
por Señorita
No soy de esas mujeres que les tienen mala porque sí a las ex del pololo. Por el contrario, asumo que algo parecido debo tener a ellas, porque nos gustó el mismo hombre. Y porque, además, yo también soy ex y no me considero una mala persona a la que se deba odiar gratis sólo por haber sido el amor de alguien en alguna época pasada.
A raíz de este tema he tenido no pocas discusiones. Algunas de mis amigas no soportan la idea de una ex. No toleran que llamen para el cumpleaños, que se junten de vez en cuando, que él hable de ella bajo cualquier circunstancia (a menos que sea una comparación en la que mi amiga sea superior a la ex). A mí me levanta cierta sospecha esa molestia a la ex como género, y en cambio, me parece muy civilizado, y que habla bien de una persona el terminar en buenos términos y guardarse cariño.
En fin, pese a que las ex no me generan problemas, es raro encontrarse con ellas. Lo concreto de la situación es lo raro, porque uno puede haberla visto en fotos, o saber de ella por lo que te cuentan, pero estar ahí, los tres juntos, puede ser levemente incómodo. Sobre todo por primera vez, como me sucedió anoche.
Fui a un recital con mi novio y sentadas adelante estaban la ex y su hermana. Cuando mi novio las vio, me dijo quiénes eran y las saludó. Se pusieron a conversar y por la manera en que estábamos sentados, mi novio quedó dándome un poco la espalda, por lo que no participé de la conversación. No fue un momento demasiado cómodo. Me sentía ridículamente observada –lo más probable es que nadie me estuviera observando– en una situación absurda. No sabía bien qué hacer y creía que todo movimiento posible era equivocado. La decisión más sabia que se me ocurrió fue quedarme quieta, asumiendo que la inmovilidad, en este tipo de situaciones demuestra más bien incomodidad que soltura, hasta que mi novio me toma de la mano y dice: “ella es Señorita, mi polola”. Nos saludamos muy sonrientes las tres y empezó el recital. Después nos despedimos igual de cordiales todos y fin de la historia.
Es inevitable, y esto creo que es igual de los dos lados (tanto del de la actual polola como del de la ex) observar a la mujer en cuestión: el pelo, la cara, si es más alta o más flaca que una, si es bonita, si se viste bien, si hay algún parecido… Reconozco que yo a ella la observé: es linda y se veía simpática. Tuvo una actitud súper cariñosa con su ex sin llegar a ser coqueta, cosa que se agradece.
En definitiva, es una buena ex y por el amor que le tuvo en su momento a mi pololo, merece todo mi respeto, pero verla es raro.