
Por Mallory Knox
Por esas cosas inesperadas de la vida me tocó viajar a gringolandia. A Saint Louis, Missouri para ser exacta. Tenía que ir a hacer unas entrevistas para una investigación que estoy haciendo, pero ese no es el punto sino: Gringolandia y los gringos.
Por esas casualidades una amiga también anduvo por allá (pero su viaje era por otros asuntos) y otra vive allá hace dos años. En resumen, me ha tocado hacer un análisis detallado en estas últimas semanas y compartiendo con ellas todo lo que vi, que no deja de ser extraño y alucinante. Extraño porque los gringos son raros, es una especie envidiable en algunas cosas y criticable por otras (todos sabemos porqué). Alucinante, porque al estar en el país del tío Sam vi las típicas casitas de patios perfectos con dos puertas, sin rejas con la casita-buzón para dejar las cartas, y también vi esos rifles en los supermercados de los que hablaba Michael Moore, y a esos gordos y gordas tremendas que muestran cada vez que se habla de tasas de obesidad.
Era como estar dentro de todas esas películas gringas que he visto. Las calles perfectas, las tiendas llenas de cosas que encendían mi instinto de compradora compulsiva, teniendo que reprimir esa fuerza que me decía “compra, compra” para no llegar con deudas hasta el cuello.
Entendí también por qué son tan gordos, es que no caminan. Todos andan en auto, todo está hecho para que sólo uno se baje del auto a comprar, mi amiga que vive allá, me contó que existe una ciudad donde simplemente no hay veredas, la gente no camina en las calles y no se bajan de sus autos, por eso existen los gordos más gordos, sumado a toda esa comida chatarra que invade en todos los lugares, la bebida más chica es la más grande de acá, y así un montón de cosas impresionantes.
La verdad, nunca pensé en viajar allá, no era un país que llamara mi atención, aunque alomejor sí pero de muy mala manera y estando ahí, aparte de todas estas cosas, valoré lo amable que es la gente, todos felices en sus trabajos, te atienden bien, no vi esas caras amargadas del 70% de los chilenos, eso más su eficiencia laboral, (envidiable), su tecnología a años luz y un montón de cosas más que me arreglaron un poco la imagen de ese país odiado, pero igual no viviría en Gringolandia.