El que vino y no toma vino…

89

Vinopor Ana Paula do Brasil
El vino ha estado presente en mi vida desde temprano. Me acuerdo cuando mi abuelo lo mezclaba con agua y azúcar o con Guaraná, para que yo también pudiera disfrutar de los placeres casi exclusivos de los adultos. En mi época de adolescente me encantaba tomar vino blanco, suave y liviano, o los espumantes que más bien se parecían a bebidas dulces. Pero con el tiempo descubrí los encantos del vino tinto y lo que antes yo encontraba seco y fuerte de a poco fue seduciendo a mi paladar. Sorprendentemente, empecé a reconocer los improbables aromas de chocolate, vainilla y ciruela que venían descritos en las etiquetas de las botellas y que yo pensaba que eran puras voladas de los especialistas.

Coincidentemente o no, los vientos latinoamericanos me trajeron a este país frío y seco en cuyas tierras nacieron mis dos grandes pasiones, una de ellas el vino. Fui recorriendo los fértiles valles de Chile y tras visitar algunas viñas me enamoré más aún de esa bebida. Me bastó conocer un poco más acerca de su proceso de producción para que descubriera la poesía que hay detrás de un trabajo que mezcla tradición y modernidad, la mano del hombre y la fuerza de la naturaleza.

Cuando aún vivía en la casa de mis padres, me encantaba saborear una copa de vino mientras cocinaba la cena junto a mi mama, y acá sigo con la tradición. Aunque no tenga ganas de cocinar, basta servirme de una sola copa para que la preparación de la comida se vuelva un ritual placentero.

Ya sea en una cena especial o en la once, acompañando una carne con especias o un simple pastel de choclo, no hay nada como un buen vinito (o “vinocito”, como insisto en pronunciar) para enriquecer el sabor de los alimentos. Y creo que es justo eso lo que más me fascina en el vino, el poder que tiene de transformar un momento, por más sencillo que sea, en un instante especial.

COMPARTIR
Artículo anteriorBeemamá
Artículo siguienteROMANCE en Galería Animal

17 COMENTARIOS

  1. Que lindo escribes Ana Paula eres muy literaria para contar las cosas.

    Con el vino nunca he logrado relacionarme bien, he llegado hasta el blanco y los espumosos (leáse manquehuito). Mi relacion con él no tiene nada de poético como en tu caso. Pero sin embargo siempre he querido aprender a apreciar su sabor, combinarlo con otras texturas gastronómicas como lo hacen los expertos. Ojalá algún día le tome el gustito, y ojalá no me combierta en borracha , ajajajaj.

  2. La verdad es que lo mio son los blancos muy a mi pesar, al igual que Lila, no me relaciono bien con los tintos pero si soy conocedora del proceso de produccion y lameneto demasiado no poder disfrutar de su sabor tanto como de lo casi mágico de su elaboracion. Pero lo seguiré intentando…

  3. alcoholica de mierda xDDD !!

    jusjusjs

    igual yo derrepente me mando una pelota de vino , u su cartonsito, nunca esta de mas,

    juajua

    saludos perrita

  4. No hay como el vino tinto. Es tan compañero!, jaja,. En mi caso, también esta predilección creo que esta guiada por el color, los tonos del vino tinto en todas sus cepas, son super seductores visualmente. También me inicié a temprana edad en esta degustación. A veces, mi hora de once, se compone de una copita de vino y unas tostaditas con un rico paté… Salud!

  5. el santa ema es como el comodín, siempre es rico.
    yo amo el buen vino, con una comida rica y una conversación entretenida, siempre es un agrado!

  6. yo no me sumo a los amantes del vino, ni tinto ni blanco, pero es un muy lindo post! ana paula, tu español es sorprendente… escribes mucho mejor que algunos hablantes nativos…
    dulce tu relato. felicitaciones!

    bonito eso de que en chile nacieron dos de tus grandes pasiones

  7. Yo que no soy muy amante de la cerveza ni de los tragos de fantasía, fui feliz cuando descubrí el buen vino….más allá de los nombrados, recomiendo los Doña Dominga…
    Nada mejor que una copa grande, el vino servido y una moviendo dicha copa mientras conversa…lo desexy de lo sexy

Dejar una respuesta