortuna, y quiso que “se quedaran juntos”. Respeto su decisión y su creencia, pero la verdad es que no logro darle el peso a este objeto, como si fuera el único símbolo de una unión, y que su pérdida significaría algo más… que una simple pérdida.
