Un mundo dentro de Chile

337

Pasaporte
* Este post también está disponible en el Especial Aniversario 2007

por Ana Paula do Brasil

¿Qué une a una escocesa, una norteamericana, una argentina y una brasileña? La respuesta: un país llamado Chile.

Las razones para mudarse a otro país son tan variadas como para quedarse en uno. Algunos lo hacen por opción de vida, por obligaciones laborales o familiares, por un amor, otros por intuición o simplemente porque los caminos los llevaron a otras partes del mundo.

Lo que sí es cierto, es que la vida lejos de la ciudad donde uno nació y creció nos revela muchas historias, curiosidades y, principalmente, importantes cambios de vida. Es por eso que quisimos mostrarles cosas de Chile que sólo son posibles a través de la mirada de extranjeras. En este reportaje, Zancada conversó con 4 mujeres que han elegido Santiago como su nueva ciudad, y quienes, después de algunos años viviendo acá, nos revelan visiones distintas para variadas cosas, y sorpresivas opiniones en común.


Los caminos hacia Chile
Como decimos, las razones para mudarse a otro país son muy variadas. Milena Maydana, instructora de yoga, nació y creció en una ciudad de campo en la provincia de Santa Fe, Argentina. En 1999, su marido vino a trabajar en Santiago y como pareja se propusieron probar por un año en el país allende la cordillera. El tiempo fue pasando y, 8 años después, ellos siguen acá, ahora acompañados por 3 hijos (sin embargo, todos nacidos en Argentina).

Jane Morgan es estadounidense, más precisamente de la ciudad de Saint Louis, Missouri. Vino por primera vez hace 8 años a estudiar español, y entre tantas cosas nuevas que conoció, había un chileno. El curso se terminó, ella volvió a su país, pero el pololeo siguió a distancia, hasta que ella decidió volver a Chile para trabajar y vivir con su pololo. Actualmente los dos tienen una productora de sonido y ella abrió una tienda de juguetes sexuales, ambos negocios muy exitosos.

Joanne Grant nació en Edinburgh, Escocia, y es parte de lo que se puede llamar una familia trotamundos. Entre tantos países y ciudades en que estuvo, pasó un largo tiempo en Sumatra, Indonesia, donde vivió hasta fines de 1997. En ese período, debido a la crisis asiática, Joanne decidió venirse a Latinoamérica a estudiar español. Buscando trabajo en Internet, encontró una oportunidad en Chile, país que desconocía casi completamente. Desde entonces vive en Santiago, y acá decidió abrir su propia empresa, un instituto de inglés en la calle Londres.

Joana Rochadel nació en la ciudad de São Paulo, Brasil. En 2001, entonces casada con un chileno, se mudó a Chile para aprender español y conocer el país. Un viaje en bus de 62 horas, de las cuales dice haber llorado unas 15, la trajo al otro lado de la Cordillera, con 20 cajas que contenían prácticamente todo su departamento. Cinco años y medio después, mucho ha cambiado. Graduada en cine, actualmente ella trabaja en una productora, vive con su pololo, un chileno, y los dos esperan su primer hijo.

Primeras impresiones
Brasil, Argentina, Escocia y Estados Unidos son muy distintos entre sí y muy diferentes de Chile. Y por más que se haya leído o escuchado cosas acerca de Chile, siempre a uno le impacta el primer contacto real.

Milena, que venía de una ciudad en el campo, dice: “Vine en bus y mi marido que ya estaba en Chile me vino a buscar. Cuando me bajé del bus, me dolía la cabeza a causa del smog, y eso me chocó, porque nunca había sentido algo así”. Joanne no sabía casi nada sobre el país, y después de vivir por años en Asia, encontró Santiago más desarrollado de lo que esperaba. Impresión contraria fue la que tuvo Joana: “Vine la primera vez de vacaciones en 1999, y cuando llegué a Santiago, encontré todo muy antiguo, la ciudad, las micros, y las mujeres se vestían con una moda de los 80s, cosa que ha cambiado mucho en los últimos años”. Jane se impactó con los Andes. “Sabía que Santiago quedaba cerca de la Cordillera, pero no imaginaba que era algo tan grande y cercano. Ver el sol subiendo por detrás de la Cordillera es algo maravilloso y me recuerda que Santiago es una ciudad muy bonita”.

Período de adaptación
Tras los primeros impactos, viene el período de adaptación al clima, a las costumbres, a las personas, al trabajo.
Por ejemplo, en cuanto a la comida, es casi una unanimidad –a excepción de Milena, que siempre se acostumbró a cocinar sus propios platos- lo difícil que fue adaptarse a lo que se come en Chile, principalmente porque nuestras entrevistadas se preocupan en alimentarse de manera saludable. Jane es vegetariana, y aparte de haber sido difícil encontrar buenas opciones para comer, tuvo que aguantar muchas miradas incrédulas cuando decía que no comía carne, sobretodo en sus primeros tiempos en el país. Joanne y Joana coinciden que acá lo que se come es muy poco sano: muchos dulces, mucho azúcar, mucha fritura. “Soy adicta a la comida asiática y acá todavía hay muy pocas opciones”, dice la escocesa. “También creo que hay pocas opciones para comerse algo sano y rápido”, completa. Joana resalta otro aspecto: “acá, las comidas son muy divididas. Se come la entrada, el plato principal, el postre, y normalmente hay pocas opciones en cada comida. Es muy distinto de Brasil, donde se pone diversos platos en la mesa y uno come lo que tiene ganas de comer”.

Pero no sólo a la comida es necesario acostumbrarse. Aunque estemos en tiempos de globalización, cada país guarda sus códigos, sus expresiones, sus modismos, y el choque entre dos culturas siempre nos revela historias curiosas.

En el caso de la brasileña Joana, la diferencia de costumbres la hizo pasar por una situación un tanto incómoda. Cuando recién había llegado a Chile, todos los días pasaba frente a un taller mecánico para ir a su trabajo. Los hombres que ahí trabajaban le tiraban piropos extremadamente groseros y agresivos, hasta el día en que ella se enfadó y decidió enfrentarlos. Los miró a los ojos, uno a uno, y les dijo con su español de recién llegada: “¿acaso ustedes no tienen hermanas, señoras, madres?”. Y en ese momento notó una diferencia entre brasileños y chilenos. “En Brasil los tipos tratarían de salir de la situación de manera divertida, a lo mejor me pedirían disculpas. Pero acá ellos se quedaron completamente mudos, en pánico, y nadie me contestó ni se excusó.” En el momento fue muy desagradable, pero le sirvió para que aprendiera que acá en muchos casos, si una enfrenta, la otra persona se queda sin reaccionar.

Pero también hay muchas historias chistosas, y en ese aspecto el idioma –especialmente la traducción del inglés al español- guarda algunas trampas. Jane cuenta que cuando recién había llegado, estaba en su primera reunión de equipo en el trabajo y quería decir que estaba avergonzada, pero lo que se le ocurrió decir fue “¡estoy embarazada!”. Todos la miraron tratando de entender cómo una chica que estaba hace 2 semanas en Chile ya estaba embarazada, hasta que le explicaron qué significaba la palabra. Joanne dice que, después de tantos años viviendo acá son tantas las situaciones chistosas por las que ha pasado que ya perdió la cuenta. Pero hasta hoy a veces ella se confunde y dice “te quiero introducir a mi amigo”, en vez de “presentar”.

Pero incluso con las que son de países de habla hispana esto puede pasar. Milena trabajaba como promotora en un supermercado en Viña del Mar, y tenía que llamar a la gente por el micrófono para que fueran a canjear premios. El supermercado estaba muy lleno y ella, parada en un podio, no se dio cuenta de que tenía el micrófono abierto. Su supervisor le preguntó de lejos qué horas eran y ella le contestó: “¡son las 2 y pico!”. Inmediatamente sintió la mirada incrédula de todo el supermercado y no entendía el por qué. “¡Ahora trato de conocer bien las expresiones chilenas para no pasar por una situación igual!”, se divierte.

La gente chilena
Pero si por un lado en el período de adaptación han pasado por situaciones curiosas, chistosas, o incluso difíciles, todas coinciden que la ayuda de la gente chilena fue fundamental. “Los chilenos son muy amorosos, y siempre me han ayudado”, dice la brasileña Joana. Opinión similar tiene Joanne quien, al decidir abrir su empresa, recibió gran apoyo de sus amigos chilenos. “La gente acá da y ayuda sin pedir nada”, dice. Ella siente que los chilenos son amables con ella por ser europea, pero reconoce que a veces le da lata que siempre la miren en la calle y le hagan las mismas preguntas, “¿de dónde eres?, ¿hace cuánto estás acá?”, entre otras.

Jane encuentra a los chilenos muy abiertos con los extranjeros. “Acá no son ‘anti-gringos’, se muestran interesados y me hacen preguntas sobre cosas de mi país”. Ella también cree que, por ser extranjera, no está sujeta a las mismas reglas que los chilenos. La mayor prueba es su último negocio. “Empecé con una empresa de juguetes sexuales y nadie me ha cuestionado ni juzgado”, cuenta.

Pero cuando el tema son las mujeres, las opiniones cambian un poco. Aunque todas tengan buenas amigas chilenas, creen que las mujeres son muy distintas de las de sus países, especialmente en cuanto a los códigos de amistad. “Acá, las chicas tienen las amigas del colegio, de la universidad, del trabajo, y son grupos separados y que no se mezclan”, dice Jane. “Es muy difícil llegar y entrar en un grupo así, y por eso para mí fue más fácil hacer amistades con hombres chilenos”, completa. Joanne es más enfática al afirmar que la chilena es celosa e insegura. “Acá no existe el concepto de amistad entre hombre y mujer, siempre se piensa que se quiere algo más”, dice. Joana cree que la diferencia entre las chilenas y las brasileñas (especialmente las de São Paulo, su ciudad) está en la manera en que son criadas. A ella le parece que acá todavía es muy fuerte la idea de que las chicas tienen que casarse bien y tener hijos antes de los 30 años, y el hecho de que hay muchos colegios sólo de niñas podría influenciar en estas características.

La vida en Chile y la lejanía
Después de tantos años viviendo en Santiago, es un hecho que a todas les gusta la ciudad y la vida que llevan. Si por un lado echan de menos a la familia y a los amigos, por otra parte creen que acá tienen posibilidades que a lo mejor no tendrían en la ciudad donde antes vivían. Algunas veces eso tiene que ver con las posibilidades de crecimiento profesional. Milena, por ejemplo, dice que en Santiago tiene la posibilidad de estudiar, de hacer cursos, cosa que no tendría viviendo en una ciudad chica. Y el progreso material que ha logrado viviendo en Santiago le posibilitará ahorrar plata para cumplir algunos de sus proyectos de vida: hacer un centro de yoga en Argentina, viajar, conocer India.

Joanne también menciona su empresa como la cosa más importante que logró construir en Chile, algo que no podría tener en cualquier otra parte. La informalidad que hay para relacionarse con la gente le sorprende, y sólo por las recomendaciones que sus alumnos dan a otras personas, ella logró conocer mucha gente y conquistar aún más alumnos. “En Escocia todo es mucho más formal, eres prácticamente un anónimo; aquí, en cambio, uno va difundiendo la noticia entre los amigos, y sólo con eso ya pude tener éxito”.

A Jane le gusta su estilo de vida. Opuestamente a muchos santiaguinos, ella cree que su vida es tranquila, y encuentra Santiago una ciudad barata, donde no hace falta ser rico para hacer cosas buenas y entretenidas, además de ser fácil llegar a cualquier parte.

Joana tiene dos especiales razones para adorar vivir en Chile: su novio y su primer hijo. Pero también hay muchas otras cosas que le encantan. “Chile es un país pequeño, y eso da la sensación de que hay mucho por conocer. Brasil es un país tremendamente grande y todo es muy distante. Acá uno está cerca de todo lo que quiere hacer”. También le gusta la sensación de ciudad pequeña que Santiago le da. “Para una persona que creció en São Paulo es muy fácil vivir en Santiago, que es una ciudad grande pero a la vez pequeña y tranquila comparada con mi ciudad”. Para finalizar, nombra algunas otras cosas, como el vino, el aceite de oliva, la naturaleza, las cuatro estaciones bien marcadas. “Chile es un país lindo”, resume.

Pero por más que haya tantas cosas que les encantan en Chile, obviamente echan de menos a otras que sólo hay en los lugares donde se criaron. A Milena, cuyo país natal es maestro en la fabricación de helados, le falta algo muy específico: helados artesanales a domicilio. Pero también echa de menos la tranquilidad de su ciudad. Sin embargo, compensa esa añoranza siguiendo con algunas típicas tradiciones argentinas. No deja de tomar su buen mate amargo, va a asados con amigos y, claro, ve los partidos de fútbol.

Joanne echa de menos poder llegar al campo en 5 minutos, cosa que en Escocia es perfectamente posible. “Aunque de Santiago se puede ir a la playa o al campo en poco tiempo, en Escocia realmente en 5 minutos ya estás en el campo”. Con sus amigos escoceses que también viven acá, va al “St. Andrew’s Night” en el Country Club todos los años, y cocina platos indios (muy populares en Escocia) siempre que puede.
A Jane le hace falta ver la diversidad de personas que hay en Saint Louis. “Extraño a ver gente de todo tipo y todo el mundo en la calle, negros, asiáticos, etcétera. Acá en Santiago hay puros chilenos y pocos extranjeros. Pero eso está cambiando, cada vez más extranjeros vienen a vivir acá”, dice. Y como buena estadounidense, siempre conmemora Halloween y el Día de Acción de Gracias con sus amigos.

La vida cultural de su ciudad, y la gran oferta de exposiciones, recitales, películas en cartelera es lo que la brasileña Joana más añora en relación a São Paulo. Y completa: “también extraño ser reconocible, tengo la sensación de que acá soy una anónima, nadie conoce mi historia, el colegio donde estudié, por ejemplo”. De Brasil, echa de menos las playas y la comida. Pero para compensar, siempre que puede prepara la “farofa”, guarnición típica de Brasil a base de harina de yuca.

Grandes cambios
Al entrar en contacto con otras culturas, otras personas, uno se da cuenta de su propia identidad. Así es que, entre tantas experiencias, vivir en otro país siempre es una forma de madurar y conocerse a sí mismo. Los cambios son inevitables, y en diversos aspectos. Joana dice que acá en Chile se volvió adulta. “Llegué con 21 años, era prácticamente una adolescente. En Chile me volví adulta y eso marca mucho”. Un gran cambio también dice haber pasado Milena. “Ahora tengo una percepción distinta de las personas, situaciones y problemas. Pero eso fue mucho más por el yoga, aunque en parte por Chile, porque vivir en una ciudad como Santiago me permitió experimentar ese cambio”. Joanne afirma que actualmente tiene mucho más tolerancia y paciencia, resultado de un proceso de tener que entender otra realidad – el idioma, la burocracia, la frustración –, y no desesperarse.

Pero no todos los cambios son totalmente positivos… “¡Antes era puntual y ahora no!” cuenta Jane, con una expresión divertida. Y para ella, que es de una familia muy responsable en cuanto a horarios y compromisos, eso es casi conflictivo. “Mis amigos cuando vienen a visitarme no entienden el por qué de tanta impuntualidad. Tengo la sensación de que todo es más lento, menos eficiente”.

Volver o no volver
Después de tantos años viviendo en Chile, es inevitable preguntar si tienen ganas de volver a sus países. Y ahí encontramos respuestas de lo más distintas.

“Depende de cuándo. Ahora voy muy bien con mi vida y mi trabajo”, dice Jane, quien después de razonar mucho, afirma: “La respuesta final es sí, pero estoy muy feliz acá”.

Joanne no quiere volver a Escocia. Le gusta el clima chileno, las cuatro estaciones bien marcadas. Tiene su instituto de inglés, cosa que nunca podría tener en Escocia y le encanta la vida que lleva acá.

Joana dice que tiene ganas de poder ir 10 veces al año a Brasil, o estar por 3 meses allá y 3 acá. “Estoy construyendo mi vida para eso”, dice, pero no piensa en volver a vivir en su país. “Adoro mi trabajo, y especialmente ahora que voy a tener un hijo chileno no pienso en salir de acá, Chile es un país muy bueno para criar un niño”.

Milena cree que todo es una cuestión de cómo uno entiende los límites y fronteras. “Vivo el presente y lo que surja para mí. Si tengo la oportunidad de vivir en India, me quedo allá. Se me invitan a ir a Australia, también. Con mi familia nos arreglamos, somos medio nómades”, a pesar de reconocer que le gusta tener un lugar fijo para poder volver cada cierto tiempo. “Las cosas pasan porque tienen que pasar, y lo mejor es entenderlas y dejar que fluyan”.

Así es que, entre cosas buenas y malas, siempre se aprende, se experimenta lo nuevo, se encuentra gente igual y diferente. Y conversar con esas mujeres, aparte de haberme enseñado muchas cosas para mi vida de extranjera en Chile, me hace concluir que simplemente no existen países ni ciudades ideales. Existen los lugares que elegimos para vivir.
Extranj-1

(1) Joana Rochadel, brasileña, 28 años, trabaja en la Productora Parox y es productora de comunicaciones del Sanfic. Vive en Santiago hace 5 años y medio.
¿Qué encargas siempre cuando alguien va a tu país?
Harina de yuca para preparar la farofa, “Sonho de Valsa” (candy de chocolate), ropas, biquinis, Havaianas.
¿Qué cambiarias de Santiago,
si pudieses?
La contaminación. También haría que las personas fumaran menos.
(foto: Maria José Matte)

(2) Joanne Grant, escocesa, 35 años, empresaria y profesora de inglés. Vive en Santiago hace 9 años.
¿Qué encargas siempre cuando alguien va a tu país?
Especias indias y un buen whisky.
¿Qué cambiarias de Santiago,
si pudieses?
La burocracia y la falta de eficiencia en algunas cosas.
(foto: Claudio Guerra)

(3)Jane Morgan, estadounidense, 29 años, dueña de JapiJane y administradora de Libélula Producciones. Vive en Santiago hace 5 años y 9 meses.
¿Qué encargas siempre cuando alguien va a tu país?
Salsa Dressing para ensaladas.
¿Qué cambiarias de
Santiago, si pudieses?
El smog.
(foto: Claudio Guerra)

(4) Milena Maydana, argentina,
29 años, instructora de yoga.
Vive en Santiago hace 8 años.
¿Qué encargas siempre cuando alguien va a tu país?
Paquetes milanesa de soya para preparar y golosinas argentinas (“rodesias”, “titas”, alfajores).
¿Qué cambiarias en Santiago,
si pudieses?
El ritmo muy acelerado de la ciudad.
(foto: Claudio Guerra)

7 COMENTARIOS

  1. Que interesante el reportaje, es heavy como los extranjeros empiezan a cachar altiro cosas que nosotros no decimos, como que la mujer chilena es insegura (toda la razon, creeo yo). Tambien fue todo un wake up call que a la gente le de dolor de cabeza llegar a Santiago, tenemos que hacer algo con el smog!

  2. buenisimo el reportaje, japijane tiene cara de chilena, cuando la escuchaba en la radio me imaginaba una mujer con cara de gringuisima

  3. Este post me pilla justo: acabo de aterrizar en LA. Aunque llevo poquito tiempo, menos de un mes (y entremedio me escapé a NY), hay cosas que se captan al tiro. Me vengo a quedar por un buen rato, así que miraré la cosa desde el otro lado. Hace unos años me fui a vivir 6 meses a otra ciudad y lo primero que eché de menos fue la cordillera. Acá igual. Es tan fácil ubicarse en Santiago con esos tremendos cerros. Acá parece que me voy a tener que comprar una brújula…

  4. Te felicito por el reportaje. Es muy entretenido! como que siempre me interesa saber que opinan los extranjeros de Chile, porque en general no lo conocen mucho, y aqui 4 puntos de vista, muy bueno!
    A mi me gusta el ritmo acelerado de Santiago =P soy muy urbana ajja

  5. Las escocesa de edimburgo esta puro hueveando en Santiago. Yo soy de Santiago y vivo mas de treinta lunas en Edimburgo y “Chucha” que me gusta el Whisky. Aqui en esta cuidad si que se disfruta la belleza. Curioso yo enseno espanol y estoy a cargo de un centro lingustico en un conocido College de Edimburgh.

    ” When the summer time will come and the trees are sweetly bloomy and the wild mountain thyne all around the blooming heather will ye go lazzie go….”

Dejar una respuesta