Felíz día m.a.m.á

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por johanna watson

Cuando chica veía a mi mamá como el ser más maravilloso e imponente que existía, su olor era el único que me daba una sensación de protección y paz que me hipnotizaba hasta el sueño.

Eran especiales sus cuidados cuando estaba enferma, sus sopitas de posta a la cama y los pañitos húmedos para bajarme la fiebre.

Separarme de ella era un suplicio, aunque fuera para pasar días de verano junto a mis primos. Cuando iba a dejarme, siempre se quedaba a dormir la primera noche, y las siguientes yo dormía en el lugar donde ella lo había hecho, aspirando hasta la última gota de olor que había dejado, tanto así, que llegué a caerme de la cama por conseguirlo.

Sus comidas eran y serán siempre las mejores para mí, en especial su pastel de choclo, su cazuela y sus porotos granados. Las tardes de leche con Cola Cao y pan tostado que me daba mi mamá mientras veía mis monitos, las siestas que dormimos bajo el damasco en la casa de mi niñez, el mismo damasco al que yo me subía y recogía del suelo los maduros para que ella hiciera sus míticas mermeladas- que eran un sueño- sobre todo cuando me las daba en el postre.

Llegaban las tardes de domingo y mi mamá ponía Más Música en radio Concierto, que a la vez se veía por las pantallas de Canal 13. Era la ocasión donde ella ponía el volumen más alto aunque sonara Van Halen, y me paraba sobre la gran mesa de comedor para ponernos a rockear como locas. Fueron mis primeros acercamientos con el rock, absolútamente potenciados por mi madre. (Que de seguro no sabía con la chichita que se estaba curando). Con el tiempo detestó mi música, y luego (quizá por osmosis), se encariñó con un par de bandas, tanto así, que hace un par de meses fuimos juntas al recital de Guns y me pide a gritos que le grabe un par de Cds de Alice in Chains, Faith No More y Mike Patton.

En la actualidad mi mamá y yo somos muy distintas, pero cultivamos el mismo sentido del humor, y aunque hoy también soy madre, hay cosas claves que marcan esa sensación rica de estar con la mamá: Sigue oliendo igual aunque se cambie de perfume todos los días, sigue cocinando los porotos granados más maravillosos del planeta y cuando le dan ganas tuesta el pan, la diferencia está en que ahora ambas lo comemos con té, mientras mi hija es la que mira los monitos.

6 COMENTARIOS

  1. Muy lindo. Me siento muy identificada en la relación con mi madre. No tengo palabras para describir lo que siento por mi mamá, pero sólo puedo contar como anécdota que soy tan apegada a mi mamá que una vez me fui a la playa con mi novio (actual marido) y se me ocurrió la idea de llevar un chaleco que me prestó mi mamá. Pésima idea, me lo puse y sentí tan impregnado su olor que la extrañé a mil y esa misma tarde me devolví a mi casa en stgo para estar con ella. Y yo la tonta vieja ya tenía más de 20!.
    Besos a mi mama y a todas las que lo son. Yo soy mamá de 2 niñitas y es lo mejor de la vida.

  2. Uy…un paseo por la infancia siempre es bienvenido. linda nota, logra transportarnos a ese pasado remoto que todas tenemos, y que suele aparecer de cuando en vez. Tal como lo hizo hoy.

  3. …Bueno, además volver a la niñez (aunque sea en unos segundos) nos vuelve a conectar, inevitablemente con nuestra madre y con la madre que habita nuestro ser.

  4. jajajaja … ya lo reconozco!!! soy una tonta viejota pero todos los dias cuando despierto .. paso a acostarme un ratito con mi mamà conversamos, nos contamos los sueños y a veces tomamos desayuno en la cama…. jajaja

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